"(...) ¿quién fue responsable de la crisis que se inició en 2007 y que, siete
años más tarde, aún da coletazos y amenaza la estabilidad de la Unión
Europea y el bienestar de sus ciudadanos?
El problema tiene
connotaciones morales y jurídicas, pero a mi modo de ver las tiene sobre
todo políticas, porque si no se deslindan claramente las
responsabilidades es muy probable que, como ocurre muy frecuentemente,
sufran las consecuencias de la crisis los que no tuvieron ninguna parte
en su gestación y los verdaderos culpables eludan su responsabilidad y
salgan indemnes. (...)
En España los organismos de supervisión más importantes son el Banco
de España para los bancos y la Comisión Nacional del Mercado de Valores
(CNMV) para la Bolsa.
Y esto nos devuelve a la cuestión original. Bankia salió a Bolsa, es
decir, entró en el mercado de capitales para vender sus acciones.
Pronto
se advirtió que esas acciones se habían vendido por un precio muy
superior a su valor real y que, a pesar de ello, el capital recabado no
bastaba para equilibrar las cuentas de la entidad: el agujero que había
dejado Miguel Blesa, el anterior presidente, era demasiado grande.
Ante
esta situación, Rato dimitió en mayo de 2012. Los compradores de
acciones de Bankia, entretanto, se habían visto defraudados: compraron
por casi 4 euros unos títulos que apenas valían nada. Por lo tanto,
nunca se hubiera debido permitir a Bankia acudir a Bolsa.
¿Quiénes son los responsables de tal desaguisado con ribetes de
estafa? Varios: Blesa, por haber dejado en quiebra virtual, merced a una
serie de prácticas irregulares de las que cada día surgen nuevos
detalles, una de las mayores cajas del país, y la más antigua, que
recibió en buen estado en 1996 (Bankia es el resultado de la fusión en
2011 de siete cajas, de las que Caja Madrid era con mucho la mayor y más
importante). Rato, por haber cometido serios errores en la fusión que
dio lugar a Bankia, y por salir a Bolsa en condiciones engañosas.
Ahora
bien, como alega Rato, por encima de él y de Blesa estaba el Banco de
España, que debía conocer, y de hecho, conocía, la situación de Bankia
y, por lo tanto, que la fusión de cajas era un fiasco y la salida a
Bolsa, como poco, una temeridad. Y parecida responsabilidad cabe a la
CNMV, cuya principal misión es asegurar la veracidad y solvencia de las
emisiones de títulos en el mercado de valores.
Pero aun por encima del Banco y la CNMV estaban los gobiernos socialista
y popular (la salida a Bolsa casi coincidió con la transición de uno a
otro), el primero de los cuales había nombrado de manera bastante
discutible al gobernador del Banco, M. A. Fernández Ordóñez, y de la
CNMV, J. Segura (aunque este estaba de baja a la salida a Bolsa),
mientras que el Gobierno popular de hecho había nombrado a Rato y a
Blesa (este cuando Aznar) y favorecido la salida a Bolsa pensando que
así se resolverían los problemas de la entidad. (...)
En este caso, como en tantos otros, se ha subvertido la función y se ha
coartado la independencia de los supervisores: las consecuencias están a
la vista. Generalizando, tanto en España como en Estados Unidos, los
supervisores fallaron y fueron los principales responsables de la
crisis.
Los políticos fueron corresponsables por haber interferido en la
labor de los supervisores. Los banqueros fueron responsables por sus
acciones temerarias e incompetentes, cuando no delictivas. Y quien ha
pagado el pato, con mayores impuestos, menores salarios, escandaloso
desempleo, y en su caso, al ser víctimas directas de fraude, son los
inocentes ciudadanos. Nada nuevo bajo el sol." (Gabriel Tortella, El Mundo, 15/01/2015)
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