"Cuando
la crisis del euro comenzó hace media década, los economistas
keynesianos predijeron que la austeridad que se imponía a Grecia y a los
demás países en crisis sería un fracaso.
Predijeron que la austeridad
ahogaría el crecimiento y aumentaría el desempleo – y que incluso
fracasaría en su propósito de reducir la relación deuda–PIB. (...)
En
su gran mayoría, Grecia siguió las medidas dictadas por la “troika” (la
Comisión Europea, el BCE y el FMI): convirtió un déficit presupuestario
primario en un superávit primario. Sin embargo y de manera previsible
la contracción del gasto público ha sido devastadora: 25% de desempleo,
una caída del 22% en el PIB desde el año 2009, y un aumento del 35% en
la relación deuda–PIB.
Y ahora, con la abrumadora victoria en las
elecciones de Syriza, el partido anti-austeridad, los votantes griegos
han declarado que se hartaron de la situación.
Entonces, ¿qué se debe hacer? En primer lugar, seamos claros: se podría
culpar a Grecia por sus problemas si sería el único país donde la
medicina de la troika hubiese sido un completo y triste fracaso.
Sin
embargo, España tenía un superávit y un ratio bajo de deuda antes de la
crisis, y este país, también, se encuentra en una depresión. No es tan
necesaria una reforma estructural dentro de Grecia y España, en
comparación con lo necesaria que sí es una reforma estructural en el
diseño de la eurozona y un replanteamiento de los fundamentos de los
marcos de políticas que han llevado al desempeño espectacularmente malo
de la unión monetaria. (...)
Grecia
también nos ha recordado una vez más la magnitud de la necesidad que
tiene el mundo en cuanto a contar con un marco de reestructuración de la
deuda.(...)
Al
fin de cuentas, esas deudas son contratos – es decir, son acuerdos
voluntarios – así que los acreedores son tan responsables de dichas
deudas como lo son los deudores. De hecho, podría decirse que los
acreedores son aún más responsables: por lo general, estos acreedores
son instituciones financieras sofisticadas, mientras que los
prestatarios con frecuencia están en mucha menor sintonía con las
vicisitudes del mercado y los riesgos asociados a los diferentes
acuerdos contractuales. (...)
A
nivel internacional, todavía no hemos creado un proceso ordenado para
otorgar a los países un nuevo comienzo. (...)
La
idea de restablecer las prisiones de deudores puede parecer
descabellada, pero va en sintonía con las actuales ideas sobre riesgo
moral y responsabilidad. (...)
¿Alguien
en su sano juicio cree que algún país estaría dispuesto a atravesar
voluntariamente lo que Grecia ha tenido que atravesar, sólo con el
objetivo de conseguir ventajas de sus acreedores? Si existiese un
riesgo moral, dicho riesgo estaría relacionado a los prestamistas –
sobre todo a aquellos en el sector privado – quienes han sido rescatados
en repetidas ocasiones.
Si Europa ha permitido que estas deudas se
desplacen desde el sector privado al sector público – un patrón bien
establecido durante el último medio siglo – es Europa, no Grecia, la
que debe soportar las consecuencias. (...)
Por
lo tanto, lo que es “inmoral” no es la reestructuración de la deuda,
sino la ausencia de dicha reestructuración. (...)
Lo que hace que los problemas de Grecia sean más difícil de abordar es
la estructura de la eurozona: la unión monetaria implica que los Estados
miembros no pueden devaluar su moneda con el objetivo de salir de sus
problemas; sin embargo, el mínimo de solidaridad europea que debe
acompañar a esta pérdida de flexibilidad en cuanto a la aplicación de
políticas simplemente no está presente. (...)
Hace
setenta años, al final de la Segunda Mundial, los Aliados reconocieron
que ellos debían brindar un nuevo comienzo a Alemania. Entendieron que
el ascenso de Hitler tuvo mucho que ver con el desempleo (no con la
inflación) que sobrevino a consecuencia de que a finales de la Primera
Guerra Mundial se impuso más deuda sobre los hombros de Alemania.
Los
Aliados no tomaron en cuenta la estupidez asociada a la acumulación de
dichas deudas, ni tampoco hablaron sobre los costos que Alemania había
impuesto sobre los hombros de los demás. (...)
Cuando
las empresas entran en quiebra, un canje de deuda por acciones es una
solución justa y eficiente. (...)
Si Europa le dice no a la demanda de los votantes griegos en cuanto a
un cambio de rumbo, está diciendo que la democracia no es de
importancia, al menos cuando se trata de asuntos económicos.(...)"
(Joseph Stiglitz,
Tomado de Project Syndicate, en Jaque al neoliberalismo, 05/02/2015)
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