"Paquita tiene 86 años y es murciana. Vive sola en una
pequeña casa de un popular barrio madrileño "desde hace mucho tiempo".
No recuerda exactamente cuánto. A la capital se trasladó para trabajar
en un hospital militar junto a otras dos mujeres de la familia.
Ella es
una de las más de un millón y medio de personas mayores de 65 años que
viven solas en España, según calcula la Fundación Amigos de los Mayores, y contra las que la crisis económica y las políticas de austeridad han impactado con mayor dureza.
Los recortes en servicios sociales y en el sistema de atención a la
dependencia, la congelación de las pensiones y el copago farmacéutico
deterioran el bienestar de los mayores y, en mayor medida, el de
aquellos que no cuentan con apoyo familiar. De quienes viven solos y se
enfrentan cada día al riesgo de exclusión. (...)
"La crisis me ha afectado, claro que sí", sostiene
desalentada Paquita, que se rompió el brazo hace año y medio. Se
desenvuelve con cierto grado de autonomía, pero hay cosas que no puede
hacer por sí misma. Por ello cuenta con un servicio de ayuda y comida a
domicilio y teleasistencia; prestaciones que actualmente, y por la
crisis, exigen el copago del beneficiario.
"Antes no pagaba nada por la
teleasistencia, ahora pago seis euros al mes, más 40 de la ayuda a
domicilio y 5,29 diarios de la comida", enumera enfadada. Las cuentas no
le cuadran.
Este tipo de servicios permiten que la
persona mayor pueda continuar viviendo en su casa habitual y consiguen
satisfacer sus necesidades asociadas a la edad sin desvincularse de su
entorno. Álvaro Crespo, responsable del programa de Acompañamiento a
Mayores de la ONG Solidarios para el Desarrollo,
considera que estos recursos evitan su institucionalización, es decir,
que tenga que acudir a una residencia.
"Si el mayor no tuviera a nadie
que le ayudara con las tareas básicas como la comida y la limpieza, o no
contase con la seguridad que da la teleasistencia, tendría más
posibilidades de tener recurrir a ello", señala. (...)
La dependencia, por su parte, sufre una situación de colapso
que ha provocado la pérdida de más de 47.000 dependientes solo en 2014.
Las restricciones del gasto se unen ahora a una nueva preocupación: la reforma de la Administración Local, que según los trabajadores sociales puede provocar la desaparición o reducción drástica de los servicios municipales. (...)
Hay que tener en cuenta que la mayoría de las pensiones
se sitúan en los tramos inferiores, según datos del Instituto Nacional
de la Seguridad Social. En 2013, el 50,67% de los pensionistas no
llegaba a cobrar 650 euros.
Las personas mayores que
viven y se sienten solas carecen de las redes sociales y afectivas para
hacer frente a determinadas situaciones, por lo que la falta de
condiciones materiales óptimas las sitúa en una posición de gran
vulnerabilidad. Crespo establece un vínculo que se retroalimenta, y lo
explica así:
"Por un lado, cuando las necesidades materiales no están
satisfechas, el mayor tiene más dificultad a la hora de establecer lazos
sociales; y por otro, cuando existe soledad, el mayor puede dejar de
lado la satisfacción de estas necesidades y no preocuparse por comer o
tomar las medicinas que debe". De ahí la importancia de los recursos
públicos a la hora de abordar esta problemática. (...)
Para paliar situaciones de exclusión y soledad,
Solidarios para el Desarrollo cuenta con programas de acompañamiento que
consisten en la visita periódica por parte de una persona voluntaria a
un mayor. A Paquita y su vecina Iluminada las visitan dos chicas un día a
la semana un par de horas, durante las cuales comparten un rato de
conversación.
"Estoy encantada con Lidia, la
voluntaria, es muy maja y la quiero mucho. Muchas veces a las 21.00 le
tengo que decir que se vaya, porque es muy tarde, pero ella está en la
gloria aquí porque viene cansada de trabajar", comenta Paquita. Y es que
estos momentos fortalecen las habilidades y mantienen activos a los
mayores, que se han visto relegados por la sociedad.
Iluminada, que tiene 79 años, decidió también contar con la visita de
una persona voluntaria porque "me caí, me rompí el húmero y me ha
quedado muy mal el brazo". Ambas mujeres, que suelen visitarse todos los
días, tienen miedo a salir a la calle, por eso necesitan a una persona
que las acompañe. (...)" (Marta González Borraz
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