"¿No te han contado nunca el chiste del burro? Que lo tenían sin comer,
sin comer, sin comer, no le daban de comer y dice su dueña ¡Vaya por dios! Ahora que se estaba acostumbrado a no comer, va y se muere. Así nos pasará a nosotros también”.
El chiste del burro está recogido en una de las partes del II informe sobre Desigualdad, Pobreza y Exclusión Social elaborado
por la cátedra CIPARAIIS de la Universidad Pública de Navarra (UPNA),
en concreto el dedicado al prolongado impacto de la crisis en la
población más vulnerable, y se hace eco de las vivencias de 52 personas, de sus críticas, estereotipos, creencias y realidades. (...)
Así, el informe precisamente refleja la vivencia de
estas personas y cómo, ante una situación de vulnerabilidad, se sienten
“en la cuerda floja” y en una lucha diaria por sobrevivir. Y de ahí la
sensación de temor, inseguridad y desequilibrio. Y, a menudo, los
problemas se acumulan: el trabajo, la vivienda, la alimentación, la
salud o la pérdida del ocio.
Es lo que el propio Laparra destacó como el
“círculo de la escasez”, que consiste en que una persona vulnerable
sufre las consecuencias de diversos factores que, por así decirlo, se retroalimentan y causan un mayor efecto.
El desempleo o la precariedad laboral, la pérdida de poder adquisitivo,
menos descanso y peor alimentación, sedentarismo, la saturación de los
servicios de apoyo…
La falta de empleo es una de las
claves, porque la búsqueda sin efecto también genera resignación o la
sensación de que se acarrea con un estigma de vagancia. Y, por ello,
para evitarlo también se acaba aceptando “lo que sea”, según explican
numerosos testimonios del informe.
De elegir el empleo se pasa a
aceptarlo en cualquier condición. Sin contrato y con sueldos mínimos,
algo que a menudo ocurre menos con una mayor formación, de ahí que
retomar la educación se vea con esperanza, pero en ocasiones también
como una expectativa frustrada, que no logra el objetivo buscado.
Estos extremos evidencian la variedad de los casos recogidos en el
estudio. La necesidad provoca, (...) que haya personas que tengan que elegir entre comer o pagar las facturas
(de ahí que la vivienda, a la que se destina la mayor parte del gasto,
esté asociada a impagos de las facturas de la luz, agua, calefacción o
comunidad de vecinos, y eso también puede generar problemas de
habitabilidad), que busquen la comida más barata o que recurran a comida
desechada en los contenedores:
“Ahí comes lo que puedes pillar y ya
está. Y hay dos o tres días que tienes que comer siempre lo mismo (…). Y
no hay más. Y los críos bastante hacen. Y piensan ¿Otra vez chorizo?
¿Otra vez chorizo? Ya sabes cómo son los críos”.
Muchas de estas personas relatan, por ejemplo, las ocasiones en las que
los menores a cargo no pueden almorzar o desayunar, una situación
también denunciada por colectivos sociales y proyectos como Gosariak pero sobre la que el Gobierno Foral siempre ha insistido en que no le constan casos,
al menos como para justificar la apertura de los comedores escolares
durante el verano.
El informe también denuncia los problemas de vestido y
de calzado, a pesar de que los progenitores tienen a priorizar a sus
hijos e hijas al invertir sus recursos. (...)
Otra consecuencia de esta situación, que a menudo no se
destaca, es cómo la necesidad afecta a la salud, tanto la mental (por la
ansiedad o la depresión) como la física, ya que, según recalca esta
investigación, también se tiende a recurrir a “desempeños laborales
precarios”.
Además, hay casos de consumo de sustancias, y otros que
afrontan dificultades para hacer frente a los costes sanitarios y, por
ello, renuncian a todo aquello que no cubre la Seguridad Social. Por ejemplo, el dentista.
Y, por supuesto, otra cuestión de la que se prescinde es el ocio, algo
que, según explica Lasheras, antes era limitado y, ahora, inexistente.
Y, sin embargo, según detalla el texto del investigador, se trata de un
factor importante porque, por ejemplo, limita los contactos con el
entorno cercano.
Eso a pesar de que la familia es el principal recurso
(los llamados apoyos informales) del que se tira, antes que un sistema
de protección social que, según concluye el estudio, “no ha resuelto el
enorme crecimiento de las carencias”.
Porque se han reducido y porque ha
aumentado la fractura social y dejando la cohesión en un segundo plano;
y Lasheras manda un aviso para navegantes: que la anunciada salida de la crisis no logrará acabar con estas dificultades, ni con una estructura desigual y una pobreza que “se hereda”. (Garikoitz Montañés
, eldiario.es, 04/04/2015)
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