9.4.15

El ‘círculo de la escasez’: desde no comer a los impagos de facturas o pedir ayuda a la familia

"¿No te han contado nunca el chiste del burro? Que lo tenían sin comer, sin comer, sin comer, no le daban de comer y dice su dueña ¡Vaya por dios! Ahora que se estaba acostumbrado a no comer, va y se muere. Así nos pasará a nosotros también”. 

El chiste del burro está recogido en una de las partes del  II informe sobre Desigualdad, Pobreza y Exclusión Social elaborado por la cátedra CIPARAIIS de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), en concreto el dedicado al prolongado impacto de la crisis en la población más vulnerable, y se hace eco de las vivencias de 52 personas, de sus críticas, estereotipos, creencias y realidades.  (...)

Así, el informe precisamente refleja la vivencia de estas personas y cómo, ante una situación de vulnerabilidad, se sienten “en la cuerda floja” y en una lucha diaria por sobrevivir. Y de ahí la sensación de temor, inseguridad y desequilibrio. Y, a menudo, los problemas se acumulan: el trabajo, la vivienda, la alimentación, la salud o la pérdida del ocio. 

Es lo que el propio Laparra destacó como el “círculo de la escasez”, que consiste en que una persona vulnerable sufre las consecuencias de diversos factores que, por así decirlo, se retroalimentan y causan un mayor efecto. El desempleo o la precariedad laboral, la pérdida de poder adquisitivo, menos descanso y peor alimentación, sedentarismo, la saturación de los servicios de apoyo…

La falta de empleo es una de las claves, porque la búsqueda sin efecto también genera resignación o la sensación de que se acarrea con un estigma de vagancia. Y, por ello, para evitarlo también se acaba aceptando “lo que sea”, según explican numerosos testimonios del informe. 

De elegir el empleo se pasa a aceptarlo en cualquier condición. Sin contrato y con sueldos mínimos, algo que a menudo ocurre menos con una mayor formación, de ahí que retomar la educación se vea con esperanza, pero en ocasiones también como una expectativa frustrada, que no logra el objetivo buscado.

Estos extremos evidencian la variedad de los casos recogidos en el estudio. La necesidad provoca, (...) que haya personas que tengan que elegir entre comer o pagar las facturas (de ahí que la vivienda, a la que se destina la mayor parte del gasto, esté asociada a impagos de las facturas de la luz, agua, calefacción o comunidad de vecinos, y eso también puede generar problemas de habitabilidad), que busquen la comida más barata o que recurran a comida desechada en los contenedores: 

“Ahí comes lo que puedes pillar y ya está. Y hay dos o tres días que tienes que comer siempre lo mismo (…). Y no hay más. Y los críos bastante hacen. Y piensan ¿Otra vez chorizo? ¿Otra vez chorizo? Ya sabes cómo son los críos”.

Muchas de estas personas relatan, por ejemplo, las ocasiones en las que los menores a cargo no pueden almorzar o desayunar, una situación también denunciada por  colectivos sociales y proyectos como Gosariak pero sobre la que el Gobierno Foral siempre ha insistido en que no le constan casos, al menos como para justificar la apertura de los comedores escolares durante el verano.

 El informe también denuncia los problemas de vestido y de calzado, a pesar de que los progenitores tienen a priorizar a sus hijos e hijas al invertir sus recursos.  (...)

Otra consecuencia de esta situación, que a menudo no se destaca, es cómo la necesidad afecta a la salud, tanto la mental (por la ansiedad o la depresión) como la física, ya que, según recalca esta investigación, también se tiende a recurrir a “desempeños laborales precarios”. 

Además, hay casos de consumo de sustancias, y otros que afrontan dificultades para hacer frente a los costes sanitarios y, por ello, renuncian a todo aquello que no cubre la Seguridad Social. Por ejemplo, el dentista.

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