"(...) Una deuda exterior, fundamentalmente de instituciones financieras del
sur, comprometida con bancos privados de Francia, Alemania, Inglaterra,
etc, financiadores interesados de las múltiples burbujas periféricas,
se había deslizado, paso a paso, para acabar siendo deuda
fundamentalmente pública y comprometida con instituciones públicas
europeas u organismos multilaterales.
El problema desde Grecia y España
La naturaleza del problema económico de la deuda griega sigue siendo
el mismo. Como dice Stiglitz lo que ha ocurrido se puede resumir
diciendo que “la UE no esta rescatando a Grecia sino a los bancos
alemanes”. Lo mismo reconoce el FMI. Más, si esa es la esencia económica
del problema, esa realidad se ha ido camuflando durante siete años a
través de múltiples mecanismos.
Lo que ha ocurrido es que los sucesivos planes de rescate griegos han
sido soportados por prestamistas institucionales (un 65% por el
Eurogrupo y el BCE) sustitutos de la banca alemana, mientras los
prestatarios, los que soportan la carga de la deuda, no son ya los
bancos griegos sino los ciudadanos a través de su gobierno.
Y ese doble
cambio tiene sus consecuencias: mientras los bancos han desaparecido de
la primera linea, los gobiernos europeos más conservadores (en realidad,
toda Europa) pueden presentarse como defensores de los intereses de sus
contribuyentes españoles, alemanes, portugueses… mientras acusan al
pueblo griego de todos los despilfarros.
En España, los procesos de socialización de la deuda han tenido el
mismo efecto perturbador. Si en 2008 las empresas y bancos españoles
reconocían una deuda de 600.000 euros, principalmente financiada con
bancos franceses (por 200.000 millones de euros) alemanes (160.000
millones de euros) o estadounidenses (140.000 millones de euros), siete
años más tarde había desaparecido en buena medida de los balances
bancarios.
Si el primer deudor es el gobierno (la deuda pública ha
pasado a significar el 100% del PIB mientras en 2008 estaba en el 39%),
los principales acreedores son ya españoles, ya que los titulos de deuda
están en un 55% renacionalizados.
¿Qué significa esto? Que cualquier renegociación o quita sobre la
deuda pública española agravaría, en primer lugar, la recesión de
balances de los agentes economicos españoles y sus problemas de
solvencia y liquidez.
Y ahí se incluyen desde los propios bancos
españoles (204.000 millones de euros en septiembre de 2014) al Fondo de
Reserva de la SS (52.000 millones de euros) o ahorros particulares
colocados en fondos de inversion y pensiones (100.000 millones de
euros).
De modo que la naturaleza del conflicto político es ya sustancialmente diferente.
La crisis ha acelerado la “solidaridad europea” al tiempo que
convertía en paganos a sus ciudadanos. No hay que minusvalorar lo
primero, como tampoco hay que olvidar que estos tres programas han
conseguido su principal fin: cargar todo el peso del rescate financiero
sobre deudores y contribuyentes.
Lo peor es que ese desvío consciente de
riesgos hacia los ciudadanos fue acompañado de un proceso de
culpabilización social para justificar el empobrecimiento posterior y
unos ajustes de castigo, totalmente ineficaces.
La defensa de los deudores construye Europa
Enfrentarse hoy con el problema de la deuda requiere ser consciente
de estos cambios para evitar el aislamiento y el enfrentamiento entre
naciones. Lo contrario sería suicida.
Las fuerzas realmente progresistas
están obligadas a buscar soluciones para sus países mientras construyen
un relato inteligible para los ciudadanos de toda Europa que, mientras
la fortalece como proyecto eficiente y solidario, hilvane todo lo
ocurrido.
Grecia lo está intentando en medio del fuego cruzado. Lo esencial es
recalcar que el problema de la deuda se sigue agravando en Europa. Nadie
cree que se pueda descender en los próximos 10 años a los limites del
60% establecidos en Maastricht sin una reestructuración profunda de una
deuda pública que, en términos medios, alcanza el 90% del PIB.
Mucho más
cuando países como Italia, Irlanda o Portugal tienen que dedicar entre
el 4,5 y el 5% de su PIB a pagar gastos financieros. Peor aún cuando es
evidente que los tipos de interés no estarán eternamente en los niveles
actuales y pueden repuntar no tardando mucho.
Las soluciones pasan por reconocer el origen privado de la crisis y
seguir reconociendo asimetría en las soluciones institucionales para
favorecer a los países deudores. (...)" (Ignacio Muro Benayas
, eldiario.es, 21/03/2015)
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