"(...) No puede haber la menor duda de que,
durante las negociaciones de los últimos 5 meses, SYRIZA ha hecho todo y lo
mejor posible para elaborar un acuerdo honroso, factible e inteligente. No hay
la menor duda tampoco de que desde 2010 Grecia ha sido un modelo de “reformas”.
Esas “reformas” sólo trajeron miseria a los griegos. Quienes duden de eso o no
estén de acuerdo, no tienen más que consultar el registro histórico. (...)
En lo tocante a problemas que no afectan a su electorado, los
partidos burgueses conservadores jamás cambiarán de curso. Jamás admitirán el
fracaso de sus políticas. No concederán que la austeridad ha sido una receta para
el desastre. Que es, sin embargo, exactamente aquello en lo que ha venido
insistiendo muy correctamente SYRIZA desde el principio.
Dadas esas posiciones
de partida, las “negociaciones” no permitían compromiso alguno. Las
instituciones y el gobierno alemán dirigido por la CDU (democracia cristiana)
tenían que insistir en políticas restrictivas y, luego, en políticas aún más
restrictivas con independencia de los obvios fracasos de esas políticas,
mientras que los objetivos principales de SYRIZA eran poner fin a la austeridad
y dar a la economía griega un impulso positivo.
Durante la última semana de
junio, el Eurogrupo ofreció finalmente un paquete algo mitigado, pero seguía
siendo muy restrictivo (esa oferta ha sido retirada de la mesa luego del
referéndum). Las tuercas se aflojaron un poco tras cinco meses de negociaciones,
pero seguían apretadas y resultaban muy dolorosas.
Ahora SYRIZA ofrece un
paquete que es muy similar a la última oferta hecha por la Troika. Rendición
incondicional se llama a esto en tiempos de guerra. SYRIZA decidió aceptar las
reformas y permitir que siga la austeridad. SYRIZA parece haber aceptado que el
regreso de Grecia al crecimiento es imposible.
La conclusión que se sigue de todas estas
consideraciones es amargamente decepcionante: prueba que es imposible hallar
una vía de salida de la crisis de la unión monetaria europea mientras los
conservadores estén en el poder y mientras la socialdemocracia les apoye. (...)
No parece que la situación económica vaya a mejorar en Europa próximamente. Podemos hablar de alternativas, hacer sugerencias y proponer planes, pero nada de eso servirá de nada mientras no cambien las relaciones de fuerza dentro de los países acreedores.
El cambio
sólo tendrá una oportunidad cuando Francia y España –y posiblemente Italia
también— comiencen a entender el pleno alcance del daño que el liderazgo alemán
ha causado a la unión monetaria y cuando comiencen a oponerse abiertamente a la
política alemana.
Tal como están ahora mismo las cosas, sólo hay partidos
antiausteridad en dos de esos tres países. Son esos partidos los que tienen el
potencial para estar a la altura de desafío de mostrar a Alemania los límites
de su poder situándose explícitamente contra esta Europa y este euro.
Tras el salto atrás del gobierno de
Syriza, es decir, tras el regreso al programa rechazado por el propio pueblo,
algunos países, entre ellos Francia, se han percatado manifiestamente de que ya
no se puede exigir más sin convertir en tragedia la farsa que ha venido
representándose desde hace casi seis meses.
Muy otro es el caso en Alemania. Lo que
Alemania y otros países septentrionales de la línea dura esperan es la
capitulación incondicional de Grecia y, como yo ya sospechaba la semana pasada,
la caída del gobierno griego por la vía de desencadenar una reacción de pánico
en Atenas que desemboque en una salida de la Eurozona. (...)
Si esta noche del 12 de
julio François Hollande –tal vez acompañado de Matteo Renzi— no deja
inequívocamente claro que no va a ser cómplice de la cura alemana radical,
entonces se habrá hecho realidad una Europa que hasta ahora sólo existía en las
pesadillas de los franceses, los italianos y otros pueblos europeos que
tuvieron en el pasado sus peores experiencias con Alemania.
Si se impone Alemania, el
daño que tal actitud nos hará a los alemanes a los ojos del mundo entero será
inconmensurablemente grande. Porque, efectivamente, los ojos del mundo entero
están puestos ahora en Alemania. Si la posición extremadamente pobre
intelectualmente, y totalmente privada de sentido políticamente, se abre paso,
el mundo entero, incluidos los socios europeos, sabrá desde hoy que con un
gobierno alemán de democristianos y socialdemócratas jamás podrán encontrarse
soluciones de política económica racionales.
Pero todavía es más grave el
aislamiento intelectual a que se entrega con esto Alemania. Las personas
racionales de todo el planeta se preguntarán cómo es posible que un país entero
(incluidos el grueso de sus medios de comunicación y de sus académicos) haya
podido librarse a tamaña aventura política locoide. Se volverán a plantear
cuestiones que quedaron muy lejos en el pasado.
Cuestiones que se tenían por
contestadas, pero que exigirán ahora nuevas respuestas, si se ve que 85 años no
bastan para hacer de Alemania un miembro cooperativo y normalmente dialogante
de la comunidad de los pueblos del mundo. "
(O
la total capitulación de Syriza o nada: las mentiras económicamente
populistas de los círculos dominantes europeos y la catastrófica lógica
interna de la crisis de la UE, de
Heiner Flassbeck, en Sin Permiso, 12/07/2015)
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