"Al obligar a Alexis Tsipras a aceptar una humillante derrota, los
acreedores de Grecia han hecho mucho más que provocar un cambio de
régimen en Atenas o poner en peligro sus relaciones con la eurozona.
Destruyeron la eurozona tal y como la conocemos. Demolieron la idea de
una unión monetaria como paso hacia una unión política democrática y
volvieron a las luchas de poderes nacionalistas europeas del s.XIX y
principios del s.XX.
Degradaron la eurozona a un sistema tóxico de tipo
de cambio fijo, con una moneda única compartida y gestionado según los
intereses de Alemania, que se mantiene unido por la amenaza de la
destitución absoluta de aquellos que cuestionan el orden prevaleciente.
Lo mejor que puede extraerse del fin de semana es la brutal honestidad
de aquellos que perpetran este cambio de régimen.
Pero la brutalidad no fue lo único destacable, ni siquiera la
capitulación total de Grecia. El cambio pertinente es que Alemania ha
propuesto formalmente un mecanismo de salida. El sábado, Wolfgang
Schäuble, el ministro de Finanzas, insistió en una salida provisional
-un "tiempo muerto" como lo calificó-.
He escuchado muchas propuestas
dementes en mi vida, y esta es una de ellas. Un estado miembro presionó a
favor de la expulsión de otro. Este fue el verdadero golpe de Estado
del fin de semana: un cambio de régimen en la eurozona.
El hecho de que por el momento se haya evitado un Grexit formal es
irrelevante. El Grexit volverá a estar sobre la mesa tan pronto como se
produzca el más pequeño accidente político, y todavía hay muchas cosas
que podrían ir mal, tanto en Grecia como en otros parlamentos de la
eurozona. Cualquier otro país que en el futuro pudiera desafiar la
ortodoxia económica alemana afrontará problemas similares.
Esto nos devuelve a una versión más tóxica del viejo mecanismo de
tipo de cambio de los años 90 que atrapó a los países en un sistema
gestionado fundamentalmente en beneficio de Alemania, y que llevó a la
salida de la libra inglesa y a la marcha temporal de la lira italiana.
Lo que quedó fue una coalición de países dispuestos a ajustar sus
economías a la de Alemania. Reino Unido tuvo que salir porque no lo
estaba.
¿Qué deberían hacer los griegos ahora? (...)
¿Realmente cabe pensar que un programa de reformas económicas, sobre
el que el Gobierno no tiene mandato político, que ha sido rechazado
explícitamente en un referéndum, y que ha sido impuesto mediante el
chantaje político, pueda funcionar?
Las implicaciones para el resto de la eurozona son como mínimo igual
de inquietantes.
Pronto nos estaremos preguntando si esta nueva
eurozona, en la que los fuertes avasallan a los débiles, puede ser
sostenible. Antes, el argumento más sólido contra las previsiones de una
ruptura era el fuerte compromiso político de todos sus miembros. (...)
Pero si eliminamos la aspiración política, podemos terminar haciendo
un juicio distinto. Desde un punto de vista meramente económico, sabemos
que el euro le ha ido bien a Alemania. En el caso de Holanda y Austria
funcionó moderadamente bien, aunque produjo cierto grado de
inestabilidad financiera en ambos.
Para Italia, ha sido un completo desastre económico. La productividad
prácticamente no ha crecido desde la entrada del euro en 1999. Si se
quiere culpar a la falta de reformas estructurales, entonces hay que
explicar cómo es posible que Italia registrase tasas de crecimiento
aceptables antes de 1999. ¿Podemos garantizar que una mayoría de los
italianos apoyarán la moneda única dentro de tres años?
El euro tampoco ha sido bueno para Finlandia. Aunque el país está
considerado el campeón mundial de las reformas estructurales, su
economía se ha hundido desde que Nokia perdió el puesto de primer
fabricante mundial de teléfonos móviles. Francia ha registrado
resultados relativamente buenos durante los primeros años del euro, pero
también ella gestiona un persistente déficit por cuenta corriente.
Grecia no es el único territorio en el que el euro no es óptimo.
Una vez privada de las ambiciones de una unión política y económica,
la eurozona cambia a un proyecto funcional en el que los estados
miembros sopesarán fríamente los beneficios y los costes, al igual que
Reino Unido evalúa en la actualidad las ventajas y desventajas relativas
de la pertenencia a la UE. En un sistema así, alguien, en algún lugar,
querrá marcharse en algún momento. Y el sólido compromiso político para
salvarlo tampoco existirá ya." ( Wolfgang Munchau / FT, en Expansión, 13/07/2015)
No hay comentarios:
Publicar un comentario