"(...) Tsipras se ha equivocado, jamás debería haber firmado
semejante humillación. No ha sido capaz de jugar las últimas manos en su
larga partida de póker frente a Alemania y su tropa pretoriana, el
resto. Lo que ha firmado Grecia no tiene nada que ver con la economía, ni va a colocar al país heleno en el camino de la recuperación. Se trata de un nuevo Tratado de Versalles.
Si Grecia en el año 1967 registró un golpe de estado que destruyó la
democracia con las armas, ahora se han usado los bancos, con la
participación explícita de Mario Draghi. Sólo Varoufakis
los miraba fijamente a la cara, los trataba como lo que realmente son,
mediocres, lobistas de tomo y lomo.
Y además tenía un plan diseñado para
la fase final de la partida de póker, suficiente para sortear y
acongojar al sistema bancario europeo y occidental. Pero Tsipras se asustó, se rindió, enseño las cartas y se acabó.
Por cierto, Varoufakis detalla -espero que algún día salgan a la luz las grabaciones que hizo de las negociaciones- como los gobiernos de los cuales deberían haber esperado un mayor apoyo, aquellos cuya principal pesadilla son las ingentes cantidades de deuda, se convirtieron en realidad en sus peores enemigos.
Como señala explícitamente, estos gobiernos tendrán que responder algún
día ante sus ciudadanos ¿por qué no negociaron pensando en ellos?, ¿por
qué no apoyaron una solución justa y eficiente económicamente para
Grecia?
¿Cómo es posible que un país como España con una deuda total y
externa superior a la de Grecia, y con una expansión de la deuda
soberana estratosférica, ni siquiera haya sentido la más mínima empatía
por el nuevo gobierno heleno?
La razón es obvia, perderían su poltrona, y es preferible continuar engañando a los ciudadanos, para después reiniciar un nuevo apretón de tuercas.
Pero ahora ya no cuela, la ciudadanía no va a tolerar un nuevo engaño,
por mucha “ley mordaza” que hayan aprobado.
El miedo hace meses que
cambió de bando. La partida será larga, dura. No me resisto a terminar
sin comentar brevemente la más absoluta irrelevancia de nuestro país en
las instituciones europeas. El fracaso de Luis de Guindos, que para mí personalmente era preferible al holandés Jeroem Dijsselbloem, es en realidad el de Rajoy y su incapacidad para entender donde realmente debería buscar a sus aliados, en el Sur de Europa." (Juan Laborda, Vox Populi, 15/07/2015)
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