25.9.15

La expresión política del enfado de la gente con los políticos lleva a la izquierda

"(...) En prácticamente todos los países que han estado gobernados por partidos socialdemócratas, su apoyo electoral y su número de militantes ha descendido de una manera muy marcada. En EEUU un fenómeno semejante también ha ocurrido, tanto en la pérdida de apoyo electoral como en el número de personas que se identifican como miembros del Partido Demócrata. 

En aquel país, EEUU, no existe la militancia tal como se entiende en Europa entre las personas registradas como demócratas, pues la conexión de los dos partidos mayoritarios con la ciudadanía es escasa, limitándose única y casi exclusivamente al ejercicio del voto en las primarias dentro de cada partido.

La expresión política de este enfado

La respuesta varía desde la aparición de nuevos movimientos, como Podemos o las Mareas (entre otros) en España, o la rebeldía de las bases de tales partidos, como está ocurriendo en los partidos anglosajones, tales como en el Partido Laborista británico, el partido socialdemócrata canadiense (Nuevo Partido Democrático – NDP) y el Partido Demócrata en EEUU.

En España es más conocido el caso británico, con el crecimiento tan veloz e inesperado de las posibilidades de victoria del Sr. Jeremy Corbyn (inesperado por el aparato del partido y por el establishment político mediático del país, pero predecible para aquellos que hemos estado analizando la evolución de la Tercera Vía iniciada por Blair y –en contra de lo que se escribe- su fracaso electoral), que ha hecho entrar en pánico a la dirección blairista del Partido Laborista, y sobre el cual he escrito recientemente (“Qué está pasando en el Partido Laborista del Reino Unido”, Público, 25.08.15). 

Valga aquí indicar que sus propuestas económicas (ridiculizadas por los medios del establishment) tienen mucho de sentido común. Sus propuestas, por ejemplo, de que el Banco de Inglaterra ayude al Estado a favorecer las inversiones públicas en vivienda social, energía, transporte y proyectos digitales, han sido vistas con buenos ojos por muchos expertos internacionales, e incluso por el senior editor del Financial Times, el Sr. Martin Wolf (Ellen Brown, “Quantitative Easing for People: Jeremy Corbyn’s Radical Proposal”, CounterPunch, Sept. 3, 2015).

El caso menos conocido en España es el del partido socialdemócrata canadiense, el NDP, donde ha habido una rebelión masiva en contra de la dirección blairista de tal partido, que estaba llevándole de derrota en derrota. Un elemento clave de esta rebelión fueron los sindicatos, que dijeron Basta ya y que se aliaron con las fuerzas rebeldes dentro de aquel partido. 

El nuevo dirigente, Thomas Mulcair, no se ha amedrentado frente a la hostilidad del establishment. El NDP ganó las elecciones en Alberta, una de las provincias más importantes en Canadá y, según las encuestas, es el que tiene mayor apoyo electoral de cara a las elecciones al gobierno federal de aquel país, el próximo 19 de octubre.

EEUU, el caso Sanders, el senador explícitamente socialista, ha sido otra sorpresa y choque para el establishment político y mediático en aquel país. Ya he escrito sobre él en un artículo anterior (“El sesgo conservador y neoliberal de los medios de comunicación”, Público, 27.08.15). 

Pero, además de subrayar que continúa creciendo su apoyo popular (con actos que llegan a movilizar a miles de personas –en Wisconsin, en el último mitin electoral, llegó a convocar a 10.000 personas-), es también importante subrayar que el candidato Sanders es plenamente consciente (y así lo dice repetidamente) de que su elección como Presidente –en el caso de que ocurriera- cambiaría poco EEUU a no ser que hubiera un movimiento político social con clara vocación transformadora, dispuesta a realizar un cambio radical, observación que han hecho los otros dos dirigentes. 

Sanders lo ha dicho muy claro: “independientemente de quien salga elegido como Presidente de EEUU, la realidad es que esta persona podrá hacer muy poca cosa. Y os preguntareis, ¿por qué? Y la respuesta es fácil der ver. El poder de la Corporate America (la clase empresarial dueña y/o gestora de las grandes corporaciones, o lo que ahora se llama el 1%), el poder de Wall Street, el poder de los grandes donantes de dinero a las campañas es tal, que ningún Presidente puede enfrentarse a ellos.

 La elección que estamos viviendo, por lo tanto, no es para elegirme a mí o a quien sea Presidente. Lo más importante es crear un movimiento ciudadano que salga de las bases de los grupos y asociaciones hartos de la falta de democracia en este país (lo que en inglés se llama los grassroots) que se movilice para transformar radicalmente este país. Y ahí está el reto que tenemos”.  (...)"         

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 10 de septiembre de 2015. En www.vnavarro.org, 10/09/2015)

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