"(...) En prácticamente todos los países que
han estado gobernados por partidos socialdemócratas, su apoyo electoral y
su número de militantes ha descendido de una manera muy marcada. En
EEUU un fenómeno semejante también ha ocurrido, tanto en la pérdida de
apoyo electoral como en el número de personas que se identifican como
miembros del Partido Demócrata.
En aquel país, EEUU, no existe la
militancia tal como se entiende en Europa entre las personas registradas
como demócratas, pues la conexión de los dos partidos mayoritarios con
la ciudadanía es escasa, limitándose única y casi exclusivamente al
ejercicio del voto en las primarias dentro de cada partido.
La expresión política de este enfado
La respuesta varía desde la aparición de
nuevos movimientos, como Podemos o las Mareas (entre otros) en España, o
la rebeldía de las bases de tales partidos, como está ocurriendo en los
partidos anglosajones, tales como en el Partido Laborista británico, el
partido socialdemócrata canadiense (Nuevo Partido Democrático – NDP) y
el Partido Demócrata en EEUU.
En España es más conocido el caso
británico, con el crecimiento tan veloz e inesperado de las
posibilidades de victoria del Sr. Jeremy Corbyn (inesperado por el
aparato del partido y por el establishment político mediático del país,
pero predecible para aquellos que hemos estado analizando la evolución
de la Tercera Vía iniciada por Blair y –en contra de lo que se escribe-
su fracaso electoral), que ha hecho entrar en pánico a la dirección
blairista del Partido Laborista, y sobre el cual he escrito
recientemente (“Qué está pasando en el Partido Laborista del Reino
Unido”, Público, 25.08.15).
Valga aquí indicar que sus propuestas
económicas (ridiculizadas por los medios del establishment) tienen mucho
de sentido común. Sus propuestas, por ejemplo, de que el Banco de
Inglaterra ayude al Estado a favorecer las inversiones públicas en
vivienda social, energía, transporte y proyectos digitales, han sido
vistas con buenos ojos por muchos expertos internacionales, e incluso
por el senior editor del Financial Times, el Sr. Martin Wolf (Ellen
Brown, “Quantitative Easing for People: Jeremy Corbyn’s Radical
Proposal”, CounterPunch, Sept. 3, 2015).
El caso menos conocido en España es el
del partido socialdemócrata canadiense, el NDP, donde ha habido una
rebelión masiva en contra de la dirección blairista de tal partido, que
estaba llevándole de derrota en derrota. Un elemento clave de esta
rebelión fueron los sindicatos, que dijeron Basta ya y que se aliaron
con las fuerzas rebeldes dentro de aquel partido.
El nuevo dirigente,
Thomas Mulcair, no se ha amedrentado frente a la hostilidad del
establishment. El NDP ganó las elecciones en Alberta, una de las
provincias más importantes en Canadá y, según las encuestas, es el que
tiene mayor apoyo electoral de cara a las elecciones al gobierno federal
de aquel país, el próximo 19 de octubre.
EEUU, el caso Sanders, el senador
explícitamente socialista, ha sido otra sorpresa y choque para el
establishment político y mediático en aquel país. Ya he escrito sobre él
en un artículo anterior (“El sesgo conservador y neoliberal de los
medios de comunicación”, Público, 27.08.15).
Pero, además de subrayar
que continúa creciendo su apoyo popular (con actos que llegan a
movilizar a miles de personas –en Wisconsin, en el último mitin
electoral, llegó a convocar a 10.000 personas-), es también importante
subrayar que el candidato Sanders es plenamente consciente (y así lo
dice repetidamente) de que su elección como Presidente –en el caso de
que ocurriera- cambiaría poco EEUU a no ser que hubiera un movimiento
político social con clara vocación transformadora, dispuesta a realizar
un cambio radical, observación que han hecho los otros dos dirigentes.
Sanders lo ha dicho muy claro: “independientemente de quien salga
elegido como Presidente de EEUU, la realidad es que esta persona podrá
hacer muy poca cosa. Y os preguntareis, ¿por qué? Y la respuesta es
fácil der ver. El poder de la Corporate America (la clase empresarial
dueña y/o gestora de las grandes corporaciones, o lo que ahora se llama
el 1%), el poder de Wall Street, el poder de los grandes donantes de
dinero a las campañas es tal, que ningún Presidente puede enfrentarse a
ellos.
La elección que estamos viviendo, por lo tanto, no es para
elegirme a mí o a quien sea Presidente. Lo más importante es crear un
movimiento ciudadano que salga de las bases de los grupos y asociaciones
hartos de la falta de democracia en este país (lo que en inglés se
llama los grassroots) que se movilice para transformar radicalmente este
país. Y ahí está el reto que tenemos”. (...)"
(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 10 de septiembre de 2015. En www.vnavarro.org, 10/09/2015)
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