"(...) Los daños más evidentes están ahí: el país se ha empobrecido, la clase
media ha sido arrasada, muchos de los mejores jóvenes han emigrado, la
ciencia, la salud y la educación han sido decapitadas, todo para reducir
una deuda que al final ha aumentado y para relanzar el crecimiento
económico que, después de todo, no se ha producido, y en caso de hacerlo
será un potenciador de desigualdades. Y, por si fuera poco, la
corrupción. (...)
Cualquier ciudadano mínimamente atento no dejará de considerar un
escándalo que, en el caso de la compra en 2004 de dos submarinos para
Portugal al consorcio alemán German Submarine Consorcium por valor de
unos 1.000 millones de euros, los alemanes que corrompieron a los
portugueses hayan sido juzgados y castigados, mientras que los
portugueses corrompidos sigan ejerciendo funciones públicas.
Pero lo más grave de lo ocurrido no se ve. Está inscrito en lo que
los portugueses no ven cuando se miran en el espejo: la
contrarrevolución del 24 de abril (la Revolución de los Claveles que
repuso la democracia después de 48 años de dictadura ocurrió el 25 de
abril de 1974), la idea de que son un pueblo incapaz, que no merecen lo
que conquistaron en los últimos cuarenta años, que al fin y al cabo
nunca tuvieron derechos, que recibieron donaciones que además
malbarataron, que fueron irresponsables por pensar que podían ser
europeos en otra calidad que no la de servidores extranjeros de los
europeos del norte.
Debemos, pues, dejarnos de tonterías y votar a la izquierda. ¿Por qué hay no hay opciones ideales? (...)
La izquierda a la izquierda del PS es la única que se opone
inequívocamente a la austeridad, pero es desgarrador verla dividirse
todavía más cuando nunca ha habido tantas razones para unirse. Es
desgarrador, pero tiene una razón sociológica.
Dado el involucramiento
de los partidos socialistas europeos con el neoliberalismo, la
corrupción y las políticas de austeridad que tanta desigualdad y
sufrimiento injusto han causado, se ha abierto una ventana de
oportunidad para una verdadera política de izquierda.
Para concretarse,
sería necesaria una profunda revisión de las ideologías y una nueva
forma de hacer política a partir de los ciudadanos humillados y
ofendidos. En España, la oportunidad ha sido aprovechada; en Grecia, se
intentó, pero fracasó o fue hecha fracasar. En Portugal, ni siquiera se
ha intentado.
Por el contrario, el Partido Comunista Portugués (PCP) se
contenta con seguir teniendo siempre la razón ante los errores que
siempre y sólo los otros cometen y el Bloco de Esquerda (BE), por su
dogmatismo, ha propiciado las condiciones para el surgimiento de nuevos
partidos a la izquierda, como el Partido Livre (PL), formado por
exmilitantes del BE.
Como nunca ha estado tan lejos de ser relevante, la
izquierda de la izquierda disfraza la irrelevancia con la autenticidad
de los principios y la clarividencia de las propuestas, cuando no cae en
el espectáculo más ridículo de personalismo exhibicionista. Es un
desperdicio intolerable. Pero mayor aún es el desperdicio de no poder
contar con la intervención política de tantos jóvenes progresistas,
altamente cualificados, que podrían estar políticamente más activos si
la política fuese menos mediocre.
Pero no todo es malo. En algunos
distritos, como el de Coímbra, por ejemplo, hay movimientos cívicos con
una historia que viene de largo y que, pareciendo estar por detrás de un
partido, están, de hecho, por delante. Son el embrión de las
transformaciones políticas que acabarán llegando a la sociedad
portuguesa." (Boaventura de Sousa Santos – Público.es , Attac España, 11/10/2015)
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