"El exministro griego de Hacienda, Yanis Varoufakis, criticó la propuesta de salida del euro de Warren Mosler y Philip Pilkington por considerarla demasiado costosa en términos humanos.
Entre otras cosas, el economista griego señaló que
el Banco Central Europeo dejaría de dar asistencia financiera a los
bancos del país que abandonara el euro y ello obligaría a cerrarlos a no
ser que se recapitalizaran con la nueva moneda.
Frente a esta
puntualización, el economista estadounidense Warren Mosler le espetó no entender adecuadamente el funcionamiento del sistema bancario,
sirviendo como ejemplo de ello el cierre de bancos que ordenó decretar
Varoufakis cuando, según el estadounidense, no había ninguna necesidad.
Esto es lo que trataremos a continuación.
Mosler explica que cuando un cliente retira su dinero de un banco de
su país para llevárselo a un banco de otro país, el primer banco suele
compensar la pérdida de dinero (reservas) pidiendo un préstamo a otro
banco, de forma que se neutraliza el desequilibrio.
Cuando ese banco
pierde la confianza de los otros bancos (como ocurrió con los bancos
griegos) no puede conseguir que otras entidades bancarias le presten
dinero, de forma que acude al banco central como prestamista de última
instancia para obtener financiación.
En el caso de Grecia, los
ciudadanos griegos llevaban muchos meses llevándose su dinero a bancos
extranjeros (o a su casa), y puesto que los bancos extranjeros no
querían prestar dinero a los bancos helenos, éstos fueron recurriendo
de forma progresiva al mecanismo de emergencia de liquidez (ELA, por
sus siglas en inglés) que ofrece el Banco Central Europeo.
A medida que
los bancos griegos iban necesitando más dinero, el Banco Central Europeo
(BCE) aumentaba el límite máximo del ELA. El día que fue convocado el
referéndum griego sobre el tercer rescate, el BCE decidió no incrementar
el nivel máximo del ELA y dejarlo en 89.000 millones de euros.
El economista estadounidense señala que, a pesar de tratarse
evidentemente de una decisión política por parte del BCE, el
establecimiento de ese nivel máximo ni suponía un problema para la
economía griega ni mucho menos obligaba a cerrar los bancos griegos. En
realidad, nadie podía saber si esos 89.000 millones de euros iban a ser
suficientes para las necesidades de los bancos.
La cantidad podría haber
sido suficiente, o podría no haberlo sido. En cualquier caso, si no se
hubiesen cerrado los bancos lo peor que podría haber pasado es que
algunos clientes griegos que hubiesen querido retirar su dinero habrían
recibido una negativa por parte de los trabajadores del banco.
A
cualquiera de ellos le habrían dicho: “lo siento, pero hoy no le podemos
desembolsar el dinero porque hemos llegado al tope máximo que nos
permite el BCE. Tendrá usted que esperar hasta que nos expandan el
límite o hasta que recibamos nuevos depósitos de otra persona o empresa”
¡Algo que por cierto ocurre en cualquier banco de cualquier país si se
quiere extraer de golpe mucho dinero! No ocurriría nada más.
Manteniendo los bancos abiertos permites que las transacciones
bancarias sigan teniendo lugar con toda normalidad (compras de bienes y
servicios, pagos del sector público, pagos de impuestos, etc), de forma
que los intercambios de reservas entre unos bancos y otros se seguirían
produciendo, pudiendo así tener en ocasiones suficiente dinero para que
los clientes puedan retirar sus ahorros [1].
Al cerrar los bancos se pierde esa posibilidad y se desencadena un
pánico bancario que no conduce a nada bueno. Warren Mosler concluye:
“ordenar el cierre de los bancos fue un error y revela la mala
comprensión del sistema bancario (por parte del ejecutivo heleno). Y
esto es sólo un aspecto de esa mala comprensión, porque hay muchísimos
ejemplos más durante el mandato del gobierno griego”.
Desde el punto de vista del economista estadounidense, el gobierno
griego mandó cerrar los bancos por miedo a que la gente se llevara el
dinero y a que no pudiese seguir funcionando la economía griega, pero
asegura que ese miedo no tenía ningún sentido.
La pérdida de confianza
en los bancos helenos llevaba tiempo consolidada, y el dinero que
quedaba en los depósitos bancarios de los bancos griegos pertenecía
fundamentalmente a familias y empresas que habían dejado sólo lo
suficiente para poder seguir realizando pagos (de compraventa de bienes y
servicios, de pago de hipotecas, etc).
Eran depósitos que no iban a ser
retirados por miedo o falta de confianza en los bancos. En
consecuencia, no había motivos para temer más retiradas de depósitos. (...)
Los depósitos cambian de banco cada día en volúmenes astronómicos y
con frecuencia inimaginables. “¿Acaso algún vendedor o alguna
administración pública no le va a aceptar el dinero a alguien porque lo
tenga depositado en un banco alemán en vez de en uno griego?”.
“La
economía es gente que compra y vende cosas, y por lo tanto la griega
podría haber seguido funcionando como lo venía haciendo si los bancos no
se hubiesen cerrado. Se hubiesen evitado muchos problemas.”
Este ejemplo le sirve a Mosler para impugnar los miedos de Varoufakis
a que cualquier economía europea entre en estancamiento y deflación o
que incluso provoque una crisis en Europa y en Estados Unidos sólo por
salir del euro. “Esos miedos están infundados; no se sostienen.” ( Eduardo Garzón
, Saque de esquina, 6 October, 2015)
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