"Convergencia. Término que quiere simbolizar el cierre de la brecha
que separa a los denominados países desarrollados de los
subdesarrollados (calificativos discutibles sobre los que ahora no
entraré).
Una de las supuestas ventajas de la globalización económica
–comercial, productiva, tecnológica y financiera- debía consistir, según
sus defensores, en que, en un escenario donde todos ganarían, los que
más lo harían serían los países más atrasados. No creo exagerar si digo
que éste ha sido uno de los mantras más repetidos desde la economía
dominante.
Tan sólo había que aplicar con decisión políticas claramente
comprometidas con la apertura externa; eliminar o reducir al máximo los
aranceles sobre las importaciones y desregular los mercados domésticos,
permitir la entrada sin restricciones a los grupos transnacionales y
liberalizar los movimientos de capital financiero.
Actuando de esta
manera, las economías rezagadas y los recién llegados atraerían
inversiones extranjeras directas, dispondrían de más mercados para
colocar su producción exportable, podrían adquirir bienes y servicios de
calidad, accederían a tecnologías avanzadas y complementarían su
limitada capacidad de generar ahorro interno con recursos foráneos;
adicionalmente, se desenvolverían en un entorno gobernado por la
competencia, con las consiguientes ganancias de eficiencia. El resultado
de todo ello sería un mayor crecimiento y un progresivo cierre del gap
entre países “ricos y pobres”.
Pero no es esto lo que ha sucedido. El escenario prometido por los
partidarios de la globalización rápida, sin condiciones ni
restricciones, no se ha materializado.
El gráfico siguiente recoge la información del indicador de convergencia sigma (elaborado para 148 países a partir de la información proporcionada por el Banco Mundial). No me entretendré en los detalles técnicos de su elaboración. Es suficiente con saber que una trayectoria ascendente de la curva debe ser interpretada como un aumento de la divergencia, y lo contrario si es descendente.
Hay que precisar que los años seleccionados (1990-2014) cubren el
periodo de más intensa globalización, donde cabría suponer, por lo
tanto, que los efectos positivos de la misma se mostraran con mayor
rotundidad.
Lo cierto, sin embargo, es que el primer tramo de la década
de los 90 del pasado siglo conoció un aumento de las diferencias. En
los años siguientes, hasta el estallido de la crisis, no se aprecia una
tendencia homogénea, y, en conjunto, la ratio de convergencia se
mantiene básicamente estable.
Sólo a partir del crack financiero encontramos una reducción del gap,
que no nos debe llevar a equívocos, pues se explica, sobre todo,
porque la crisis, más que en la periferia, ha tenido una especial
incidencia en el corazón del capitalismo.
Toda la argumentación anterior toma como referencia un indicador –el
PIB por habitante- que, a todas luces, mide de manera insuficiente o
deficiente las disparidades productivas, sociales, territoriales y de
género; por no hablar de las que tienes que ver con la utilización
depredadora de recursos naturales no renovables y de las externalidades
negativas asociadas al crecimiento, aspectos que sencillamente no mide.
La consideración de estas dimensiones acentuaría con toda seguridad las brechas entre los dos grupos de países.
Partir de esta realidad –la del fracaso de la globalización a la hora
de alcanzar uno de los objetivos que, al menos en teoría, la
justificaba entre sus partidarios- es crucial para identificar el origen
y las claves para la superación de la crisis, que es mucho más que un
fenómeno de naturaleza financiera. También nos proporciona una mirada
para entender una de las causas de fondo de las corrientes migratorias y
los desplazamientos de población. (...)" (Fernando Luengo, Blog de Econonuestra en Público.es , en Economía crítica y crítica de la economía, 16/10/2015)

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