"(...) El sector energético está abocado a una profunda transformación,
impulsada por el desarrollo tecnológico y la lucha contra el cambio
climático. La transición hacia un nuevo modelo energético proporciona un
protagonismo creciente al sector eléctrico, que está comenzando a vivir
una auténtica revolución.
Por un lado, por la sustitución de la
generación de electricidad con energías fósiles en grandes centrales por
energías renovables, con aportación más variable, menores economías de
escala y más distribuidas por el territorio.
Por otro, por el
desplazamiento del protagonismo en la cadena de suministro desde las
grandes empresas hacia los consumidores que, con las nuevas tecnologías,
pueden gestionar más activamente su demanda y progresivamente producir
electricidad para su autoconsumo. Eficiencia, electricidad sin emisiones
y electrificación creciente de otros usos energéticos son la alianza
ganadora para un nuevo modelo energético.
Descarbonización y descentralización son las dos palabras clave del
futuro del sector. Algunas grandes empresas ya son conscientes del
profundo cambio que se avecina en su modelo de negocio y orientan su
estrategia a prestar servicios integrados a los nuevos consumidores, y a
los productores-consumidores, además de posicionarse activamente en la
generación renovable.
Sin embargo, el Gobierno ha decidido permanecer ajeno a estos cambios
y sigue tomando decisiones al margen de cualquier reflexión
estratégica. Una vez más, pierde la oportunidad de debatir y acordar una
hoja de ruta para la transición energética, como han hecho otros
Gobiernos de nuestro entorno. (...)
El real decreto está concebido desde el deseo de frenar una tendencia al
desarrollo del autoconsumo, lo cual, en una España abundante en recurso
solar, y con perspectivas alentadoras en la microcogeneración y las
baterías, es como tratar de poner puertas al campo. (...)
El autoproductor debe ser tratado, en su relación con el sistema
eléctrico, de acuerdo con los servicios que recibe. Como consumidor debe
contribuir a los costes del sistema en función de la energía y la
potencia que efectivamente demanda. Pero no debe pagar por la energía
que produce y autoconsume.
Como productor debe recibir, como el resto de
los generadores, la compensación por la energía que vierte a la red,
descontado el peaje de acceso a la red que por ello le corresponde
pagar.
En resumen, frenar el autoconsumo con barreras administrativas y
económicas puede ser un error fruto del temor a que se reproduzcan
desequilibrios financieros; pero más bien parece un intento de defender
un modelo de negocio eléctrico del pasado, ajeno a la profunda
transformación que es necesario acometer hacia un sistema eléctrico más
limpio y eficiente, más innovador, más autosuficiente y con un mayor
protagonismo de los consumidores. Está claro que ésta es una tarea que
el actual Gobierno le ha dejado al próximo. (...)" (
Luis Atienza Serna /
Teresa Ribera
, El País, 16 OCT 2015)
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