16.10.15

En nuestro país, para la inmensa mayoría de los jóvenes, con contratos a tiempo parcial, crear una familia es misión imposible. Hay una pérdida total de esperanza. No hay futuro.

"Uno de los aspectos más relevantes de la actual crisis sistémica es, sin duda alguna, la salida del armario de los depredadores sociales. Con anterioridad, disimulaban, se situaban estratégicamente detrás del escenario.

 Cuando había algo que repartir al resto de la sociedad, migajas, no daban la cara, tenían a sus esbirros -élites políticas, económicas y mediáticas- para ejecutar ese reparto, distrayendo al personal, haciendo loas al sistema. Durante ese tiempo continuaban a lo suyo, apropiarse de la renta y riqueza del resto de la ciudadanía, mediante mecanismos no competitivos. 

¿Por qué creen ustedes que en algunos países como España la crisis es tan profunda, y la que nos rondará morena? ¿No nos hemos dado cuenta aún que en nuestro país monopolios, monopsonios y oligopolios varios hacen y deshacen lo que quieren vía BOE? 

¿Han leído el último informe de Caritas donde hasta los que trabajan tienen que pedir ayudas para subsistir? Ah, se me olvidaba, como premio a nuestra clase política, puertas giratorias. ¡Chapeau!

 Pero los días de vinos y rosas tocaron a su fin y había que ponerse manos a la obra, no fuera a ser que, ahora sí, perdieran esa riqueza que con “tanto esfuerzo” habían generado en la madre de todas las burbujas inmobiliarias, y/o a golpe de lobbies y BOE. 

Ante la que se avecinaba, la evaporación de su fortuna, aquí y allá empezaron a maquinar e imponer un abanico de políticas económicas absolutamente inservibles para la ciudadanía, pero de mucha utilidad para ellos; les permitía mantener su riqueza a la par que seguían controlando los resortes del poder.  (...)

Si no hacemos nada, cada uno de nosotros desde nuestro ámbito –universitario, sindical, empresarial- se agudizará la actual movilidad descendente y se impondrá la derrota social. Se trata de un amplio espectro donde la ansiedad, inseguridad, estrés crónico, impotencia y miedo a ver uno reducido su estatus social, se traducen en una depresión social.

Varios son los síntomas que definen la depresión social. En primer lugar se había inoculado a la ciudadanía unas altas expectativas de infinita prosperidad creciente, que al final no se materializarán. En este escenario los trabajadores a tiempo parcial y desocupados eran marginados, no sólo económicamente, sino socialmente. 

Pero, en realidad lo que al final se ha producido es una ampliación de la disparidad de renta y riqueza del 10% más rico respecto a una clase media en franca retirada, sin necesidad de batirse en duelo. 

En este escenario se produce una brutal disminución sistémica en la movilidad social y económica, ya que cada vez es más difícil pasar de la dependencia del Estado o los padres/abuelos de uno, a la independencia financiera. Pero hay mucho más, se agudiza la desconexión creciente entre educación superior y el empleo. Un título universitario ya no garantiza un trabajo estable bien remunerado. Pero el statu quo y los mass media dominantes ocultan la realidad, esconden la recesión social.

Hay un abandono y una dejadez en las aspiraciones de la clase media y trabajadora como consecuencia de las generaciones atrapadas por la actual recesión social: los jóvenes ya no aspiran, ni pueden permitírselo, a bienes como la vivienda, y ya no hablemos de un coche de cierta gama. En este contexto el desastre generacional está servido.

 En nuestro país, por ejemplo, para la inmensa mayoría de los jóvenes, con contratos a tiempo parcial o el empleo inestable, la posibilidad de montar una familia se les antoja misión imposible. En definitiva, como resultado de todo lo anterior, hay una pérdida total y absoluta de esperanza en las generaciones jóvenes. No hay futuro. La pregunta es muy clara, ¿hasta cuándo vamos a permitirlo?"             (Juan Laborda, Vox Populi, 07/10/2015)

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