"Uno de los aspectos más relevantes de la actual crisis sistémica es, sin duda alguna, la salida del armario de los depredadores sociales.
Con anterioridad, disimulaban, se situaban estratégicamente detrás del
escenario.
Cuando había algo que repartir al resto de la sociedad,
migajas, no daban la cara, tenían a sus esbirros -élites políticas,
económicas y mediáticas- para ejecutar ese reparto, distrayendo al
personal, haciendo loas al sistema. Durante ese tiempo continuaban a lo
suyo, apropiarse de la renta y riqueza del resto de la ciudadanía,
mediante mecanismos no competitivos.
¿Por qué creen ustedes que en
algunos países como España la crisis es tan profunda, y la que nos
rondará morena? ¿No nos hemos dado cuenta aún que en nuestro país
monopolios, monopsonios y oligopolios varios hacen y deshacen lo que
quieren vía BOE?
¿Han leído el último informe de Caritas donde hasta los que trabajan tienen que pedir ayudas para subsistir? Ah, se me olvidaba, como premio a nuestra clase política, puertas giratorias. ¡Chapeau!
Pero los días de vinos y rosas tocaron a su fin y había
que ponerse manos a la obra, no fuera a ser que, ahora sí, perdieran
esa riqueza que con “tanto esfuerzo” habían generado en la madre de
todas las burbujas inmobiliarias, y/o a golpe de lobbies y BOE.
Ante la
que se avecinaba, la evaporación de su fortuna, aquí y allá empezaron a maquinar e imponer un abanico de políticas económicas absolutamente inservibles para la ciudadanía, pero de mucha utilidad para ellos; les permitía mantener su riqueza a la par que seguían controlando los resortes del poder. (...)
Si no hacemos nada, cada uno de nosotros desde nuestro ámbito –universitario, sindical, empresarial- se agudizará la actual movilidad descendente y se impondrá la derrota social.
Se trata de un amplio espectro donde la ansiedad, inseguridad, estrés
crónico, impotencia y miedo a ver uno reducido su estatus social, se
traducen en una depresión social.
Varios son los síntomas que definen la depresión social. En primer
lugar se había inoculado a la ciudadanía unas altas expectativas de
infinita prosperidad creciente, que al final no se materializarán. En
este escenario los trabajadores a tiempo parcial y desocupados eran
marginados, no sólo económicamente, sino socialmente.
Pero, en realidad
lo que al final se ha producido es una ampliación de la disparidad de
renta y riqueza del 10% más rico respecto a una clase media en franca
retirada, sin necesidad de batirse en duelo.
En este escenario se produce una brutal disminución sistémica en la movilidad social y económica,
ya que cada vez es más difícil pasar de la dependencia del Estado o los
padres/abuelos de uno, a la independencia financiera. Pero hay mucho
más, se agudiza la desconexión creciente entre educación superior y el
empleo. Un título universitario ya no garantiza un trabajo estable bien
remunerado. Pero el statu quo y los mass media dominantes ocultan la
realidad, esconden la recesión social.
Hay un abandono y una dejadez en las aspiraciones de la clase media y
trabajadora como consecuencia de las generaciones atrapadas por la
actual recesión social: los jóvenes ya no aspiran, ni pueden
permitírselo, a bienes como la vivienda, y ya no hablemos de un coche de
cierta gama. En este contexto el desastre generacional está servido.
En
nuestro país, por ejemplo, para la inmensa mayoría de los jóvenes, con
contratos a tiempo parcial o el empleo inestable, la posibilidad de
montar una familia se les antoja misión imposible. En definitiva, como
resultado de todo lo anterior, hay una pérdida total y absoluta de esperanza en las generaciones jóvenes. No hay futuro. La pregunta es muy clara, ¿hasta cuándo vamos a permitirlo?" (Juan Laborda, Vox Populi, 07/10/2015)
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