17.12.15

Las elecciones generales del próximo 20 son las más interesantes desde las del 15 de junio de 1977

"No creo exagerar si afirmo que las elecciones generales del próximo 20 son las más interesantes desde las del 15 de junio de 1977. (...)

El 20 de diciembre está convocado a las urnas un país exhausto, desanimado, perplejo ante la corrupción, la crisis y la falta de alternativas. Como una de esas partidas de mus entre ancianos que tanto les gusta utilizar como metáfora a los comentaristas que no saben ni contar amarracos. 

Los restos de todos los naufragios, es decir, lo viejo, representados por el PP y el PSOE, dispuestos a todo con tal de no perder el último vagón del último tren de su historia. Y frente a ellos dos formaciones sin pedigrí, para suerte suya, pero con inquietante futuro, Ciudadanos y Podemos. No tienen pasado, es decir, no han tenido aún que nadar en la mierda, porque los pasados en España se miden por su nivel de estiércol.

¿Por qué creen ustedes que Rajoy no asistió al debate de los cuatro lobitos que guardan nuestras camas, que diría en plan perverso la vieja canción de los angelitos y los niños antes de dormir? 

Porque la mierda, en su sentido llano, hubiera acaparado el debate. ¿Qué puede hacer un registrador de la propiedad y de todos los desfalcos, estafas y malversaciones de fondos de sus compañeros de partido –¿conoce usted alguno que se salve, incluido el tigre de las Azores?–. 

Un hombre de 60 años, con piel de cocodrilo, hecho al silencio y el escaqueo, frente a tres tipos que se lo juegan todo a una partida y a quienes les daban por primera vez y única, la oportunidad de hacer con esa piel una alfombra para el salón. No es miedo, que diría el gallego, fue precaución.

¡Que vaya Sorayita! Menuda pieza. Así les demostrará que a juego sucio casi me gana y en cinismo estamos a la par. Hay que tener un tupé de peluquería de la madrileña calle Serrano para sugerirle a Pablo Iglesias que lo de Monedero, un asunto que se limita a hacer una complementaria en Hacienda, es comparable a lo de su Bárcenas, don Luis el animoso, que si se descuida se lleva la Hacienda entera. Demasiado. 

Esa muñeca con rostro de menina velazqueña tiene más maldad acumulada en años de peleas de partido que cualquier barbilampiño del PP modelno. Nadie asciende en la cucaña política sin dejarse las prendas blancas, o como decían nuestros clásicos, “a bragas enjutas”.

Las elecciones del 20 de diciembre abordan ese enigma que desde hace 38 años ha ido convirtiendo nuestra democracia en una charca. Son dos generaciones, según decía Ortega, y henos aquí metidos hasta el cuello en una crisis adobada por chorizos de los que no se comen. 

Al fin aparece otra clase política, a derecha e izquierda, y eso es un acontecimiento que muy bien puede acabar como el rosario de la aurora, pero de momento y hartos de los rosarios del ritual no deja de abrir un resquicio a la esperanza.  (...)

No votaré nunca a Ciudadanos pero es bueno que exista y confío, cuando pasen las elecciones, dedicar un artículo al interesante libro de Ellakuría y Albert de Paco, Alternativa naranja (Debate), porque ahí están elementos muy curiosos de nuestra vida intelectual y política, que los resultados electorales confirmarán o rechazarán; pero sin duda muy sintomáticos de nuestra crisis cultural y política.

El mayor reto es el del PSOE. Tienen un candidato menos creíble aún que Mariano Rajoy. Porque, a menos de ser muy tonto, el que vote a Rajoy sabe lo que vota. ¿Pero al soldado Sánchez? Es un hallazgo del equipo de Ciudadanos haberse inventado el implacable lema: “Hay que salvar al soldado Sánchez”.

 En un editorial sorprendente, incluso para los que no nos sorprendemos ya de casi nada, El País hace una defensa de la capacidad política y de la credibilidad de este soldado salido de la nada, a la que probablemente volverá en pocas semanas. No es un augurio, es una constatación. 

Lo viejo carece de recursos. Se le acabó la cantera, el banquillo, que dicen los deportistas. Y aparecen tipos que a duras penas aceptaría El Corte Inglés para sus épocas de rebajas.  (...)"             (Políticos, trapecistas y boxeadores, de Gregorio Morán, La Vanguardia, en Caffe Reggio, 12/12/15)

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