"No creo exagerar si afirmo que las elecciones generales del próximo 20
son las más interesantes desde las del 15 de junio de 1977. (...)
El 20 de diciembre está convocado a las urnas un país exhausto,
desanimado, perplejo ante la corrupción, la crisis y la falta de
alternativas. Como una de esas partidas de mus entre ancianos que tanto
les gusta utilizar como metáfora a los comentaristas que no saben ni
contar amarracos.
Los restos de todos los naufragios, es decir, lo
viejo, representados por el PP y el PSOE, dispuestos a todo con tal de
no perder el último vagón del último tren de su historia. Y frente a
ellos dos formaciones sin pedigrí, para suerte suya, pero con
inquietante futuro, Ciudadanos y Podemos. No tienen pasado, es decir, no
han tenido aún que nadar en la mierda, porque los pasados en España se
miden por su nivel de estiércol.
¿Por qué creen ustedes que Rajoy
no asistió al debate de los cuatro lobitos que guardan nuestras camas,
que diría en plan perverso la vieja canción de los angelitos y los niños
antes de dormir?
Porque la mierda, en su sentido llano, hubiera
acaparado el debate. ¿Qué puede hacer un registrador de la propiedad y
de todos los desfalcos, estafas y malversaciones de fondos de sus
compañeros de partido –¿conoce usted alguno que se salve, incluido el
tigre de las Azores?–.
Un hombre de 60 años, con piel de cocodrilo,
hecho al silencio y el escaqueo, frente a tres tipos que se lo juegan
todo a una partida y a quienes les daban por primera vez y única, la
oportunidad de hacer con esa piel una alfombra para el salón. No es
miedo, que diría el gallego, fue precaución.
¡Que vaya Sorayita!
Menuda pieza. Así les demostrará que a juego sucio casi me gana y en
cinismo estamos a la par. Hay que tener un tupé de peluquería de la
madrileña calle Serrano para sugerirle a Pablo Iglesias que lo de
Monedero, un asunto que se limita a hacer una complementaria en
Hacienda, es comparable a lo de su Bárcenas, don Luis el animoso, que si
se descuida se lleva la Hacienda entera. Demasiado.
Esa muñeca con
rostro de menina velazqueña tiene más maldad acumulada en años de peleas
de partido que cualquier barbilampiño del PP modelno. Nadie asciende en
la cucaña política sin dejarse las prendas blancas, o como decían
nuestros clásicos, “a bragas enjutas”.
Las elecciones del 20 de
diciembre abordan ese enigma que desde hace 38 años ha ido convirtiendo
nuestra democracia en una charca. Son dos generaciones, según decía
Ortega, y henos aquí metidos hasta el cuello en una crisis adobada por
chorizos de los que no se comen.
Al fin aparece otra clase política, a
derecha e izquierda, y eso es un acontecimiento que muy bien puede
acabar como el rosario de la aurora, pero de momento y hartos de los
rosarios del ritual no deja de abrir un resquicio a la esperanza. (...)
No votaré nunca a Ciudadanos pero es bueno que exista y confío,
cuando pasen las elecciones, dedicar un artículo al interesante libro de
Ellakuría y Albert de Paco, Alternativa naranja (Debate), porque ahí
están elementos muy curiosos de nuestra vida intelectual y política, que
los resultados electorales confirmarán o rechazarán; pero sin duda muy
sintomáticos de nuestra crisis cultural y política.
El mayor reto
es el del PSOE. Tienen un candidato menos creíble aún que Mariano Rajoy.
Porque, a menos de ser muy tonto, el que vote a Rajoy sabe lo que vota.
¿Pero al soldado Sánchez? Es un hallazgo del equipo de Ciudadanos
haberse inventado el implacable lema: “Hay que salvar al soldado
Sánchez”.
En un editorial sorprendente, incluso para los que no nos
sorprendemos ya de casi nada, El País hace una defensa de la capacidad
política y de la credibilidad de este soldado salido de la nada, a la
que probablemente volverá en pocas semanas. No es un augurio, es una
constatación.
Lo viejo carece de recursos. Se le acabó la cantera, el
banquillo, que dicen los deportistas. Y aparecen tipos que a duras penas
aceptaría El Corte Inglés para sus épocas de rebajas. (...)" (Políticos, trapecistas y boxeadores, de Gregorio Morán, La Vanguardia, en Caffe Reggio, 12/12/15)
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