21.1.16

En un entorno de deuda desorbitada, el proceso de inversión masiva en energía, transporte, investigación, la deberán financiar los bancos centrales vía señoreaje

"(...) Las reformas pendientes

Con la crisis sistémica no se hizo aquello que era óptimo y eficiente, económica y socialmente. Las razones son obvias, por ineficiencia económica de las élites, por ideología y por defensa de los intereses de clase.

 Como condición necesaria, aunque no suficiente, se debería reducir el tamaño del sistema bancario occidental acorde con la economía real y todo ello a costa de gerencia, propietarios y acreedores. A la vez se debe reestructurar una deuda total impagable. (...)

Pero, adicionalmente, son necesarias otras reformas en el sistema financiero. Había que poner bajo supervisión pública los principales centros financieros internacionales, tal como se ha hecho. 

Sin embargo, no es suficiente, se debe promover la separación plena entre la banca comercial y banca de inversión, mediante el restablecimiento global de la Ley Glass-Steagall. Es necesario también un control de la expansión del crédito ex ante en lugar de castigar a los deudores a posteriori –cualquiera que conozca la naturaleza endógena del dinero lo entiende-.

 Aprovechándose del riesgo moral de que son “demasiado grandes para quebrar”, los bancos sistémicos, cada día mayores y más sistémicos, están siendo subsidiados por los contribuyentes de las distintas naciones. 

Es necesario acabar con ello. Se debe estudiar la necesidad de imponer límites a la concentración de depósitos, préstamos u otros indicadores bancarios; en definitiva, al tamaño de los bancos.

Pero la parálisis actual y la ausencia de inversión productiva privada solo se corregirán cuando de una puñetera vez el Estado inicie procesos de inversión masivos centrados en energía, transporte, educación, investigación y desarrollo en infraestructuras de tratamiento del agua,… que sirvan posteriormente de arrastre al sector privado. 

En un entorno de deuda desorbitada como el actual, esa expansión la deberán financiar los bancos centrales vía señoreaje. 

Todo ello se debería completar con otras reformas adicionales necesarias, tales como lucha contra los paraísos fiscales, un nuevo sistema monetario internacional y una reforma radical de las composiciones del capital y de los órganos rectores de las principales organizaciones mundiales multilaterales. 

 Además, los gobiernos deben reconocer que la pobreza y la desigualdad son temas cruciales a solucionar, de manera que promuevan políticas que permitan compartir los beneficios del crecimiento de manera más amplia. De todo ello dependerá el futuro de nuestros hijos. ¡Ah! Por cierto, se me olvidaba, todo lo demás, eso que algunos llaman reformas estructurales, son en realidad prebendas a las élites extractivas."               (Juan Laborda, Vox Populi, 25/11/15)

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