"(...) Las reformas pendientes
Con la crisis sistémica no se hizo aquello que era óptimo y
eficiente, económica y socialmente. Las razones son obvias, por
ineficiencia económica de las élites, por ideología y por defensa de los
intereses de clase.
Como condición necesaria, aunque no suficiente, se debería reducir el tamaño del sistema bancario occidental
acorde con la economía real y todo ello a costa de gerencia,
propietarios y acreedores. A la vez se debe reestructurar una deuda
total impagable. (...)
Pero, adicionalmente, son necesarias otras reformas en el sistema
financiero. Había que poner bajo supervisión pública los principales
centros financieros internacionales, tal como se ha hecho.
Sin embargo,
no es suficiente, se debe promover la separación plena entre la banca
comercial y banca de inversión, mediante el restablecimiento global de
la Ley Glass-Steagall. Es necesario también un control de la expansión del crédito ex ante
en lugar de castigar a los deudores a posteriori –cualquiera que
conozca la naturaleza endógena del dinero lo entiende-.
Aprovechándose
del riesgo moral de que son “demasiado grandes para quebrar”, los bancos
sistémicos, cada día mayores y más sistémicos, están siendo subsidiados
por los contribuyentes de las distintas naciones.
Es necesario acabar
con ello. Se debe estudiar la necesidad de imponer límites a la concentración de depósitos, préstamos u otros indicadores bancarios; en definitiva, al tamaño de los bancos.
Pero la parálisis actual y la ausencia de inversión productiva privada
solo se corregirán cuando de una puñetera vez el Estado inicie procesos
de inversión masivos centrados en energía, transporte, educación,
investigación y desarrollo en infraestructuras de tratamiento del agua,…
que sirvan posteriormente de arrastre al sector privado.
En un entorno
de deuda desorbitada como el actual, esa expansión la deberán financiar
los bancos centrales vía señoreaje.
Todo ello se debería completar con
otras reformas adicionales necesarias, tales como lucha contra los
paraísos fiscales, un nuevo sistema monetario internacional y una
reforma radical de las composiciones del capital y de los órganos
rectores de las principales organizaciones mundiales multilaterales.
Además, los gobiernos deben reconocer que la pobreza y la desigualdad
son temas cruciales a solucionar, de manera que promuevan políticas que
permitan compartir los beneficios del crecimiento de manera más amplia.
De todo ello dependerá el futuro de nuestros hijos. ¡Ah! Por cierto, se
me olvidaba, todo lo demás, eso que algunos llaman reformas
estructurales, son en realidad prebendas a las élites extractivas." (Juan Laborda, Vox Populi, 25/11/15)
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