"(...) La línea argumental dominante es que el rápido descenso en los precios
del petróleo bajaría los precios de la gasolina, del gas, de la bombona
de butano y un largo etcétera, lo que generaría más renta disponible y
facilitaría una economía más robusta.
Ello sin duda alguna es cierto,
pero muchas veces nos olvidamos de las causas, y muy especialmente de
las segundas derivadas. (...)
Utilizando datos históricos, la caída actual de los precios del
petróleo equivaldría a un estímulo para la economía mundial superior a
1,7 billones de euros, similar a una reducción de impuestos próxima a
1,5 billones de euros desde junio de 2015. Se liberará renta y, en
definitiva, se crecerá más, argumentan la mayoría. Sin embargo, hay que
tener cierto cuidado en las interpretaciones del por qué y de sus
consecuencias.
La caída del precio del petróleo representa uno de los episodios
históricos más dramáticos respecto a la evolución en la cotización de
una materia prima. Recordemos que se han producido descensos superiores
al 70% tanto en el precio del barril West Texas Intermediate –precio del crudo producido en los Estados Unidos–, como del barril Brent
–precio del petróleo crudo comercializado internacionalmente–.
Si este
colapso solo afectara al precio del crudo no tendría ninguna
importancia, sería hasta positivo. Se podría atribuir a un exceso de
oferta asociada a la creciente producción de esquisto en los Estados
Unidos y a una mayor producción entre los miembros de la OPEP.
Sin embargo, otras materias primas industriales están también en caída libre.
Los precios del mineral de hierro han caído más de un 50%, mientras que
el precio del gas, del cobre y otras materias primas registran
descensos superiores al 40%.
Los datos muestran como los precios de las
materias primas industriales han experimentado un declive gradual el
último año y medio. Su evolución es muy similar a lo ocurrido en el
último semestre en 2008, lo que marcó una señal de alerta previa al
mayor colapso económico global desde la Gran Depresión.
Los precios de las materias primas industriales son un indicador adelantado
de toda una serie de aspectos que al final resultan molestos para la
estabilidad económica. Un sector industrial robusto y una sólida demanda
de consumo simplemente no son compatibles con un colapso en los precios
de las materias primas industriales.
La realidad, por lo tanto, es mucho más complicada. La industria energética global –esquisto, carbón, ciertas renovables...– está entrando en una dinámica de quiebras en serie. Recuerden Abengoa.
Este análisis nuestro sin duda entra en contradicción con la
interpretación que los "mass media" –tremendamente superficiales en la
mayoría de sus estudios– hacían de la reciente subida de tipos de
interés por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos. ¡Que simplemente echen una ojeada a la evolución de los datos de comercio mundial!
Según nuestro análisis, a la Reserva Federal (Fed) no le quedaba más
remedio que cerrar definitivamente el último ciclo deuda-burbuja
alimentado por su política monetaria, absolutamente ineficiente e
injusta.
Nos referimos a la expansión cuantitativa que junto con una
política de tipos de interés cero llevaban funcionando desde 2008. La
Fed en un escenario de colapso de los precios de las materias primas y
del volumen del comercio mundial simplemente asumía a regañadientes la
existencia de una burbuja que tocaba desinflar. (...)
Pero el estallido de la actual burbuja supondrá, según nuestras
previsiones, mucho más que el relato que nos cuentan los "mass media": implica finiquitar una forma de crecimiento perversa.
Observaremos, atónitos, el estallido y punto final del súper-ciclo deuda
iniciado allá en los años 80, y que ha estado sazonado con políticas
profundamente conservadoras, injustas e ineficientes. Por eso es
importante seguir la evolución del precio de las materias primas
industriales y del volumen del comercio mundial. Suelen acertar." (Juan Laborda, Vox Populi, 26/12/15)
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