"¡Por fin! ¡Ya era hora! La Reserva Federal (FED) cerró
definitivamente el último ciclo deuda-burbuja alimentado por una
política monetaria absolutamente irresponsable, ineficiente, dañina.
La
expansión cuantitativa, junto con una política de tipos de interés cero,
llevaban funcionando desde 2008. Se trata además de recetas que
enseguida fueron asumidas por el resto de bancos centrales. La FED
definitivamente deja de suministrar esa nueva droga de diseño que creó
en sus laboratorios para mantener al enfermo a flote. (...)
Sin embargo, la explicación que aparece en los
“mass-media”, pura cortina de humo, meros juegos de distracción. ¡No!,
la Reserva Federal no ha subido los tipos de interés por lo bien que
marcha la economía estadounidense. La razón es otra, la nueva burbuja
que han generado ha ido demasiado lejos.
No les quedaba más remedio que
deshacer parte del problema que habían activado. Ya no solo se trata de
una sobrevaloración de todos los activos financieros y/o un aumento
brutal de las desigualdades -dichos activos están en pocas manos-.
El
problema que han generado es más profundo, deuda respaldada en muchos casos por mero humo. En este sentido, tal como sostienen Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff en Financial and Sovereign Debt Crises: Some Lessons Learned and Those Forgotten,
“…
Las causas que originaron la actual crisis económica no solo no se
han corregido sino que han empeorado. Los niveles extremos de deuda
implican quiebras al estilo de los años 30. …
La carga de la deuda en
los países desarrollados se ha convertido en un evento extremo
utilizando cualquier medida histórica y requerirán una ola de
condonaciones de deuda, negociadas o no”. (...)
La mayor parte del incremento la deuda pública ha ido a financiar a
terceros, a satisfacer a los buscadores de rentas, a los distintos
lobbies, empobreciendo a la mayoría de la ciudadanía.
Sin embargo, el ciclo secular de huida hacia adelante iniciado hace 30 años -el ciclo de deuda- está a punto de reventar,
y con ello las políticas económicas neoconservadoras apoyadas en la
ortodoxia neoclásica. Lo único que pretendían era recuperar tasas de
retorno del capital a costa del factor trabajo. Al final solo han
generado deuda, burbujas, caída de la productividad, pobreza y
desigualdad. En el trasfondo, la ausencia presente de inversión
productiva.
La inmensa mayoría de la deuda generada es improductiva, ligada a
activos financieros e inmobiliarios, deuda esparcida para beneficiar a
unas élites corporativas miopes, cortoplacistas, profundamente egoístas,
iletradas.
Primero deuda privada; ahora, además, deuda pública. El
juego se acabó. Como consecuencia la tendencia de crecimiento de la
deuda terminará y la economía pinchará -entraremos en la Segunda Fase de la Gran Recesión-.
Y eh ahí la gran contradicción. Se sube los tipos para evitar una caída
descontrolada de los mercados de deuda que se transmita desde los
empréstitos de peor calidad crediticia a la deuda soberana y que, por
ende, acabe contaminando al sistema bancario enormemente subsidiado. (...)" (Juan Laborda, Vox Populi, 19/12/15)
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