"El engaño, la falsificación, la manipulación contable, y la
propaganda utilizada por las grandes corporaciones y sus voceros
mediáticos es cada día más evidente. Hay una profunda desesperación por
intentar extraer el último euro de sus clientes y de los contribuyentes.
Pero este castillo de naipes está a punto de derrumbarse. De
los distintos engaños contables que se han ido generalizando desde el
estallido de la actual crisis sistémica analizaremos dos de ellos, la
recompra de acciones y los créditos fiscales. En este blog nos
centraremos en el primero.
Los directores generales de las grandes corporaciones, y no tan grandes, aceleraron en los dos últimos años la recompra de acciones de sus compañías vía deuda. Se trata de un acto de pura codicia destinado a impulsar su propia remuneración variable.
La remuneración basada en la cotización de las acciones de la empresa
no es solo imprudente y absurda, es socialmente depredadora.
El anterior récord en la recompra de acciones se produjo en 2008, en
plena burbuja inmobiliaria y financiera. Esta brillante estrategia
produjo pérdidas superiores al 50% en cuestión de meses. Pero no vayan a
pensar ustedes que alguno de los miembros de los distintos consejos de
administración dimitieron por semejantes errores estratégicos.
Lo peor
es que estos ególatras no volvieron a recomprar acciones a lo largo de
2009 y 2010, cuando podrían haber hecho su agosto con las valoraciones
en mínimos de la década. Después, cuando los mercados bursátiles
subieron un 100%, entonces, sí, comenzaron de nuevo los préstamos para
la recompra de acciones. En 2015 alcanzaron un nuevo récord histórico.
A medida que los CEO de las distintas compañías han pedido prestado
miles de millones para recomprar acciones, claramente sobrevaloradas e
infladas, han puesto la sostenibilidad a largo plazo de sus empresas en situación de riesgo extremo.
En definitiva, los hombres que dirigen estas empresas no tienen el
sentido común ni la más mínima preocupación por la viabilidad a largo
plazo de sus compañías.
En su momento recibirán un paracaídas de oro sin
importar lo bien o mal que lo hayan hecho. Pero este esquema de
recompra de acciones por los ejecutivos de las grandes empresas es sólo
uno de los métodos tortuosos utilizados para encubrir el fuerte descenso de los beneficios empresariales.
Tenemos una enorme burbuja generalizada a punto de reventar -los
descensos durante los últimos meses son meras correcciones-. Y de nuevo todo se parece a 2008:
política monetaria inefectiva que activa inflaciones de activos; unido a
un fraude contable impulsado por los excesivos y deficientes modelos de
compensación. Se trata de ocultar los malos resultados económicos y
financieros.
La creciente desesperación de los ejecutivos de las grandes
corporaciones es evidente, traduciéndose en trucos de contabilidad que
han hecho que en 2015 se haya dado la segunda mayor discrepancia de la
historia entre los resultados obtenidos y los denominados resultados GAAP (Generally Accepted Accounting Principles), sólo superada en 2008.
Las resultados bajo formato contable GAAP son la presentación de las
cuentas de una compañía basados en la utilización de los criterios
contables generalmente aceptados, es decir ajustadas a la normativa
contable estándar uniforme que tienen todas las empresas para presentar
su información contable.
Sin embargo, las compañías consideran que la
información contable bajo GAAP no acaba de explicar bien la evolución
real del negocio y deciden presentar a los inversores unas cuentas
formuladas sin seguir los criterios contables GAAP. Lo que se busca
presentando las cuentas distintas a criterio GAAP es intentar convencer a
los analistas que los resultados no son tan malos como indica la
contabilidad estándar.
En Estados Unidos, donde las estadísticas están más adelantadas, existe una desviación del 25% entre la fantasía, resultados no GAAP, y la realidad, resultados GAAP.
Se trata de la segunda mayor discrepancia tras 2008.
Su impacto en
valoración es brutal. Pero el aspecto más irritante de esta estratagema
generalizada -muy extendida también por estos lares- es la falta de
conciencia o reconocimiento de las malas praxis que en su momento
desembocaron en la crisis sistémica de 2008.
Hace tiempo las empresas dejaron de adoptar un enfoque de largo plazo.
Tienen una visión cortoplacista. No se fomenta la inversión a largo
plazo, solo la especulativa. Los líderes corporativos han respondido con
acciones que pueden ofrecer resultados inmediatos a los accionistas,
tales como recompras de acciones o aumentos de dividendos, mientras que
no han invertido suficientemente en innovación, mano de obra
especializada o gastos de capital necesarios para sostener el
crecimiento a largo plazo.
Es necesario utilizar políticas públicas para incentivar el largo
plazo. Ello supone reconocer el fracaso del mantra de la maximización
del valor de la acción, el fracaso de las políticas de oferta, el
fracaso de la actual política monetaria destinada a genera inflaciones
de activos, el fracaso de la política fiscal dedicada a incentivar la
financiarización de la economía global.
Pero, ¿saben ustedes que se está haciendo desde las esferas políticas patrias? Premiar las malas praxis favoreciendo nuevas artimañas fiscales para eludir legalmente el pago del impuesto de sociedades
-vía créditos fiscales-. España por obra y gracia de la élite patria se
ha convertido en un paraíso fiscal, donde la ciudadanía mantiene al
Estado, mientras que la banca y las grandes empresas socializan sus
pérdidas." (Juan Laborda, Vox Populi, 02/03/16)
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