"La fábrica ya no funciona. Fue competitiva y ambiciosa hace tiempo,
pero ahora ha quedado gripada y nada útil sale de sus cadenas de
producción. El desastre industrial va más allá de los meros intereses de
sus propietarios.
Había sido antaño una fábrica admirable, única, y sin
parangón en cuanto a productividad, que servía de modelo y suscitaba
envidia y emulación en todo el mundo; pero ahora, convertida en una
ruina, se ha transformado en todo lo contrario, motivo de sarcasmos para
los de fuera y zoco vergonzoso donde mercadean los de dentro con las
piezas del desguace.
Nadie como la Unión Europea
había producido tanta prosperidad, democracia y estabilidad en la
historia de la humanidad en los últimos siglos, hasta el punto de que la
adhesión al que era el club de los países más libres, civilizados y
ricos del planeta fue la liebre que hizo correr a muchos, entre otros a
España, desde las dictaduras a las democracias.
Tras el desenlace de la Guerra Fría,
también los países liberados del bloque soviético contaron con la UE
como pista de aterrizaje en la reunificación del continente. E incluso Turquía
transformó su sistema político custodiado por los militares e inició el
camino liberal espoleada por su candidatura a la integración.
La turbina que hacía funcionar aquella fábrica boyante eran los
criterios llamados de Copenhague, decididos en 1993, en una cumbre para
admitir nuevos socios, respecto a la estabilidad de las instituciones
democráticas, el Estado de derecho, los derechos humanos y la protección
de las minorías; criterios que Turquía se esmeraba en cumplir hace diez
años y que ahora vulnera a plena luz del día hasta el punto de
convertir la aceptación de sus incumplimientos en condición para su
cooperación ante la crisis de los refugiados.
La UE dio la espalda a Turquía, y especialmente las derechas francesa
y alemana, cuando se iniciaron las negociaciones de adhesión y Erdogan
acababa de llegar al Gobierno. Había temores demográficos, religiosos y
geopolíticos, que se expresaron con desenvoltura hasta bloquear las
negociaciones de adhesión cuando Ankara evolucionaba en la buena
dirección.
Ahora, en cambio, cuando se halla en plena involución hacia
un régimen personalista y autocrático, que coarta las libertades y ataca
a las minorías, la UE se echa en brazos de Ankara
y le da financiación, exención de visados para circular por la UE y la
luz verde para las negociaciones de adhesión, todo a cambio del control
del flujo de los refugiados.
Si al principio era la fábrica democrática europea la que estimulaba
el reformismo turco, ahora es el autoritarismo turco el que contamina a
la fábrica en ruinas. (...)
La crisis de los refugiados está cambiando Europa, hasta convertir el
solar donde estuvo la fábrica de democracia en el campo dividido donde
acampan y encienden las hogueras los populismos." (Lluís Bassets, ElPaís, 10/03/16)
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