"(...) A partir de ahora el Reino Unido discriminará por razón de pasaporte a
los trabajadores comunitarios que vayan a trabajar y a producir allí.
Las ayudas para menores, mujeres, o a la vivienda podrán no ser
concedidas por el mero hecho de no haber nacido en el Reino Unido.
Incluso la indexación para la revalorización de las mismas se hará con
respecto a los índices del coste de la vida del país de origen del
trabajador o trabajadora, algo que no tiene ningún sentido económico,
pero que sí marca, como si fueran apestados o ladrones, a aquellos que
decidan ir a trabajar al Reino Unido. (...)
La gran pregunta es, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Tal vez, el déficit
democrático de las instituciones de la UE y el propio euro expliquen
parte de la desafección que nos ha llevado hasta aquí.
Invocar todo el
sufrimiento y la miseria que asola a una gran parte del continente por
la doctrina monetaria y financiera de los criterios de Mastricht sólo se
justifica por el carácter de guerra fría entre acreedores y deudores
que se libra entre el gran capital y los señores que ocupan las
diferentes cancillerías. (...)
Esta guerra y la postura servil y dócil de la vieja Europa para con las
imposiciones del mundo financiero, cuyo origen emana de EEUU y Reino
Unido han marcado el origen y el desarrollo de las instituciones y
finalmente del propio euro, instrumento que solo garantiza el bienestar
real para Alemania que logra imponer su hegemonía industrial al
consumismo del sur, atrapándoles con el señuelo del consumo vía deuda,
eso sí no mutualizando la misma para que los ahorradores alemanes no
tengan que pagar, parcialmente, los vehículos y lavadoras que compran
los españoles. (...)
Con este panorama, no sorprende que cada vez se empiecen a escuchar
voces que, desde el rigor y el conocimiento, aboguen por un abandono del
proyecto europeo y se rescate la soberanía monetaria, cambiaria,
productiva, presupuestaria y normativa.
Todo lo vivido hasta ahora ha
sido una mera película falsa, en la que se pone como ejemplo la cantidad
ingente de trasferencias de renta que hemos recibido, pero no se netea
con las pérdidas de gran parte de nuestros sectores productivos que
tuvimos que desmantelar.
El proceso de convergencia ha sido un mero
espejismo, ya que, a la mínima, y dada la asimetría de dotaciones
iniciales, se impone el yugo financiero para que se cumplan los
preceptos de Mastricht, aunque solo se impongan siempre a los más
débiles, Portugal, España o Grecia, y no a los grandes cuando incumplían
sistemáticamente las verdades reveladas del Tratado de Mastricht. (...)
El señuelo de la libre circulación de personas y mercancías no ha
sido tal, y únicamente el capital financiero ha gozado de plena
capacidad de paso y asentamiento, lo cual viene impuesto por los grandes
grupos financieros que solo usan la UE para implantarse y lograr
plusvalías rápidas, ante la ausencia de rentabilidad a lo largo del
planeta.
El capital financiero ha sido el gran beneficiado de esta y las
anteriores crisis y por ello ante el mínimo obstáculo, como la timorata
tasa de transacciones financieras, vendida como un éxito por las
exhaustas fuerzas socialdemócratas del viejo continente, ponen firmes a
los redactores y logran fácilmente el vaciamiento normativo de la misma.
La Europa diseñada tras la II Guerra Mundial ha sucumbido ampliamente
a la influencia del capitalismo anglosajón y lo poco que queda, sanidad
y educación pública y gratuita, tienen los días contados cuando entre
en vigor el TTIP, algo que también votarán en secreto los ilustres
diputados de los dos grandes grupos políticos del Parlamento Europeo. (...)
En el fondo, Rajoy, Merkel, Hollande o Renzi no se diferencian en casi
nada. Con todo, es muy posible que, a pesar de todo, Cameron pierda el
referéndum y el Reino Unido salga de la UE. Sin duda, será el más
coherente de todos." (¿Para qué sirve la UE y el Euro?, de Alejandro Inurrieta, vozpopuli.com, en Caffe Reggio, 22/02/16)
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