"(...) Rajoy no existe. Podría ser otro. Es miembro de una segunda oleada de políticos de la Transi, que se dibuja en el staff de
todos los grandes partidos, cuyo cometido era seguir adelante y, como
en el chiste del astronauta español y los monos, no tocar nada y darle
de comer a los monos.
Pero desde 2010 lo han tocado todo. Todo. Y así ha
salido. Rajoy no existe. Está deslocalizado/hace lo que le dicen --"He's my bitch",
dijo de él Merkel, retratista minimal, una Baroja del siglo XXI --ese
pollo que, "Andrés era imbécil", no gastaba mucho presupuesto en
descripciones--, y escenifica una política también deslocalizada, en la
que el único rasgo local es el nacionalismo y los negocios.
Rajoy no
existe. Su política consiste en el silencio. Es decir, en no existir.
Sus únicas victorias son como las del Cid después de muerto. Calladito.
Es posible, en ese sentido, que esté muerto desde 1967. Hoy vuelve a
ganar.
Sin emplearse, a medio gas, lento, como un zombi gallego, deja KO
a un Sánchez que, por lo visto, existe menos que él y que,
paradójicamente, es el encargado de venderle, sin éxito, un Pacto que
mantendría a ambos vivos/en esa penumbra entre la vida y la muerte que
es la política española.
Sánchez, en las réplicas, intenta significar a Rajoy como
responsable de que no haya gobierno, y como irresponsable por no aceptar
este Pacto, en el que el PP encajaría perfectamente.
La apuesta por la
Gran Coalición, de hecho, se va perfilando a lo largo de la sesión.
Sánchez señala a Rajoy como culpable de que la cosa no tenga éxito, y no
al PP. Este Pacto, en fin, si quiere existir, tiene que pasar por la
defenestración de Rajoy, algo difícil en un partido vertical como los
que nos adornan.
Para todo ello apuesta por la repetición, uno de los
estilos más aburridos del mundo si no se emite desde un Ministerio de
Propaganda. Fracasa. Será Rivera --rayos, les he hecho un spoiler-- quien triunfe en ese cometido.
Turno de Pablo Iglesias. Empieza su discurso citando a los
muertos del día. Anarquistas. Puig Antich y los muertos de Vitoria.
Asesinados en dos momentos de los 70's para comunicar a la afición que
la Transi era un asunto de Estado. Decir esto en un parlamento puede
significar a) nada/una camiseta, o b) una muestra de referentes a tener
en cuenta en el tiempo. Ya veremos. Posteriormente engarza su discurso.
Tiene juego de piernas y golpes de humor. Es eléctrico y asume la
electricidad del 15M. Iglesias contribuye al empequeñecimiento de
Sánchez --a lo largo de la mañana se convertirá en el Increíble
Candidato Menguante--, comportándose como un presidenciable, desplegando
su programa, que no es otro que someter al Pacto a pitote/a otra
agenda, más cercana a la realidad.
Es decir, a la crisis. Tiene tiempo,
además, de coger al PSOE, sacarlo del marco en el que quiere estar
---somos un Gobierno de Cambio, quien no nos vote, vota al PP--, con un
"los mismos que le prohibieron pactar con nosotros le obligarán a pactar
con PP", cada vez más verosímil / sólo falla el PP. (...)
Habla Rivera. Pone --importante-- orden. Devuelve la cosa a un hilo. Un
hilo nuevo, que no ha sabido hilvanar Sánchez. El creador de un partido
vinculado con la extrema derecha, que nació en Catalunya, tras el pacto
PP-CiU, como protesta ante ese pacto del nacionalismo con otro
nacionalismo, y con el único fin de hacer una guerra lingüística, que
aún no han conseguido iniciar, tiene un olfato sobrehumano.
Ha sabido
oler la mitología local, organizarla y crear un producto nuevo y sexy.
Mezcla nacionalismo con épica setentayochista y sobriedad
socialdemocracia, esa cosa que, como les ocurrió a los cátaros, todo el
mundo ama tras su muerte. Ofrece un discurso que se come al PSOE, pero
que también hace mella en el PP.
Como Jack el Destripador, tiene pocas
ideas, pero se recrea en ellas con gran efectividad. Si el objetivo de
Sánchez era ceremoniar el aislamiento de Rajoy, Rivera lo consigue,
intensificando el fracaso de Sánchez. Durante unos minutos, la bancada
PP escucha a Rivera y su frente se rompe. Comprenden, zas, que el Pacto
no sólo es su destino, sino un buen destino. (...)
Este KO técnico lo han visto millones de telespectadores. El Pacto de
Gran Coalición, si alguna vez tuvo futuro, es ahora. Sólo hay que
esperar. Unas semanas, u otras elecciones.
Pero lo importante es otra cosa. Rivera ha implosionado el discurso del
PP, como Iglesias hizo hace poco con el PSOE. Sigan los discursos de
ambos dos grupos. Son el futuro. Eso no significa que triunfen como
partidos, pero sí que sus lenguajes puedan ser adaptados. Me temo que el
primero en serlo será el de Rivera.
En las réplicas, Rivera ya se
adorna, y emplea ese lenguaje, que perdió durante la campaña electoral
--un objeto más real que un parlamento, es decir, más sometido a
tensiones, por lo visto; el punto débil de Rivera parece ser cierta
fragilidad ante el estrés o la sobreexposición--, contra un Rajoy ya
desarmado. (...)" (Guillem Martínez , Contexto, 02/03/16)
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