"(...) Con esa estructura económica prefijada, ¿es posible una democracia real en la Unión Europea?
Es
una cuestión crucial, porque tenemos Estados democráticos. España es un
Estado democrático, tienes elecciones, tienes un Gobierno que necesita
el 51% de la representación parlamentaria.
Lo mismo en Grecia, en
Alemania, en Francia... El problema es que las decisiones importantes no
se están tomando en estos contextos de naciones democráticas, se
cambian a otra esfera, a Bruselas y a Frankfurt, principalmente. Todas
las decisiones importantes, todas y cada una de ellas, se toman allí.
Allí tienes a nuestros representantes sentados alrededor de una mesa,
pero en una situación en la que ellos no son capaces de implementar los
mandatos que sus pueblos les ordenaron implementar allí.
Así que tienes
comités en la sombra, burócratas, tecnócratas, etc. que están trabajando
entre bambalinas preparando todas las decisiones que son servidas a
nuestros representantes electos, que tienen poco margen para maniobrar.
La mayoría de ellos ni siquiera tiene interés en enfrentarse a este
terrible proceso. Y, al final, todos están de acuerdo en algo que no
están de acuerdo, vuelven a España, vuelven a Grecia y dicen: "No
estábamos de acuerdo, pero qué podríamos hacer si perdimos la
votación...". Todos perdieron la votación.
Así es que tenemos un
cuerpo de toma de decisiones que no está respondiendo ante nadie, porque
cada uno de ellos dice “esto es una decisión terrible, pero qué vamos a
hacer, esto es Europa”.
Al final, tienes una Europa que está gobernada
por una banda de burócratas en la sombra, de los que ni siquiera conoces
el nombre. No sabes que España está siendo gobernada por un tal mister
Thomas Wieser, jefe del Grupo de Trabajo del Eurogrupo.
Tiene mucho más
poder que Mariano Rajoy o Luis de Guindos. Y no tiene rostro.
Y él y
toda esta gente –Thomas es sólo uno de ellos– siguen implementando
políticas fallidas, pero nunca son despedidos por nadie porque nadie
puede echarles. Cuando tus dirigentes no pueden ser despedidos por ti o
por tus representantes electos, entonces ya no vives en una democracia.
Así
que esto no puede ser reformado. Tiene que ser cambiado drásticamente,
pero es importante para ir a la línea de salida de este profundo proceso
de refundación, que estabilicemos Europa. De momento Europa se está
desintegrando. Por eso necesitamos un movimiento popular y democrático
en toda Europa.
Eso es lo que empezamos a hacer en Berlín, al comenzar
el Diem25, lo que estamos haciendo en Madrid y lo que vamos a seguir
haciendo, y, si todo va bien, puede que consigamos un rayito de
esperanza y de éxito. Porque si nosotros fracasamos, Europa fracasa.
¿Por qué diez años? ¿Qué alianzas se tienen que tejer en ese plazo?
Europa
se está quedando sin tiempo. No sé cuántos años nos quedan. La UE, que
fue construida como un cártel y ha desarrollado una forma de moneda, el
euro, y que está intentando sobrevivir mediante austeridad y políticas
fallidas, está colapsando a nuestro alrededor.
¿Va a llevar uno, dos,
tres, cuatro años? ¿Podías imaginar hace un año que se volverían a
levantar fronteras entre Francia, Italia, Austria, Alemania, etcétera?
Es muy difícil de predecir, igual que el colapso de la URSS: sabíamos
que iba a producirse porque no era sostenible pero era muy difícil
predecir cuánto tiempo pasaría. Lo que decidimos hacer es decir “tenemos
como mucho diez años”.
Diez es un bonito número redondo. Es arbitrario,
sin duda, pero no puedo imaginar que esto vaya a durar mucho más de
diez años. Quizá tenemos dos o tres años, pero vamos a ponernos por lo
menos ese horizonte de 2025.
2015 fue un año importante, con la
primavera de Atenas, con la crisis de los refugiados, con el
espectacular fracaso de la UE de cumplir con las expectativas de los
europeos. Así que, proyectémonos entre 2015 y 2025, diez años, y digamos
“éste es nuestro periodo, ésta es la oportunidad de nuestra generación
para parar la caída al abismo”. Tenemos que hacerlo.
¿Por qué compara la situación actual con la de la Europa de los años 30?
Desafortunadamente,
las semejanzas son muy fuertes. Piensa en ello. En los años 20 tuvimos
un periodo de mucho crecimiento, los “felices años 20” –‘ragtime’ en los
Estados Unidos–, que se basaba en la creación de una moneda común,
uniendo muy distintas economías, hacia una moneda común basada en el
patrón oro con tipos de cambio fijos.
Eso creó un flujo masivo de
capital, de dinero, de los países prósperos hacia los países
deficitarios, que creó una apariencia de crecimiento y los mercados
bursátiles evolucionaron, se acuñó dinero privado, se creó esa ilusión
de un nuevo paradigma.
Esto colapsó en 1929, con la implosión de Wall
Street. Cuando creamos el euro, es como si estuviéramos copiando el
patrón oro, era exactamente el mismo modelo, el modelo fallido de los
años 20 se replicó en el corazón de Europa. Inmediatamente después de
eso, hubo un tsunami de capital que llegó a España, empujando los
precios de las casas hacia arriba, dando a España, Portugal, Grecia,
Irlanda una falsa ilusión de crecimiento. Y luego vino el colapso.
Nuestro 1929 ocurrió en 2008. Y poco después de eso, la moneda común de
nuestra era, el euro empezó a fragmentarse, y esa es la historia. Y
ahora Europa está fragmentándose igual que en los años 30.
Igual
que en los años 30 hay un aumento de la xenofobia, del racismo, nuevos
muros, nuevas divisiones en las mentes y los corazones, entre nuestros
pueblos y en el interior de nuestros pueblos.
Si no lo paramos, como se
intentó sin éxito en los años 30, empezando aquí en España con las
Brigadas Internacionales; si no tenemos brigadas internacionales
paneuropeas y democráticas en Alemania, Finlandia, Eslovaquia, Grecia,
España, vamos hacia una repetición de la historia no como una farsa
–como dijo Marx–, sino como una distopía. (...)"
(Entrevista a Yanis Varoufakis, economista y exministro de Finanzas de Grecia,
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