"La sociedad española y sus fortalezas han sido casi siempre fuente de
satisfacción para las autoridades, la economía y esa vida casi
autorregulada en que se han convertido los mercados –los de abastos
también-.
De entre las muchas cosas que se aprenden de sociólogas,
historiadoras, filósofas y economistas está lo escrito por María Ángeles
Durán hace ya tres décadas sobre la aportación esencial de la
estructura familiar y su organización –a cargo mayoritariamente de
mujeres- para la vida social y económica de España.
En el horario interminable de la doble jornada, el cuidado de la
familia completa –madres y padres, descendencia y otros lazos- corre a
cargo de las mujeres, que hace ya mucho salieron del hogar para
participar en espacios profesionales, fabriles y de servicios sobre los
que aún se mantiene el estereotipo de que fueron ocupados
mayoritariamente por hombres.
Pero la salida del espacio doméstico en
busca de vida y sueldo no ha cambiado la función cuidadora de las
mujeres que en su casa y en la ajena atienden entre todas a la sociedad
española al completo.
El tiempo que dedican al día, según lo ha
contabilizado María Ángeles Durán, no está sujeto a las medidas de la
economía ni de la política que ejercen las autoridades y quienes aspiran
a serlo. La lista de servicios que desempeñan es inmensa y Durán la
amplía en cada libro que escribe y en cada investigación que realiza. (...)
Hace también mucho que la sociología retrata las sociedades
mediterráneas –Salvador Giner en su prestigiosa palabra y colegas de
este, de Julio Carabaña a Olga Salido y Ana Arriba- como espacios donde
las familias están cohesionadas y apoyan a quienes viven en ellas,
sustituyen las carencias de los estados –o quizá, se ha sugerido
también, los estados desatienden a las sociedades porque saben del
soporte que desempeñan las familias.
Las familias han resultado espacios para la diversidad –unas veces
infernal, otras veces celestial y casi siempre soportable por las
ventajas que suele proporcionar a quien se beneficia de sus afectos y
servicios.
El papel de las mujeres en ellas es tan obvio como
permanentemente silenciado en los análisis. O quizá se ha calificado de
obvio para evitar mencionarlo. El silencio y la obviedad parecen
compartir aquí referencias mutuas y complicidades recíprocas.
No hay fortalezas insospechadas. Si fuera posible disentir –y todavía
lo es pese a los esencialismos en expansión- habría que recordar que
todo el sur de Europa resiste las dificultades económicas porque la
estructura social descansa en formas de vida articuladas entorno a
intercambios en los que el afecto juega mediatizado por los cuidados,
las atenciones y el trabajo en cada casa de las mujeres que se ocupan de
atenciones de todo tipo, tanto si además trabajan fuera de ella como si
no lo hacen.
La prueba más potente de ello es el fracaso del Estado al procurar
políticas de atención social. Ni la fiscalidad, ni las prioridades de
las políticas llegan allí donde han llegado las mujeres como soportes de
las estructuras básicas del Estado – cuando alguien cuidó a nuestra
prole, eran mujeres que por un rato nos sustituían.(...)
Y una más: tampoco el PIB contabiliza ese tiempo y su valía, ya que solo
suma el que se hace fuera del hogar o sirve fuera de él. Estamos lejos
de la creatividad analítica que la superación social española merece." (María Jesús Santesmases, ElPaís, 17/03/16)
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