"No son la izquierda marxista, casi siempre alejada del poder; ni la izquierda socialdemócrata, siempre acomodada en él. Son una criatura nueva. Son la izquierda “pura”.
“Las causas primarias del auge de estos movimientos son similares en Estados Unidos y en Europa”, declara a El Confidencial Matthew A. Baum, profesor de la John F. Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard.
“Sus ascensos pueden atribuirse parcialmente al resultado de la crisis financiera y de la Gran Recesión, que han golpeado sobre todo a las clases medias y pobres; a las medidas de austeridad, que han durado más de lo que deberían; y a la hipocresía que se desprende de haber rescatado a los bancos mientras se permitía que los ciudadanos siguieran hundiéndose. Todo ello ha provocado ira y resentimiento.
Las dinámicas no son idénticas, pero las fuerzas que mueven a los partidos 'anti-establishment' sí son parecidas a ambos lados del Atlántico”.
Estados Unidos ha visto, con perplejidad, el ascenso repentino de un personaje político de segunda fila: Bernie Sanders, un senador del pequeño estado de Vermont que se define a sí mismo como un socialista, ha liderado las encuestas de voto, aunque al final parece que no va a ser capaz de conseguir la candidatura del Partido Demócrata.
Hillary Clinton ha obtenido una victoria aplastante en casi todos los Estados que votaban delegados en el llamado Supermartes. Pero Sanders ha obligado a Clinton a escorar su discurso hacia la izquierda y, sobre todo, a poner en marcha la auténtica apisonadora electoral que rodea a los Clinton.
En Reino Unido el resultado ha sido favorable al candidato más a la izquierda del partido de izquierdas. Jeremy Corbyn se hizo el pasado septiembre con una victoria abrumadora del 60% de los votos contra otros tres candidatos. Ni siquiera otra estrella fulgurante del laborismo, Tony Blair, logró un apoyo tan claro en 1994.
Al igual que ocurrió con Sanders en EEUU, la victoria del británico
Corbyn estaba en el punto muerto del retrovisor de la mayor parte de los
analistas. Nada más vencer el parlamentario aseguró que ganaba porque
“la gente está harta de la desigualdad y de la injusticia”. Los
laboristas, como los demócratas estadounidenses, giraban a la izquierda. (...)
Los de Corbyn se han presentado con una narrativa propia contra las últimas políticas del laborismo, el blairismo imperante desde 1997
hasta 2010. Las consideran, por lo general, una traición al laborismo
“real”. Miliband, que había sido ministro del Gobierno, y los suyos,
eran, por ende, colaboracionistas. Los corbynistas, por el contrario,
representaban a la izquierda inmaculada.
En ese sentido el mensaje ha resultado muy similar al esgrimido por Podemos en España. Pero, mientras que Corbyn, al mejor estilo marxista, quería tomar la organización desde dentro y cambiarla, Pablo Iglesias ha elegido el camino de la 'sorpassokización': primero sobrepasar al partido hegemónico de la izquierda, el PSOE, y después hacerlo desaparecer como al Pasok griego. (...)
“Hay un componente de riesgo claro en las tres apuestas políticas: la base que quieren construir no es suficiente para llegar al poder”,
opina Jorge Galindo, politólogo del grupo Politikon. “Sanders está
claro que no va a ganar. Corbyn e Iglesias pretenden condicionar la
política desde una minoría que se vaya haciendo más grande. Pero no es
probable que lo consigan porque las coaliciones se construyen en otros
puntos del espectro político. En sitios más polarizados, como en Grecia, es otra historia”.
El
candidato que más ha distorsionado el runrún de mensajes políticos de
la izquierda en su país quizá sea Bernie Sanders. En el fondo, el
Partido Demócrata estadounidense está a la derecha del Partido Popular
español en muchos aspectos. Y es en ese contexto en el que el senador de
Vermont ha lanzado sus mensajes abiertamente socialistas.
Quiere aumentar el salario mínimo, eliminar las deducciones que alegran
las cuentas fiscales de las grandes corporaciones, promover la posesión
de los trabajadores de ciertas empresas en forma de cooperativas, lanzar un plan de inversión para generar empleo y romper los bancos “demasiado grandes para caer” en otros más pequeños. (...)
Los politólogos consultados insisten en resaltar el hecho de que, al
igual que los partidos de izquierda giran a la izquierda, crecen los
movimientos populistas radicales de derechas. Por cada Pablo Iglesias
surge una Marine Le Pen, por cada Jeremy Corbyn, un Nigel Farage, y por cada Sanders, un Donald Trump.
“Donde parece haber algo en común es en la reacción a la división entre ganadores y perdedores de la globalización;
una división que no es nueva ni sale de la crisis, sino que llevamos 20
años viendo cómo cristaliza”, opina Galindo.
A eso se añade, en el caso
de la derecha, el ingrediente anti-inmigración y racista. Donald Trump y
su guerra contra los mexicanos; Le Pen y su confrontación con los musulmanes; Nigel Farage y su antieuropeísmo.
“Creo que la política occidental ve cómo suben todos los partidos populistas y anti-establishment, ya sean de izquierdas o de derechas,
y ello de forma simultánea”, concluye el profesor Bann. “La crisis
migratoria ha hecho ganar tracción en particular a los populismos de
derechas”. (...)" (Mario Saavedra, El Confidencial, 22/03/16)
No hay comentarios:
Publicar un comentario