"¿España en el agujero? Los jueces excavan en el aparente pozo sin fondo
de la corrupción política mientras los partidos anteponen su provecho
particular a la estabilidad institucional y al interés general.
La
precariedad e incertidumbre laboral caracterizan el estado ordinario de
muchos jóvenes llamados a emigrar al tiempo que la mitad de los
catalanes y vascos se colocan mentalmente con un pie fuera del viejo
solar común.
¿Cabe contraponer a esta situación la batería de
fortalezas: inteligencia exportadora creciente, red de seguridad
familiar, espíritu de adaptación y sacrificio, disposición al
asociacionismo y la reinvención de alternativas políticas... demostrada
por la sociedad durante la doble crisis económica y política o eso sería
situarse al otro lado del espejo, en el espacio del voluntarismo y la
ficción?
España no ha salido noqueada de las durísimas pruebas a que ha estado
sometida en estos seis últimos años. Hubo momentos en los que pareció
tambalearse medio grogui a expensas de las sacudidas de la
crisis, pero en esta larga travesía del desierto ha mostrado una
capacidad de resiliencia insospechada.
"Tenemos una sociedad civil mucho
más potente y articulada de lo que cabía pensar", sostienen los
economistas Rafael Myro, José Luis García Delgado y Juan José Dolado;
los politólogos Fernando Vallespín y Carol Galais, el antropólogo Carles
Feixa, el sociólogo Pau Mari Klose y el psicólogo social Enric Pol.
En
sus análisis, asoma continuamente la idea de que la sociedad española
está por encima de sus políticos: que es más capaz, más dinámica y
creativa, más habilitada para la superación y el cambio. (...)
"En término relativos respecto al PIB, España es la tercera economía
europea en intensidad inversora en el exterior y la segunda en
intensidad receptora. Tenemos un tejido productivo más sólido y
competitivo de lo que habitualmente se cree. Gracias a él, entre 2006 y
2013, la inversión exterior directa en España hizo aumentar el empleo el
5,25% y los salarios reales un 1,89%, además de facilitar el 30% de las
exportaciones españolas.
Ya hay 600 empresas que exportan por encima de
los 50 millones de euros. Pero la garantía de que el crecimiento se
asiente solo puede venir por un cambio del modelo productivo que consiga
una alza de la productividad, la base de la mejora del nivel de vida de
la población, el sostenimiento de la competitividad en precios de los
productos y la continuidad en la internacionalización de las empresas",
subraya Rafael Myro, autor del estudio "Claves del éxito de las
exportaciones españolas".
Los analistas establecen una relación directa entre el cambio social
producido en estos años y el cambio político en marcha. "La crisis
económica e institucional no se ha topado con una sociedad pasiva,
inane, sin capacidad de respuesta; más bien ha actuado de revulsivo,
estimulando readaptaciones y modificando comportamientos.
Al dejar al
descubierto las debilidades del modelo productivo, al destapar la
corrupción y al poner de manifiesto el defectuoso funcionamiento de las
instituciones, la crisis ha tensado la capacidad de respuesta social y
el resultado es un intenso proceso adaptativo y de renovación", sostiene
José Luis García Delgado.
También Fernando Vallespín pone el acento en
el dinamismo-activismo que ha llevado a aguzar el espíritu crítico ante
las ineficiencias y carencias y a convocar a una nueva moral pública más
estricta y exigente, menos permisiva. "Hay un cambio de pautas en la
manera de enfocar el mundo de lo social.
La gente se agrupa, se asocia,
comporte problemas, proyectos y soluciones. Se ve en la resistencia,
creatividad y capacidad de adaptación del mundo del teatro, en la
proliferación de los medios de comunicación digitales, en muchas áreas.
Esta es una sociedad que se mueve", indica.
España es hoy una sociedad más desconfiada, menos articulada y feliz
que al inicio de la crisis, pero ahora parece dispuesta a regenerar su
sistema, a involucrarse en la marcha de la política, a vigilar el
funcionamiento de sus instituciones.
Trocar el estallido de indignación
de 2011 en acción positiva, saber encauzar hacia la participación
política las emociones negativas de rechazo al estado de cosas ha sido
un valor que ha enterrado el eslogan "No nos representan". A derecha e
izquierda, la sociedad se ha organizado desde abajo procurándose
alternativas profilácticas llamadas a devolver la honestidad y la virtud
a la vida pública.
Gracias a ese caudal de ilusión social, cristalizado
en nuevas alternativas, el sistema ha empezado a revitalizarse y
renovarse y, contra lo ocurre en la casi totalidad de los países
europeos, lo está haciendo sin recurrir a la xenofobia. (...)
Tampoco la violencia y la criminalidad han aumentado durante la crisis,
incluso la población reclusa ha descendido. ¿Cómo es posible que una
sociedad tan castigada por el paro no haya conocido erupciones de
violencia social en un período crítico, en el que además se han
recortado las ayudas sociales?
No es solo porque el consabido colchón de
la familia española ha evitado que muchos hogares cayeran en la
precariedad extrema, ni por el amplio suelo de economía sumergida
estructural. "Un muro de contención ha sido el voluntariado que ha
crecido mucho en estos años de crisis y ha hecho bueno el dicho de que
la gente da lo mejor de sí en la dificultad.
Muchas organizaciones de
ayuda a los más necesitados se han mantenido pese a la retirada de las
subvenciones gracias a que los voluntarios pagaban de su bolsillo gastos
como el de teléfono.
En Vallecas, hemos visto a reclusos en régimen de
semilibertad repartiendo comida a extranjeros que malviven entre
nosotros", señala María Navas, periodista de la Plataforma del
voluntariado de España. (...)
Además de la gran válvula de escape de la emigración –no hay
estadísticas fiables pero se sabe que se han ido 10.000 médicos-, muchos
jóvenes tratan de convertir sus aficiones personales en autoempleo,
casi siempre en el campo de la precariedad, la palabra clave de los
tiempos que corren.
Dice Enric Pol que la "capacidad de recuperación, de
reinvención, de resiliencia, del ser humano y de la sociedad misma
lleva inexorablemente a probar nuevos modelos de vida y organización".
En la crisis o fuera de ella y sea cual sea el rumbo que el país vaya a
adoptar en su actual proceso de cambio, parece claro que la sociedad
española tiene la piel más dura y flexible, es más capaz y virtuosa que
lo que el morboso pesimismo histórico predica." (José Luis Barbería, El País, 14/03/16)
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