"(...) El déficit galopante de la Seguridad Social es otro efecto colateral
de estas políticas. A los especialistas ortodoxos les gusta explicar el
problema en clave meramente demográfica.
El envejecimiento de la
población provocado por la mayor longevidad (lo que debería considerarse
un éxito social) se traduce en un aumento del volumen de pensiones a
pagar (más gente pensionista y pensiones individuales más elevadas) al
tiempo que se estrecha la pirámide poblacional. Esto es sólo parte de la
verdad.
Hasta 2007 la Seguridad Social tenía superávit, la salida de activos
se compensaba con la llegada de inmigrantes y las rentas salariales en
crecimiento (en volumen) incrementaban los ingresos de caja. El déficit
ha sido sobre todo provocado por tres factores: la caída del empleo
‒mucha menos gente cotizando‒, la caída de las contribuciones de los que
han obtenido empleo tras el crac ‒la precarización, la extensión de los
contratos a tiempo parcial y los ajustes salariales reducen lo que cada
cotizante medio aporta a la caja única‒ y la política de empleo del
Partido Popular.
Esta política se ha basado en subvencionar generosamente a las
empresas con desgravaciones en las cuotas de la Seguridad Social. En
general, la política de subvenciones al empleo se considera ineficaz,
porque hay más “peso muerto” que otra cosa: la mayor parte de
subvenciones va a parar a los bolsillos de empresas, que hubieran creado
empleo sin las mismas.
Pero esto no es todo, anteriores gobiernos
también practicaban estas políticas, pero de forma algo más sensata.
Cuando a una empresa se le desgravaba, el Gobierno aportaba a la caja de
la Seguridad Social el importe de la misma con el objetivo de mantener
el equilibrio financiero. El Gobierno de Rajoy acabó con ello, y ahora
lo que se descuenta a las empresas se deja de ingresar.
Es una más de
las acciones socialmente criminales de la política económica del actual
gobierno (como el recorte de impuestos), y no parece tener otro objetivo
que aumentar los problemas financieros de la Seguridad Social para
justificar una nueva etapa de desmantelamiento parcial. El argumento que
seguirá a la crisis financiera es previsible: recortes a las pensiones,
sobre todo a las altas (sonará progresista) y nuevas medidas de
promoción de los planes privados.
Es cierto que los cambios demográficos afectan a cualquier modelo de
Seguridad Social, y que la sostenibilidad financiera y social de la
misma es una cuestión central. Pero hay que sacar el debate del estrecho
espacio del discurso oficial, que simplemente conduce a recortes y
ajustes inicuos (que desconocen la complejidad de situaciones que genera
el mercado laboral) y debe considerarse no sólo la relación entre
Seguridad Social y empleo, sino también cuestionarse que la base de las
pensiones sean exclusivamente las rentas salariales.
El debate sobre la
sostenibilidad conduce al debate central sobre la distribución de la
renta y sobre el papel que tiene el sistema impositivo en la misma. La
defensa numantina del modelo actual sirve para movilizar a la gente en
reclamación de sus derechos.
Pero difícilmente podrá sostenerse cuando
exista una amenaza creíble de quiebra del sistema. Por eso es más
necesario que nunca oponer una perspectiva más amplia y abrir el debate
en términos de regulación macroeconómica, fiscalidad y política laboral. (...)" (Albert Recio Andreu, Mientras Tanto, 31/05/16)
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