"(...) La aparente calma que nos envuelve tiene bases endebles, con fecha de caducidad.
(...) el pasado miércoles, el BCE elevó su apuesta y comenzó a adquirir deuda de las grandes empresas del área. Con ello, añade la deuda privada a su cesta de la compra, junto a la
pública y a la barra libre de crédito, hinchando su balance e
imprimiendo cada vez más dinero para financiar esas operaciones.
Pero la caída de los tipos de interés tiene lados menos amables. En
Alemania, desde la banca grande, mediana y pequeña, todo son lamentos:
su esquema de negocio se está hundiendo y, con ello, peligra tanto el
exitoso modelo de financiación empresarial como la remuneración del
ahorro de sus frugales ciudadanos. Que son, junto a los suecos, los que
más ahorran en Europa.
Desde España o Italia, voces autorizadas del
sistema financiero se han unido a esas críticas, señalando los perversos
efectos sobre la rentabilidad de un sector, el financiero, que no está
para alegrías. Para tener el panorama completo, añadan la preocupación,
en Francia o en Alemania por ejemplo, de las empresas de seguros y fondos de pensiones.
Tan compleja es la situación que el Bundesbank ha
dedicado su último informe sobre estabilidad financiera a los riesgos
que ensombrecen el panorama del sistema financiero germano. (...)" (¿Acción desesperada?, de Josep Oliver Alonso, La Vanguardia, en Caffe Reggio, 10/06/16)
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