(...) “En muchas comunidades de clase trabajadora, la gente se está
preparando para votar a favor del Brexit no solo como una manera de
decirle a la élite neoliberal que están hartos. También quieren
incomodar a los trabajadores urbanos, liberales y con educación
universitaria. Muchos de los que están involucrados sienten que esta es
su primera decisión política efectiva”, ha escrito hace unos días Paul Mason –contrario al Brexit– en The Guardian.
Hay en Reino Unido, como en otros países europeos, una corriente antiestablishment que cuestiona los hechos asumidos por la clase dirigente, incluyo más allá de cuestiones ideológicas. El FMI, la OCDE, la OTAN y otros organismos internacionales han recomendado que el Reino Unido continúe en la UE. Pero también lo han hecho casi todos los dirigentes laboristas y sindicales, incluido Jeremy Corbyn o figuras de la izquierda como Owen Jones. (...)" (Iñigo Sáenz de Ugarte, 23/06/16)
"(...) No es una casualidad que Escocia e Irlanda del Norte, y por supuesto, las cosmopolitas Oxford, Cambridge y Londres hayan votado a favor de quedarse, mientras que “El Norte” inglés haya optado por el Brexit.
Hay en Reino Unido, como en otros países europeos, una corriente antiestablishment que cuestiona los hechos asumidos por la clase dirigente, incluyo más allá de cuestiones ideológicas. El FMI, la OCDE, la OTAN y otros organismos internacionales han recomendado que el Reino Unido continúe en la UE. Pero también lo han hecho casi todos los dirigentes laboristas y sindicales, incluido Jeremy Corbyn o figuras de la izquierda como Owen Jones. (...)" (Iñigo Sáenz de Ugarte, 23/06/16)
"(...) No es una casualidad que Escocia e Irlanda del Norte, y por supuesto, las cosmopolitas Oxford, Cambridge y Londres hayan votado a favor de quedarse, mientras que “El Norte” inglés haya optado por el Brexit.
Sin
embargo, la división no es tanto geográfica, nacional, ideológica ni
cultural, sino más bien social. Los que han votado a favor de la salida
son mayoritariamente los perdedores de la globalización. Individuos de
más de 50 años de edad, sin estudios, del ámbito rural o clase obrera, y
con unos ingresos bajos. Este conjunto de personas, sin conexión
aparente más que su rechazo a las élites, han logrado una suerte de
rebelión de las masas.
Con este voto han conseguido sacudir los pilares
del establishment. Tanto que han forzado la dimisión del hasta ahora
primer ministro David Cameron, que había logrado una mayoría absoluta en
las últimas elecciones. El mensaje de esta masa descontenta se podría
interpretar de la siguiente manera: nos da igual lo que nos diga el
gobierno y los expertos.
A nosotros nos va (relativamente) mal, y
estamos dispuestos a arriesgar que le vaya peor al país –sobre todo si
también los de arriba sufren de una vez– mientras consigamos un cambio
de rumbo… el que sea.
Lo significativo de este referéndum es que
los que han pedido cambio no son los jóvenes radicales. La mayoría son
personas de edad avanzada, tradicionalmente más conservadoras, con más
que perder y reacias al cambio. ¿Cómo se explica esto? Hay dos posibles
respuestas, no excluyentes.
La primera es que la desigualdad en el Reino
Unido ha llegado a tal punto que mucha gente mayor se ha quedado sin
activos y por lo tanto tiene poco que perder. La segunda es que aunque
tengan propiedad y ahorros estén atemorizados con los cambios y la
incertidumbre que se les vienen encima.
La globalización, las nuevas
tecnologías, el mestizaje, la emergencia de China, el terrorismo… la
lista es larga. Para ellos votar Brexit es un acto rebelde y romántico a
la vez. Un deseo de volver al siglo XX donde todo era más fácil y
predecible, y la libra esterlina compraba más que unas simples
vacaciones en Benidorm. (...)" (Miguel Otero Iglesias, eldiario.es, 25/06/16)
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