"(...) invitamos a abrir la discusión sobre la única escala territorial que en última instancia resulta determinante: Europa.
1. La Unión Europea es el mayor experimento político de la
era neoliberal. Ese experimento ha consistido en la creación de una
esfera (meta)estatal, especializada fundamentalmente en la regulación
económica, ajena a la presión democrática y, a su vez, sometida a
presiones muy difuminadas, pero encabezadas por los grandes lobbies
corporativos.
Su propósito no ha sido otro que el de dirigir la
extracción y centralización del beneficio a escala continental.(...)
2. La crisis europea es la crisis del capitalismo financiarizado. Esta
crisis es, en última instancia, el resultado de la imposibilidad que
tiene el capitalismo actual para ofrecer más orden social que el del
crédito y su reverso, la deuda. Europa y el capitalismo financiero, al
que en definitiva representa políticamente, tienen poco que ofrecer, tal
y como se muestra en casi una década de políticas de austeridad. (...)
Desde un punto de vista político, las políticas de austeridad no son
únicamente, ni siquiera fundamentalmente, políticas de recortes y
privatizaciones, sino la imposición, para un 80% de la población, de un
férreo imaginario de la "escasez": un "no hay suficiente para todos".
Se
explica así que un millón de refugiados, cifra que en otras épocas
históricas hubiera resultado insignificante, pueda generar hoy un
terremoto político a escala continental.
Los comedores sociales muy frecuentados por "nativos" en Alemania ya
existían antes de la llegada de los refugiados; estos simplemente los
han visibilizado. (...)
3. La legitimidad de la Unión Europea es el fruto del fuerte desarrollo
desigual dentro del continente. La percepción de Europa como sinónimo de
libertades y derechos resulta todavía fuerte en las periferias y
semiperiferias europeas, que han experimentado una carencia histórica de
esos mismos derechos y libertades. Esas demandas han vuelto sobre los
países centrales alimentando el mito de la misión civilizatoria europea:
una suerte de retorno de los viejos sueños de su pasado imperial.
(...) como cuando en la España felipista las clases medias
nacientes clamaban por Europa. Estas pedían al Estado bienestar y
derechos, y en el mismo paquete recibían neoliberalismo y
financiarización, entonces fuerzas ascendentes en el continente.
4. La salida o no del euro es un falso debate. El vínculo monetario
no es la principal atadura que une a los territorios europeos. Por
debajo de la unión monetaria, se ha configurado una división continental
del trabajo. Los territorios europeos, también en las escalas regional y
local, se han especializado en distintas actividades, en distintos
puntos de un mismo proceso productivo.
El centro mantiene sus funciones como exportador y centralizador de
capitales, la semiperiferia sur consume a crédito los productos de esas
mismas líneas de exportación y da salida al exceso de capital
centralizado mediante burbujas inmobiliarias. Por último, los países del
este ponen la fuerza de trabajo, ya sea como inmigración o como
outsourcing de segmentos productivos de los países centrales.
Salir de la moneda común no implica, bajo ningún concepto,
escapar de este entramado de relaciones. No sólo no es sinónimo de
independencia y soberanía, sino que puede servir como multiplicador de
la dependencia y la falta de soberanía.
La pregunta pertinente, la que
interpela a los países centrales para que asuman la responsabilidad
material que les corresponde en el establecimiento de un modelo del que
son beneficiarios, pero que construimos entre todos, no es sencilla. No
obstante, los atajos están invalidados, y la salida del euro es uno de
ellos.
5. La construcción de la Unión Europea como una fuerza
supraestatal neoliberal no anula los Estados-nación, sino que los usa
para sus propios fines. Los Estados nación sirven, como por otro lado
suele ocurrir cada vez que el capital se ha reconstruido en la esfera
transnacional, como diques de contención de los efectos que generan las
directrices económicas de la UE.
Las políticas de austeridad vienen de
Bruselas, pero es el Estado español, incluidos ayuntamientos y
comunidades, quien tiene la responsabilidad de gestionar el malestar que
generan los recortes y las privatizaciones. (...)
6. Mientras no haya democracia en Europa no puede haber democracia en los Estados que la integran.(...)
Podemos poner todas nuestras fuerzas en derribar al PP y a Rajoy, pero
desde el punto de vista europeo y durante los últimos dos años, estos
han sido sostenidos por las políticas expansivas del BCE y el perdón de
los recortes de la Comisión. Podemos centrarnos en superar al PSOE y
dejar atrás a Ciudadanos, pero estos dos partidos sólo son peones en los
próximos ajustes que ordenará Bruselas.
Podemos preparar el más
impecable programa económico neokeynesiano, hasta Schäuble podría
apreciar su interés y belleza formal, al mismo tiempo que ordena
destrozarlo. Hasta que no seamos capaces, y no es sencillo, de politizar
la esfera europea, de dar un salto de ambición y de responsabilidad,
cualquier demanda social tendrá que ser reajustada a la baja y cualquier
terreno conquistado lo será solo temporalmente. (...)" (Isidro López, Emmanuel Rodríguez, CTXT, 11/06/16)
No hay comentarios:
Publicar un comentario