"(...) En medio del desconcierto, los
periodistas le preguntaron a Schulz si, en su opinión, el Brexit sería
realmente aplicado. “No se puede consultar al pueblo y después decir que
el resultado no me interesa”, respondió.
Quedó flotando en el
aire el recuerdo de cuando, hace menos de un año, el referendo griego
rechazó las políticas de austeridad que las instituciones europeas le
impusieron.
"¿Debe ser aceptado el proyecto de acuerdo
presentado a Grecia por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y
el Fondo Monetario Internacional en el Eurogrupo del 25 de Junio de
2015?", fue la pregunta que el gobierno le hizo a los griegos el 6 de
julio del año pasado. Un 61,3% de los electores dijo “no”.
Es
conmovedora la descripción del lo que ocurrió en las plazas griegas, al
conocerse el resultado: “Atenas exploto anoche en una gigantesca fiesta,
en una especie de trance colectivo. Las bocinas de los coches, los
vítores, los pitidos, los cánticos y los gritos de ‘¡¡¡Hemos ganado,
hemos ganado!!!’ inundaban la ciudad. La gente festejaba en las calles
la aplastante diferencia de casi 20 puntos obtenida por el 'no', y que
ha hecho realidad la pesadilla de la canciller alemana Angela Merkel” .
Sabemos lo que ocurrió después. La troika, los organismos financieros y
los representantes de la zona del euro aplastaron a los griegos, pese a
su votación, con la complicidad del gobierno de ese país.
Lo
hicieron con escarnio. Había que evitar toda tentación de repetir la
rebelión. Les dijeron que su voto no valía frente a las políticas de
austeridad europeas.
¿Alguien le creerá a Schulz cuando dice
ahora que “No se puede consultar al pueblo y después decir que el
resultado no me interesa”. ¿No tendrá nada que ver la decisión británica
con el resultado del referendo griego? All the knives are out.
Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas alemán, uno de los más duros
contra los griegos en esas negociaciones, también amenazó a Gran
Bretaña. Trató de intimidar a los partidarios del Brexit.
En
abril, durante una reunión del Fondo Monetario Internacional (FMI) en
Washington, le advirtió al canciller británico que Alemania no le haría
fácil la negociación en caso de un triunfo del Brexit. Prefiero que se
queden pero, si se van, el proceso no será fácil, le dijo.
Conocido el resultado, Schäuble afirmó: – El procedimiento para una
salida de la Unión Europea está regulado de manera clara y será
aplicado. En su opinión, “eso crea confianza”.
La amenaza de
Schäuble funcionó bien en Grecia, un país miembro del euro cuyas arcas
estaban vacías. Él lo sabía: sin nuevos préstamos los bancos griegos no
abrirían el día siguiente.
Pero Inglaterra es otro cosa. En
primer lugar, no es miembro del Eurogrupo, tiene su propia moneda. Aun
antes de las reacciones en Bruselas, Mark Carney, gobernador del Banco
de Inglaterra, hizo una corta y discreta aparición en televisión.
Dijo
lo siguiente: el Banco de Inglaterra ha realizado pruebas de stress a
los bancos más severos que los desafíos enfrentados normalmente por el
país. Como resultado de esas pruebas, los bancos aumentaron su capital
en 130 mil millones de libras y tienen más de 600 mil millones en
activos líquidos de alta calidad. “Este importante capital y alta
liquidez les da a los bancos la flexibilidad que necesitan para
continuar a prestar a las empresas y las familias, aun durante estos
tiempos desafiantes”.
Y agregó: además, el Banco de Inglaterra está
listo para proveer más de 250 mil millones de libras en fondos
adicionales mediante sus procedimientos habituales. (...)
¿Va a lanzar Schäuble otra Batalla de Inglaterra? ¿Va a transformar a
Farage en el líder de la resistencia británica. All the knives are out.
Este desaire no es difícil de explicar, dijo Laurente Joffrien, director
del periódico francés Libération, refiriéndose al resultado de la
consulta británica. “Una Europa sin alma, sin proyecto común, sin
reacción inteligente sobre la crisis migratoria, sin un plan eficaz para
salir del marasmo, no atrae a nadie”.
¿Un voto negativo, se preguntó.
“No, majestad, una rebelión popular. Con resultado claro, contra las
advertencias de las gran mayoría de las élites económicas,
intelectuales, políticas y sindicales, el pueblo británico decidió
romper con la Unión europea”, se respondió. (...)
Se perdió, dijo David Held, profesor de Política y Relaciones
Internacionales en la Durham University, por los años de políticas de
austeridad promovidas por Cameron y Osborne (su ministro de Hacienda)
que dejó el nivel de vida de la gente disminuido y muchos
marginalizados”.
“La UE ha sido un proyecto de élite, en el que
las decisiones clave se toman detrás de una puerta cerrada, entre las
potencias líderes, a menudo sin considerar a los pueblos de Europa, que
se han sentido agraviados, alienados y desconectados”. (...)
Como dijo Held, el orden institucional de posguerra cruje bajo el peso,
entre otras cosas, de la creciente desigualdad de ingresos y de la
riqueza en Europa y en el mundo. El referendo británico está en el
centro de esa crisis, que amenaza, en su criterio, con transformarse en
un abismo en ese orden creado después de la II Guerra Mundial. Todos los
cuchillos siguen desenvainados." (Gilberto Lopes , Rebelión, 01/07/16)
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