"(...) Mitchell cita un artículo que Stiglitz escribió tras el Brexit: “La
libre migración dentro de Europa… (da lugar a)… una bajada de salarios y
un mayor desempleo, mientras que los empresarios se benefician de mano
de obra más barata.”
Esto es, francamente, increíble. Puesto que se han hecho muchas
cábalas en torno a la inmigración, me he dedicado a investigar el tema.
No he encontrado ni un solo estudio serio que demuestre, negro sobre
blanco, que la libre migración da lugar a una bajada de los salarios y
un mayor desempleo. El nocivo discurso del dumping social –los extranjeros nos están quitando el trabajo– es una fabulación xenófoba y racista (ver aquí).
Va más allá de eso. El dumping social es “la tarea, emprendida por
participantes del mercado en su propio interés, de socavar o evadir las
regulaciones sociales existentes con el objetivo de lograr una ventaja
competitiva” (ver aquí).
Se ha argumentado y comprobado que la creación del mercado común y la
expansión de la UE hacia el este y hacia el sur han facilitado el dumping
social, al proporcionar a los participantes del mercado nuevas
oportunidades estratégicas para luchar contra las normas sociales.
Por
concretar, lean “empresarios” en vez de “participantes del mercado” y
“derechos sociales” en vez de “normas sociales”. El dumping social, si acaso, es una razón para que la izquierda defienda a los trabajadores inmigrantes.
El dumping social sólo existe porque los empresarios y los
estados miembros están rompiendo leyes y normas –entre ellas las normas
europeas: no pagar a la gente el salario mínimo, obligarles a hacer
horas extra sin remunerar, negarles las bajas por enfermedad y las
vacaciones–. Esta es la realidad del dumping social.
Ya lleva mucho tiempo sucediendo (ver aquí). Una de las razones es que la izquierda aceptó el discurso dominante del dumping
social. Ningún partido político ganará votos defendiendo a los
trabajadores extranjeros –al menos ningún partido político que no halle
el coraje para explicar que el problema no son los trabajadores
extranjeros, sino los ricos y los poderosos–.
Pero esto suena demasiado
socialista para el Zeitgeist, así que ni lo intentemos. Los
sindicatos no defenderán a los trabajadores extranjeros, o al menos no
tanto como a sus “propios” trabajadores. Esto es, por supuesto, una
pendiente resbaladiza. (...)
Respecto al bienestar social y otras contribuciones, el caso es tan
extremadamente simple que ni siquiera la derecha se atreve a mentir
sobre ello: el balance de la inmigración es positivo. Los trabajadores
inmigrantes aportan más de lo que se llevan.
Son, de media, más jóvenes,
menos enfermos y mejor educados. Si hay un fraude al Estado de
bienestar, es habitualmente negativo: la gente evita pedir beneficios a
los cuales tiene derecho porque, dado el clima político orwelliano, no
quieren acabar teniendo problemas con Inmigración.
Owen Jones lo explica
aquí. La Fundación Joseph Rowntree, de tendencia socialdemócrata, publicó varios informes al respecto (ver aquí). No hay duda de que es una realidad. (...)" (Will Denayer, CTXT, 27/05/16)
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