21.11.16

Así se vive sin luz: cocinar con alcohol en una lata y tirando de ducha portátil



"En casa de Pilar quien mejor vive son los gatos. Tiene tres, y se pasan el día saltando entre los muebles o dormitando en el sofá. Su dueña, en cambio, tiene que avanzar a tientas, tratando de no tropezar con la mesita del salón o con cualquiera que sea el cacharro que hayan tirado los gatos al suelo.

 Pilar vive a oscuras desde el año 2012, una odisea en la que su hijo José, de 21 años, la acompaña desde el año pasado. 

día dejó de pagar la electricidad, se la cortaron, reconectó los cables y le respondieron llevándose el contador. Así hasta hoy. Una deuda de 500 euros con Gas Natural Fenosa la ha convertido en una paria social, más cercana a los rigores del siglo XIX que a las comodidades de nuestro tiempo.

"Los primeros días fueron horribles, una sensación de impotencia enorme. Me han hecho sentir una delincuente, pero mi único delito es no tener dinero para pagar", relata Pilar, 52 años, técnica en ofimática en paro. 

 "En el bloque me miran fatal porque claro, tampoco pago la comunidad. Piensan que estoy loca. No entienden que si no tengo luz es porque no puedo. ¿Quién va a querer vivir así por gusto?". La mujer habla sin tapujos y con la confianza que dan casi cinco años sobreviviendo a la miseria. Incluso se permite bromear sobre el estado cochambroso de su vivienda: "Aquí el polvo y el desorden no se notan, es una ventaja". 

 Su única exigencia es no revelar su identidad. "Es por el trabajo. A nadie se le ocurriría contratarme si supiera que vivo así. Ya bastante me cuesta explicar que soy informática pero no tengo internet en casa".

 Pilar relata sus desventuras mientras prepara la cena iluminada por una luz led. El menú de hoy consiste en una tortilla mexicana, unos dados de jamón york y salsa picante. Los guarda en la nevera, por eso de la costumbre. En el interior hay una rodaja de piña, una bolsa abierta de ensalada, alguna lata de conserva, sal, ketchup, mayonesa y un par de tomates arrugados.

 "Como comprenderás no puedo comprar carne ni pescado, primero porque cuestan dinero y luego porque necesitan frío. Lo más elaborado que hago son salchichas y cuando puedo lentejas. Y porque mi hijo vive ahora conmigo, que si no ni eso. El año pasado pesaba 45 kilos".

José ya está de vuelta en casa y Pilar se dispone a cocinar sobre una vitrocerámica muerta. Coge una lata de refresco cortada por la mitad, vierte dentro alcohol de quemar y lo prende con un mechero. Unos agujeros en la parte superior de la lata permiten al fuego fluir como en un fogón. Pone la sartén encima y saltea el jamón como en cualquier casa de vecino.

 "Son trucos que uno va aprendiendo. Esto lo vimos en un blog y funciona. Me sirve para hacerme un café o freír un huevo, no mucho más. También tengo un hornillo de 'camping', pero las botellas son caras (2,5 euros la unidad) y lo usamos poco". 

La historia de Pilar es la de la España de la última década. Una vida cómoda cimentada en gastar a crédito y a discreción que, de repente y sin saber bien cómo, se convierte en una espiral de deudas, desempleo y facturas imposibles de pagar.

 "En mi caso todo se torció cuando mi exmarido dejó de poder pasarme la pensión. Yo impartía algunos cursos de formación en ofimática y los enlazaba con trabajos precarios, pero sin esa pensión era imposible subsistir. Tenía una deuda enorme con mi banco y no cobraba más de 1.000 o 2.000 euros al año.

 No me quedó otra que dejar de pagar la luz". Hoy destina sus ínfimos ingresos a cancelar su deuda con el BBVA ("por suerte ya me queda poco y han dejado de llamarme 20 veces al día") y a comprar comida barata, principalmente platos precocinados. Tras eso, no le queda un céntimo en la cartera. "Y aún soy afortunada, porque este piso era de mis padres y la calefacción, hasta ahora, es comunitaria".

 Según datos oficiales de Eurostat, 5,1 millones de españoles (el 11% de los hogares) se declara incapaz de mantener su vivienda a una temperatura adecuada en los meses fríos, de los cuales 4,2 millones (8%) reconoce tener retrasos en el pago de las facturas domésticas.

 Al desplome del poder adquisitivo se ha sumado un dato demoledor para las familias: el precio de la electricidad subió un 73,5% entre 2007 y 2015, por un 35% el del gas. Eso sitúa a España en el segundo país europeo que más ha incrementado el precio de la electricidad (solo superada por Letonia) y el tercero el del gas (tras Croacia y Portugal). Todo para convertirnos en el cuarto país de Europa con la energía más cara.  (...)"                      (El Confidencial, 19/11/16)

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