3.11.16

Con una Europa tambaleante y un endeudamiento interno y exterior endiablado, ¿qué habría que hacer? ¿Salir del euro? O aumentar la productividad...

"Preocupación en el FMI: el crecimiento se ralentiza y la deuda del planeta ha alcanzado máximos históricos (152 billones de dólares), el 225% del PIB mundial. 

Este panorama tan preocupante tiene traducción española: el capítulo 1 del Fiscal Monitor (con el título Deuda: úsese sabiamente) del FMI destaca como el aumento de nuestra deuda privada entre 2008 y 2015 sólo ha sido superado por Gran Bretaña; y, en lo tocante a la pública, también ocupamos un lugar de dudoso privilegio por su volumen respecto del PIB, sólo inferior al de Grecia, Italia, Japón, Portugal, EE.UU. y Bélgica. 

Esta endiablada posición es el reflejo de un me­canismo bien conocido: la deuda pública aumenta sustancialmente tras crisis financieras precedidas por booms de crédito. Es decir, inevitable transmutación de endeudamiento privado en público por rescates y/o hundimiento de los ingresos fiscales. 

Y, a partir de ahí, alzas de las primas de riesgo y reducción del margen de maniobra de los gobiernos, tal como muestra el trabajo de Jordà, Schularick y Taylor sobre las relaciones entre deuda soberana y crisis bancarias.

La reflexión del FMI es más que oportuna. Y lo es en especial para España, donde las tesis de Stiglitz (El euro: cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa) han encontrado terreno abonado. Coincidimos con él en que el futuro de la moneda única es problemático, como tantas veces hemos destacado desde esta columna. 

Pero no con sus soluciones. Porque, lastimosamente, el debate no es acerca de lo que sería deseable (la unidad política europea) sino sobre lo que hoy es posible. Y si la unidad política que demanda no se puede alcanzar ahora, Stiglitz preconiza desmontar el euro. 

Quizás, en algún momento, no quede otro remedio. Pero ello generaría una catástrofe financiera que nos empobrecería brutalmente. Porque estas propuestas hay que inscribirlas en el contexto español donde, a pesar del desapalancamiento privado, la deuda de los sectores no financieros (familias, empresas y sector público) es hoy, con el 265% del PIB, más elevada que en el 2007 (232%).

Con una Europa tambaleante y un endeudamiento interno y exterior endiablado, ¿existe una tercera vía? Pues sí. Entonces, ¿qué habría que hacer? Pues lo mismo que si no estuviéramos en el euro: aumentar la productividad y poner en marcha, o acentuar, reformas que incrementen la competitividad sin reducir salarios y mejoren el saldo exterior.

 Y ello porque esta es la única forma de elevar el bienestar. La posible recuperación de la peseta o un euro débil sin Alemania, como sugiere Stiglitz, no mejorarían nuestro futuro.

No tenemos escapatoria: entre la Escila de un posible colapso del euro y la Caribdis de nuestro endeudamiento (interno y externo) no queda más remedio que mantener firme el rumbo: elevar el crecimiento de la productividad y reformarse. Si el euro sobrevive, estaremos mejor posicionados en la Unión Monetaria. Y si no puede subsistir, también"              (Entre Escila y Caribdis, de Josep Oliver Alonso, La Vanguardia, en Caffe Reggio, 14/10/16)

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