"El orden ha sido restaurado y con él, como suele ocurrir y así lo
constataba Fernando Pessoa, todo aparece en su vileza. No hace falta ni
encubrimiento hipócrita. (...)
Que el Partido Popular haya alcanzado en España la presidencia del
Gobierno, después de dos elecciones generales y tras diez meses de
interinidad política, es lo que muchos no queríamos, pero nos temíamos.
Por ello urgíamos a las izquierdas a tejer alianzas, a plantear
políticas de pactos, a aproximar posiciones para poder presentar una
alternativa solvente frente al candidato de la derecha. (...)
En ese objetivo se cifraba incluso la dignidad de la izquierda,
estribando todo en ser capaz de ponerse a la altura de lo que en España
estaba aconteciendo. No ha sido así, la izquierda o, mejor, las
izquierdas no han logrado un pacto político que les posibilitara acceder
al Ejecutivo.
Las intransigencias del lado socialista y los excesos
histriónicos del lado de Podemos han impedido el acercamiento entre
fuerzas convocadas a la cita de una inexcusable responsabilidad
política.
Los protagonistas del guión político que en estos meses se ha
desarrollado han quedado muy lejos de lo que la ciudadanía, y
especialmente sus respectivos electorados y bases militantes, esperaban
en un momento que presentaba una oportunidad histórica para alcanzar un
gobierno que dejara atrás el inmovilismo del PP, sus políticas
antisociales, sus medidas autoritarias y su irresponsabilidad ante la
corrupción que le afecta.
(...) el PSOE, tras meses haciéndose fuerte en el “no a Rajoy”, cuando las
presiones desde fuera y desde dentro del partido arrecian para dar paso
en una segunda oportunidad a la investidura del candidato popular, cede
para, mediante abstención de la mayoría del grupo parlamentario
socialista, permitir que dicho candidato acceda a la presidencia del
Gobierno. (...)
El discurso se adentra por las vías del cinismo más grosero al cambiar
drásticamente el énfasis puesto en la negativa a un gobierno conservador
y neoliberal por el torpe balbucear de una mala justificación del apoyo
–“pasivo” mediante la abstención-- al candidato derechista del que todo
el PSOE había dicho que no se lo merecía y, en consecuencia, que no se
lo iba a dar.
Cuando quien tiene que presentar en la tribuna del
Congreso, como oficiante de la ceremonia del PSOE de volverse contra su
propia trayectoria anterior, es el mismo portavoz que durante meses ha
defendido vehementemente lo contrario, la ostentación del cinismo al
que todo el partido se ha dejado conducir llega a un punto de evidencia
palmaria.
Bien puede calificarse su discurso en tan señalada ocasión de oración cínica, situada en las antípodas de aquella Oratio de hominis dignitate con la que Pico della Mirandola señaló el camino de emancipación que con el Renacimiento se abrió hace siglos.
Dicha oración cínica se presenta, por el contrario, con tales tonos de servidumbre y fraude al electorado que bien puede decirse de ella que es oración fúnebre por
un Partido Socialista cuyos dirigentes –bajo el rótulo de “comisión
gestora”, usurpadores del papel de la ejecutiva que con malas artes
desplazaron-- están llevando, a base de claudicaciones, al abismo de la
irrelevancia. (...)
La maltrecha dignidad democrática la salvaron en el campo socialista
quienes en el grupo parlamentario se mantuvieron en el “no a Rajoy”, en
la negativa a una abstención que sólo desde el cinismo, en increíble
pirueta de engañosa retórica, puede presentarse como lo mejor que el
PSOE podía hacer. (...)
Cuando se desvela la trama, inevitable es reparar en lo que el mismo
Pessoa, desde su observatorio lisboeta, dejaba escrito: “¡Tantos nobles
ideales caídos en el estiércol, tantas ansias verdaderas extraviadas
entre la inmundicia!”. Va a ser dura la tarea de reconstrucción. Las
izquierdas tienen la palabra y el reto de la acción." (José Antonio Pérez Tapias , CTXT, 31/10/16)
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