"Grecia es un país endeudado y empobrecido cuyos datos económicos y sociales recuerdan a los de un Estado fallido:
un 25% de disminución del PIB, un 26% de tasa de paro (más del 55% en
el caso de los jóvenes), un cuarto de la población bajo el umbral de la
pobreza. (...)
Grecia está más cerca ahora de convertirse en un país
del tercer mundo. La agenda neoliberal que se está implementando aquí la
solíamos ver en América Latina, Asia o África. Ha sido la primera vez
que el FMI y la Troika han decidido traer estas políticas a la Unión
Europea, o al menos a la periferia europea.
Han destruido totalmente la
economía. Después de seis años de intervención, han incrementado la
deuda y nos han hecho perder el 25% de nuestro PIB, un retroceso
parecido al de una economía de posguerra. (...)
Solo hay una fachada de estabilidad. La socialdemocracia, en el fondo,
es un regalo para ellos [para las élites europeas]. Tsipras fue una
bendición de Dios para la Unión Europea. Pueden tomar medidas más
extremas generando menos reacción que con un partido de derechas. Muchas
personas de izquierda han perdido la esperanza.
El gobierno se
aprovecha y está aplicando a marchas forzadas las duras medidas del
nuevo memorándum. No tengo claro, sin embargo, que esto pueda durar
demasiado tiempo porque no hay paz social, es solo una máscara. (...)
Durante la noche de las negociaciones entre los griegos y los europeos apareció el hashtag
“Es un golpe de Estado”. Venía de Barcelona, creo. Mi primera reacción
fue escribir “No es un golpe de Estado, es la Unión Europea que ha sido
siempre así”.
Cuando hablas de un golpe, quieres decir que no se ha
aplicado el procedimiento estándar, que tenías una democracia y luego
una dictadura. Y no ocurrió eso. Esta ha sido siempre la forma de
trabajar de la UE. Solo que durante los años de prosperidad no tuvo que
usar instrumentos antidemocráticos para imponer su voluntad. (...)
La persona que habla había sido muy cercana a Tsipras durante los siete
meses anteriores del gobierno, sabía todo lo que estaba sucediendo en la
oficina del primer ministro. En sus declaraciones se refiere a la
dirección de Syriza, y no al partido en general.
Es importante
recalcarlo. Syriza no era un cuerpo homogéneo, había gente que realmente
abogaba por un cambio, había gente que estaba lista para luchar contra
la UE para proteger al pueblo griego. También había, sin embargo, un
pequeño equipo alrededor de Tsipras que traicionó a la gente años antes
de que Syriza llegara al poder, probablemente a partir de 2012 o 2013. (...)
Este grupo no se esperaba que el No obtuviera el 60% de los votos. El
pueblo griego fue a votar con los bancos cerrados, lo que fue como
decirles "debes votar lo que yo quiero, de no ser así te mataré mañana,
no tendrás dinero para comer".
Fue muy duro este chantaje. Aun así, la
gente dijo que No. Según nuestra fuente, el gobierno se había dado
cuenta de que tendría serios problemas en unas pocas semanas, Por
ejemplo, el control de capitales. Querían tener una excusa para aprobar
el memorándum, porque sabían que el BCE intervendría para presionar.
Tsipras quería aceptar casi todo lo que la Troika quería, pero no quería
asumir la culpa. Pensó que si conseguían un resultado de un 50-50 o si
ganaba el Sí, podría decir que hizo lo que pudo, pero que no recibió el
apoyo de la gente. Fracasó, miserablemente, porque el pueblo griego dijo
No. (...)" (Entrevista a Aris Chatzistefanou, CTXT, Helena Vázquez, 09/11/16)
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