"(...) la fuerza más responsable de crear la pesadilla en la cual estamos bien
despiertos: el neoliberalismo. Esa visión del mundo –encarnada por
Hillary Clinton y su maquinaria– no le hace competencia al extremismo
estilo Donald Trump. La decisión de poner a competir a uno contra el
otro es lo que selló nuestro destino. (...)
Esto es lo que necesitamos entender: mucha gente está adolorida. Bajo
las políticas neoliberales de desregulación, privatización, austeridad y
comercio empresarial, sus estándares de vida han caído drásticamente.
Han perdido sus empleos. Han perdido sus pensiones. Han perdido buena
parte de la seguridad social que permitía que estas pérdidas fueran
menos aterradoras. Ven un futuro aún peor que su precario presente.
Al
mismo tiempo, son testigos del ascenso de la clase de Davos, una
ultraconectada red de multimillonarios de los sectores banquero y
tecnológico, líderes electos por el voto popular que están terriblemente
cómodos con esos intereses, y celebridades de Hollywood que hacen que
todo se vea insoportablemente glamoroso.
El éxito es una fiesta a la
cual no fueron invitados, y muy dentro de sí mismos saben que esta
creciente riqueza y poder de alguna manera está conectada con sus
crecientes deudas e impotencia.
Para la gente que asumía la
seguridad y el estatus como un derecho de nacimiento –sobre todo los
hombres blancos–, estas pérdidas son insoportables.
Trump le habla directamente a ese dolor. La campaña del Brexit
le habló a ese dolor. También lo hacen todos los partidos de extrema
derecha en ascenso en Europa. Responden a ese dolor con un nacionalismo
nostálgico y un enojo contra las lejanas burocracias económicas, ya sea
Washington, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la
Organización Mundial del Comercio o la Unión Europea.
Y, claro,
responden a él atacando a los inmigrantes y las personas de color,
vilipendiando a los musulmanes y degradando a las mujeres. El
neoliberalismo de élite no puede ofrecer algo contra ese dolor, porque
el neoliberalismo dio rienda suelta a la clase de Davos. Gente como
Hillary y Bill Clinton son el brindis de la fiesta de Davos. De hecho,
ellos la organizaron.
El mensaje de Trump fue:
Todo está del demonio. Clinton contestó:
Todo está bien. Pero no está bien: está lejos de estarlo.
Las
respuestas neofascistas a la desenfrenada inseguridad y desigualdad no
se van a ir. Pero lo que sabemos de los años 30 del siglo pasado es que
lo que hace falta para enfrentar al fascismo es una izquierda verdadera.
Se le podría quitar buena parte del apoyo a Trump si hubiera una
auténtica agenda de redistribución sobre la mesa, que enfrente a la
clase multimillonaria con algo más que retórica y que use el dinero para
un nuevo pacto verde.
Un plan de este tipo podría crear una oleada de
empleos sindicalizados bien pagados; llevar recursos y oportunidades,
tan necesarios, a las comunidades afroestadunidenses e insistir en que
quienes contaminan paguen para que los trabajadores vuelvan a ser
capacitados y sean incluidos en este futuro. (...)" (Naomi Klein , The Guardian , La Jornada, y en Rebelión, 12/11/16)
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