"Era posible pero no probable. Se suponía que los “white trash” o “tráiler trash” –la llamada “basura blanca”, ciudadanos blancos, sin formación y aislacionistas- fuesen receptivos al populismo del ya presidente electo Donald Trump.
Sin embargo, con la llamada “América profunda” los números no daban. Y
sin embargo, la victoria del republicano se ha producido incluso en los más tradicionales feudos demócratas. Y hay una serie de razones que lo explican aunque en su momento no supieron valorarse. (...)
2. El autismo mediático y de las elites.
En mayo pasado Dana Millbank se comía materialmente su crónica en el Washington Post según la cual, Trump no alcanzaría nunca la nominación republicana. Ayer los grandes periódicos norteamericanos reconocían haberse confundido
en el cálculo de la transcendencia del populismo de Trump, extendiendo
la responsabilidad a las clases dirigentes convencionales y a las casas
de encuestas.
Trump ha creado una vía informativa subterránea y paralela
–redes sociales- más potente que la de los más grandes medios de
comunicación a los que ha hostigado de manera constante. Ha tenido
enfrente a la mayoría pero les ha ganado.
3. Los hispanos instalados y las mujeres.
Se suponía
que la mayoría de los 27 millones de hispanos inscritos votarían a
Clinton. No ha sido así. El voto sólo lo tienen los hispanos instalados,
con papeles y trabajo. Y no desean que vayan más a EE UU porque les
hacen competencia y afectan a su espacio de confort actual. De ahí que
hayan preferido a Trump.
Tampoco las mujeres se han volcado con Hilary.
Estados Unidos es un país con ramalazos misóginos que el presidente
electo ha verbalizado desgarradoramente (Carolide Side en Letras Libres
de este mes).
Los norteamericanos son crédulos y proclives a las teorías
conspirativas: le han comprado a Trump toda la mercancía averiada que
ha vendido sobre su oponente demócrata que ha carecido de capacidad de
respuesta efectiva. Y no les ha importado el machismo impenitente del ya
presidente electo.
4. La desinhibición emocional.
Según el analista Paul Berman, Trump ha dado “permiso” a sus seguidores para “regresar al tipo de odios racistas”
antes intolerables en EE UU. Son personas que lo han apoyado, dice,
“porque es grosero, arrogante y violento, lo que permite que ellas
también lo sean”.
Ha roto todo tipo de convenciones sin importarle
presentarse como “un estafador que desea ser visto como un estafador”, como un evasor fiscal
o como difamador del presidente Obama al que negó la veracidad de su
nacimiento en EEUU, lo cual ponía en cuestión la legalidad y legitimidad
de su elección. Trump ha permitido un desahogo incívico de inhibiciones
individuales y colectivas. (...)" (José Antonio Zarzalejos, El Confidencial, 10/11/16)
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