"No se trata de un fantasma, es algo más material, más molecular, más
consistente: la emergencia de una izquierda soberanista. Entendámonos,
una izquierda que pretende reconciliar de nuevo emancipación social,
soberanía popular y reconstrucción de un Estado democrático avanzado. (...)
Lo vivimos cada día, a veces, como aquí y ahora en
España, dramáticamente.
Primero, se toma nota con gran alarma del
renacimiento de viejos y nuevos nacionalismos y de la tendencia en
diversos Estados a la fragmentación y a la ruptura territorial;
segundo,
se defiende vehementemente la globalización y su específico modo de
concretarse en nuestro continente, es decir, la Unión Europea entendida
siempre como algo irreversible e inevitable a la que solo cabe modular,
atemperar o democratizar;
tercero, se propone profundizar en la
integración supranacional y en la progresiva pérdida de soberanía de los
Estados en la perspectiva de un lejano momento donde se iría, más o
menos, a unos Estados Unidos de Europa.
Como se puede entender, la clave
de este argumentario es que estos tres supuestos no se relacionen entre
sí.
¿Cómo nos vamos a extrañar de que cuando
planificadamente se está deconstruyendo los Estados europeos realmente
existentes, renazcan o se revitalicen nacionalismos nuevos o viejos?
¿Cómo no entender que cuando la democracia como autogobierno de la
ciudadanía pierde peso e influencia ante poderes económicos oligárquicos
o no democráticos, como las instituciones europeas, renazcan demandas
de soberanía, de identidad, de protección?
¿Cómo no comprender la
desafección ante instituciones y partidos políticos tradicionales cuando
se han ido rompiendo las reglas de un pacto implícito que ligaba
capitalismo regulado con democracia política y derechos sociales?
Algunos hablamos de que Europa vive un “momento Polanyi”. Más de tres
décadas de hegemonía de políticas neoliberales han ido minando el poder
de los trabajadores en la sociedad, limitando los derechos sociales
fundamentales y recortando sustancialmente el Estado social. Se puede
decir que, a más integración europea, menos democracia real y menos
derechos efectivos para las mayorías sociales.
El “mercado
autorregulado” ha avanzado mucho y, como nos enseñó el viejo socialista
austriaco, las sociedades están reaccionando y lo hacen con los
“materiales” disponibles y desde supuestos políticos muchas veces
antagónicos.
En todas partes, la demanda de soberanía en un sentido
preciso: derecho a decidir el modelo social, el modelo político, el
modelo territorial; las poblaciones no son nada, no tienen poder, ven
cómo sus condiciones de vida y de trabajo empeoran y ven como el
horizonte de “sentido” se bloquea y se cierra.
La reacción de la sociedad, en una u otra dirección, no
es algo premoderno o un atavismo de un pasado que se niega a
desaparecer. Es la consecuencia de una modernización capitalista en un
momento de crisis de la globalización neoliberal realmente existente.
Las poblaciones reclaman en todas partes lo mismo: soberanía, Estado,
orden, protección, seguridad, futuro.
Como la historia mostró en la
anterior globalización y en las diversas crisis del capitalismo, la
reacción de la sociedad se produce en correlaciones de fuerzas dadas y
pueden ir hacia la derecha, la derecha extrema o hacia la izquierda en
sus distintas variantes. No es cosa de ir demasiado lejos en este texto;
baste decir que la encrucijada en la que nos encontramos podría ser
definida del siguiente modo: la crisis de un capitalismo sin
alternativa.
El libro de Carlo Formenti1
entra de lleno en esta problemática que acabo de esbozar. Carlo, es
bueno subrayarlo, es un sociólogo competente, militante sindical durante
mucho tiempo y exponente destacado de la llamada cultura obrerista
italiana. En los últimos años se ha dedicado con pasión y rigor a una
crítica de los supuestos teóricos y políticos que han ido conformando el
imaginario de una parte considerable de la izquierda social italiana.
Formenti es un especialista en las nuevas tecnologías y sus relaciones
con la producción, la economía y la estructura social. Se podría decir
que ha ido elaborando una crítica del “uso capitalista” de las modernas
tecnologías de la información y la comunicación.
El
choque ha sido duro. El debate con el obrerismo dominante sigue abierto y
Formenti ha tenido que soportar críticas poco elegantes y
descalificaciones groseras. (...)
El título, La variante populista, tiene mucho de provocación. Los que
empleamos el término populista o populismo de izquierdas lo hacemos
conscientemente. Usar la provocación como un puñetazo encima de la mesa
para desvelar una realidad que se quiere negar con la descalificación de
populista.
Formenti lo dice claramente: el populismo es la forma de la
lucha de clases hoy, aquí y ahora. Dicha la provocación, cargada de
sentido, empezamos a discutir en serio de los problemas de nuestra
sociedad desde el punto de vista de las clases trabajadoras.
Carlo Formenti hace un análisis muy serio de este
capitalismo financiarizado que, al parecer, no tiene alternativa. Somete
a una crítica profunda los análisis dominantes de lo que podríamos
llamar la izquierda “globalista” desde una valoración sensata de la
correlación real de fuerzas existente, haciendo un enorme esfuerzo por
entender las transformaciones que se han producido en las clases
trabajadoras, en el viejo y nuevo proletariado.
Lo hace
contundentemente, sabiendo de lo que habla y desde un punto de vista
anticapitalista y con voluntad socialista.
Inevitablemente, hablar de populismo significa fajarse con Ernesto
Laclau y con Chantal Mouffe. Formenti lo hace con respeto, pero con
radicalidad, intentando ir más allá de los mencionados autores desde una
estrategia nacional-popular que tiene en su centro a Antonio Gramsci.
De los nudos a los que antes me referí, quiero analizar uno que me
parece sustancial. Me refiero a la contraposición entre una economía
social y moral basada en los flujos, opuesta a una economía basada en el
territorio.
Esta contraposición me parece decisiva. Lo que podríamos
llamar la territorialidad del poder, entendida como una apropiación
colectiva de un espacio que busca la inserción armoniosa en un medio del
que somos parte y, desde ahí, construir un modo de vivir capaz de
integrar nuevas tecnologías, cualificación y emancipación de la fuerza
de trabajo y formas de organización social que promuevan la solidaridad,
el altruismo y el buen vivir de las personas.
Para Formenti, el
“atraso” puede ser un adelanto. Muchos estamos reflexionando con él en
la necesidad de un nuevo “meridionalismo” que convierta a nuestro Sur
descalificado, denigrado y dependiente en una alternativa posible que
nos reencuentre con el Norte en un cambio de civilización, de modos de
vida, desde una lógica socialista y fraterna." (Manuel Monereo, eldiario.es, 04/12/17)
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