"El independentismo catalán creó y creyó en una fantasía. Sólo era un
producto del marketing político aunque imprescindible en el relato
hacia el nuevo Estado. La base electoral independentista exigía una
transición fácil, rápida y con pleno reconocimiento internacional. Las
élites dirigentes del proceso fabularon que una vez desprendidos de la
rémora de España, Cataluña sería el nuevo “Länder” alemán.
De tanto repetir sus propias fantasías acabaron creyéndoselas. Las
declaraciones de los máximos dirigentes del “proces”, Mas, Oriol
Junqueras y Puigdemont, a la par que sus corifeos mediáticos, aseguraban
que la Catalunya independiente seria inmediatamente aceptada por
Europa. La arrogancia caminaba de la mano de la inconsciencia.
El
argumentario era tan simple como fútil: “¡porque yo lo valgo!” ¡Así ,
sencillamente! Ignoraron realidades y ensoñaron apoyos que sólo existían
en su mente. Confundieron el tiempo presente con la época de la
desarticulación de la URSS y Yugoslavia; de esta última intentaron pasar
de puntillas, los miles de muertos de las sangrientas guerras en los
Balcanes no eran el ejemplo más deseable.
Quisieron olvidar que las instituciones que contribuyeron a la
desarticulación de la URSS (OTAN, UE. FMI o los propios EEUU como
potencia dominante) ahora afrontan problemas internos de extrema
gravedad. Quisieron creer que el Brexit les abriría una ventana de
oportunidad. Se equivocaban. La crisis en la propia OTAN, con el
desplazamiento de la anterior aliada Turquía hacia la órbita rusa era de
entrada una losa terrible.
La crisis de confianza producida por la
guerra en Siria, no predisponen, bien al contrario, a apoyar veleidades
independentistas en un Estado clave por su sumisión a los designios del
Imperio y por su localización geográfica. EEUU se siente cómoda
teniendo un aliado tan valioso y tan poco problemático como el gobierno
español.
El Fondo Monetario Internacional asumió que el apoyo a Rajoy
era la fórmula más segura para seguir cobrando los intereses de la deuda
española. El FMI fortaleciendo la unidad de España, aseguraba el cobro.
Todo esto no fue valorado y, rememorando al poeta español por
excelencia,[1] se dijeron: ¡…el hoy es malo pero el mañana es mío¡…..
Puigdemont y Romeva pusieron todas sus energías en ser reconocidos en
Europa. Ignoraron que todo aquello que había servido para desintegrar a
los países del Este ahora no se podía repetir, era anatema. El mundo ha
cambiado y algunos aún no han leído los libros de Historia ni han hecho
sus deberes.
El trabajo de zapa realizado por el independentismo catalán no ha
tenido éxito pero ha servido para reabrir un poco más el proceso de
desintegración europea.
Son seis los estigmas que aborda la UE en este
momento:
El regionalismo es el primero de los conflictos abiertos en la
UE y que la empujan hacia su desarticulación como proyecto común.
La
crisis catalana ha ampliado la brecha de la regionalización, tal y como
han expresado los más altos representantes de la Unión. El
reconocimiento político de Catalunya, de haberse producido, hubiera
abierto la caja de Pandora. Sería la antesala de una serie de
movimientos centrífugos que habrían ahondado la crisis general.
El Brexit se está convirtiendo en una película de enredos, donde
nadie puede adivinar aún cual es el final. La UE precisa de una
transición pactada y pausada. Pretende disminuir el impacto negativo
sobre la ocupación y los desplazamientos interiores. El Brexit es, por
tanto, el segundo estigma de la UE.
El independentismo fabuló que el
abandono de Reino Unido de los tratados de la Unión, permitiría en un
movimiento similar justificar la secesión de Cataluña. Nuevamente, un
craso error: la reacción de los países afectados por el Brexit es la de
cerrar filas y no modificar los tratados.
El tercer estigma es la crisis de los refugiados, fruto de las
guerras y la miseria extendidas por los países occidentales. La
intervención de personajes oscuros como George Soros, financiando con
cientos de millones los “pasillos humanitarios” hacia el interior de
Europa, han conseguido provocar una enorme crisis interna dentro de la
UE, de tal magnitud, que ha puesto y pondrá en cuestión las propias
esencias de la Comunidad.
La victoria de partidos xenófobos en Alemania,
Austria, Polonia… ha hecho que países como Rumania y Hungría, países
con emigración propia, y que tuvieron que votar contra sus propios
intereses nacionales en el tema de la acogida de refugiados, se sientan
un poco más arropados. (...)
El cuarto estigma será la progresiva diferenciación entre la Europa
“rica” del Norte y la Europa “subsidiada” del sur. Éric Toussaint nos
alertaba del saqueo que se está produciendo con la deuda griega, la
portuguesa o la española. En el caso griego, Mario Draghi, antiguo
directivo de Goldman Sachs, se jactaba de que había conseguido que los
bancos centrales europeos ganaran más de 7.000 millones de euros entre
2012 y 2014 especulando con la deuda ateniense.
El quinto estigma es la imparable transferencia de recursos
financieros de los países europeos hacia los paraísos fiscales de la UE
(son cuatro los países con más exposición a ese tipo tráfico, Chipre,
Luxemburgo, Holanda, Irlanda) a los que se habían añadido los
territorios de ultramar, antiguas colonias del Reino Unido, y la propia
City de Londres.
En ese contexto estallaba el caso catalán. Todos los órganos de
gobierno de la UE cerraban filas en torno a preservar la unidad de
España. La entrega de los Premios príncipes de Asturias fue la
manifestación pública de este apoyo a las tesis de Rajoy. El presidente
español había recibido el “placet” para intervenir en Catalunya.
De
haberse permitido esas veleidades separatistas otras regiones se la
hubieran planteado. A modo de ejemplo: en Serbia se hubiera evidenciado
inmediatamente el problema de su minoría nacional (120.000 personas) en
el norte del Kosovo. En Bosnia, la región de Srpska cuestiona su
neutralidad si sus vecinos, musulmanes y croatas, como pretende la OTAN
se adhieren a esa organización militar. No se podía ni se debía admitir
un doble rasero a favor de Catalunya.
En Mostar, los croatas alzan su
bandera conjuntamente con la senyera. En los órganos de dirección
europea se habla claramente, y recorre un escalofrío cuando lo oyes, de
“guerra civil intraeuropea” a propósito de una posible secesión en
Catalunya.
En realidad, el sexto estigma y, sin duda, el más importante no tiene
vías de solución. España, como el resto de los países de la Unión ha
sido incapaz de ofrecer a su pueblo más que un continuo de recortes, de
aumento de la miseria y la pobreza.
La concepción y los grupos
dominantes que gobiernan la UE, sólo pueden ofrecer más y más
neoliberalismo económico en un horizonte donde la desigualdad se hace
endémica. En el caso catalán, los grupos dominantes han descubierto en
el falso enfrentamiento España-Cataluña, la vía para desviar la atención
de los gravísimos escándalos que han sacudido a la sociedad española.
El enfrentamiento entre bloques
(constitucionalistas-independentistas) ahondará aún más el conflicto y
el enfrentamiento social. Ya se ha producido el primer muerto a cuenta
de la tensión política entre unos y otros. El independentismo no ve otra
vía de solución al propio lío que han creado que seguir ciegamente
hacia adelante. No hay plan A y mucho menos B.
No hay estrategia, sólo
huída para intentar la salvación personal. Iceta, queriendo o sin
querer, ha abierto una puerta falsa, la del indulto. El objetivo, abrir
una vía de escape a los dirigentes independistas, en cierta forma como
funcionó con el caso Ibarretxe.
Las bases independentistas, por otro lado, han desconectado de la
realidad. Poco importa que los dirigentes como Marta Rovira muestren una
incapacidad aterradora como dirigente político; tal es así, que, tras
los varapalos sufridos en la TV, la han puesto en sordina. Es igual que
el personaje sea cogido en falso. Seguirán impertérritos. Sus fieles
aceptarán cualquier argumento, incluso el más descabellado.
Hace tiempo
que el mundo independentista se mueve a empellones de sentimientos
ofendidos, o de agravios inventados, como el expolio de Sijena. La
campaña se dirime hoy en el mundo de la emoción, presos inventados y
democracia conculcada es el único argumentario que se usa. Una
democracia de la que se reniega.
Aunque se usa, Imperfecta es cierto,
pero que les permite manifestarse, estar presentes en la campaña y
realizar su propaganda electoral sin cortapisas. Hablar de presos
políticos en este país y ahora, es insultar la memoria de los torturados
y asesinados en la negra noche franquista. (...)
La sociedad catalana gira y mira hacia la derecha que va camino de
conquistar su objetivo, el relevo en los sectores dominantes (Cs por PP)
sin quiebra del régimen del 78. Gracias al reto catalanista se van a
dar las condiciones para este giro. La derecha se recrece. La casta se
perpetúa para desconcierto de una izquierda que, como diría el poeta,
“no acierta la mano con la herida….”
La campaña, incapaz de generar debates, más allá de la especulación
sobre unas u otras coaliciones. Ha alcanzado extremos de estupidez.
Editoriales dedicados a las flatulencias de los “ex consellers”
encarcelados. Su descripción de su paso por prisión más parece el asalto
heroico a una posición enemiga a golpes de bayoneta que a la estancia
de unas cuantas semanas en la cárcel.
Uno de los encarcelados durante
una noche narraba como tuvo que ¡hacerse la cama contando con la ayuda
de su compañero de celda! Otros próceres de la izquierda post-moderna,
nos cuentan, en programas televisivos de baja estofa y a falta de otro
razonamiento político, sus costumbres sexuales. Que Ada Colau sea
bisexual, lesbiana o heterosexual, no es, desde luego, un argumento
político de relevancia.
Duros tiempos nos esperan. Pero: ¿quién puede asombrase de que en
esta tesitura los pueblos sueñen con soluciones simples aunque ese mismo
sueño se convierta inmediatamente en una pesadilla?" (Eduardo Luque Guerrero, Crónica Popular,15/12/17)
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