"Warren Buffet, considerado por la revista estadounidense Forbes como uno
de los hombres más ricos del mundo, hace algunos años declaró a la CNN:
"There's a class warfare, all right , but it's my class that's making war, and we're winning". O sea: "De acuerdo, existe una guerra de clases, pero es mi clase la que la hace y la está ganando". (...)
A los Estados les quitaron su capacidad normativa y su eficacia. De
alguna manera lograron que los tenedores del capital financiero
mundializado los hayan derrotado. Mi más reciente combate, el que llevé contra los fondos buitre en el seno de las Naciones Unidas, ilustra esta realidad de forma paradigmática. (...)
El pueblo de los países pobres se mata trabajando para financiar el
desarrollo de los países ricos. El Sur financia al Norte, y
especialmente, a las clases dominantes de los países del Norte. El medio
de dominación más poderoso es actualmente el servicio de la deuda.
Los flujos de capitales Sur-Norte tienen excedentes en relación a los
flujos Norte-Sur.
Los llamados países "pobres" pagan anualmente a las
clases dirigentes de los países ricos mucho más dinero del que reciben
de ellas, ya sea como inversiones, préstamos, ayuda humanitaria o la
llamada ayuda al "desarrollo". El servicio de la deuda mantiene a los
pueblos en la esclavitud y saquea sus recursos.
Este expolio
aún se vio agravado, durante estas últimas décadas, con la aparición de
los fondos buitre, llamados así por su característica de rapaces y
carroñeros. Son fondos de inversiones especulativas, registrados en los
paraísos fiscales, y que están especializados en la compra de deudas,
que desde hace largo tiempo se venden por debajo de su valor nominal,
con el fin de obtener máximos beneficios.
Estos fondos especulativos son
propiedad de individuos extremadamente adinerados, que se cuentan entre
los más terribles depredadores del sistema capitalista. Logran disponer
de botines de guerra de miles de millones de dólares. Comandan
batallones de abogados capaces de abrir procedimientos en los cinco
continentes, durante diez o quince años, si fuese necesario.
Los
fondos buitre matan. Os damos un ejemplo: en 2002, y debido a una sequía
espantosa, el hambre provocó la muerte de decenas de miles de seres
humanos en Malawi. De los 11 millones de habitantes de ese país del
sudeste de África, 7 millones se encontraban gravemente subalimentados.
El gobierno era incapaz de ayudar a las víctimas porque algunos meses
antes había tenido que vender en el mercado los stocks de reserva de
maíz (¡40.000 toneladas!) para pagar a un fondo buitre. Ese fondo había
obtenido de un tribunal británico la condena de Malawi a pagar varias
decenas de millones de dólares. (...)
Bajo el impulso de Argentina, una de las víctimas de los fondos
buitre, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas pidió al
Comité Asesor, por su resolución 27/30 del 26 de septiembre de 2014, un
informe que responde a esta doble pregunta: "¿En qué medida y de qué
manera las actividades de los fondos buitre violan los derechos
económicos sociales y culturales de los pueblos agredidos? Llegado el
caso, ¿qué nueva norma del derecho internacional habría que crear para
acabar con esas actividades?".
Fui nombrado relator del Comité
para responder a esa doble interrogación. Raramente en mi vida trabajé
tanto como durante esos dos años: 2014 y 2015. Entregué mi informe el 15
de febrero de 2016.
En el mismo explicaba que las actividades de los
fondos buitre contravienen por definición la regla de la buena fe
presente prácticamente en las legislaciones de los Estados de todo el
mundo. Como testimonio, el ejemplo del código civil suizo: "Todas las
personas tienen el deber de ejercer sus derechos y de ejecutar sus
obligaciones según las normas de la buena fe. El abuso manifiesto no
está protegido por la ley".
El Palacio de las Naciones en Ginebra,
y la ONU en general, están plagados de espías. Todos los servicios
secretos del mundo, sobre todo aquellos ligados a las grandes potencias,
escuchan las conversaciones mejor protegidas, fotocopian documentos,
pagan a funcionarios y actúan bajo la máscara de la diplomacia
acreditada. Nada más normal, por lo tanto, que los agentes de los
servicios occidentales (y otros) hayan estado informados de la más breve
de mis conversaciones y del desarrollo de todas mis sesiones de
trabajo.
La votación en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU
estaba prevista para la sesión de septiembre de 2016. En la fortaleza de
la embajada estadounidense de Pregny [cantón de Ginebra], a algunos
centenares de metros del Palacio de las Naciones, sonó la alarma.
Nuestros enemigos eran perfectamente conscientes de que se arriesgaban a
una derrota. Conocían mis recomendaciones. Sabían que, muy
probablemente, éstas serían aprobadas por el Consejo.
Entonces,
nuestros enemigos cambiaron de táctica, abandonaron el terreno de las
Naciones Unidas, y se replegaron en otra, ancestral, menos complicada y
bien comprobada: la corrupción. Las elecciones tuvieron lugar en
diciembre de 2015. El candidato designado por la coalición de izquierda,
que debía proseguir el combate contra los fondos buitre, era el
favorito según todas las encuestas.
Pero finalmente fue derrotado por un
político local de derecha. Éste había gastado sumas astronómicas para
ganar la elección. Ni bien asumió su cargo, el nuevo presidente de
Argentina, Mauricio Macri declaraba querer pagar sin retardo todas las
demandas provenientes de los fondos buitre. ¡Y eso fue lo que hizo!
La
prosperidad de los fondos buitre ilustra de manera caricaturesca el
poder de la plutocracia. La acumulación de las mayores riquezas entre
las manos de unos pocos, y por consiguiente la desigualdad que deriva,
es posible gracias a la eliminación de la normativa estatal, la
abolición del control a los bancos, la institución de monopolios
privados, la proliferación de paraísos fiscales, etc.
Dicha desigualdad
conduce inexorablemente a la destrucción de la relación de confianza
entre los ciudadanos y sus dirigentes. Cuando los Estados se debilitan y
los oligarcas sin fe ni ley gobiernan el planeta, cuando un orden
criminal sustituye al estado de derecho, ¿Quién podría tener todavía la
pretensión de proteger el bien público y el interés general?
Como
lo escribe el sociólogo alemán Jürgen Habermas: "El desalojo de la
política por el mercado se traduce en el hecho de que el Estado nacional
pierde progresivamente su capacidad de recaudar impuestos, estimular el
crecimiento y garantizar mediante esas medidas las bases esenciales de
su legitimidad, no obstante esa pérdida no está compensada por ningún
equivalente funcional […].
Afrontados al riesgo de ver fugarse los
capitales, los gobiernos nacionales se comprometen en una carrera loca
hacia la desregulación para la disminución de costes, de donde resultan
beneficios obscenos y diferencias inéditas entre los salarios, el
crecimiento del desempleo y la marginación social de una población pobre
siempre en aumento.
A medida que las condiciones sociales de una amplia
participación política son destruidas, las decisiones democráticas, aun
adaptadas de un modo formalmente correcto, pierden su credibilidad". (...)
La ONU se mantiene potencialmente como la única fuente viva de la
normalidad internacional. En sus predicaciones, a Lacordaire le gustaba
citar esa evidencia, enunciada en El Contrato social de Jean-Jacques
Rousseau: "Entre el débil y el fuerte, es la libertad que oprime y la
ley la que libera". Sí, los principios enunciados en la Carta de las
Naciones Unidas y la Declaración universal de los derechos humanos
siempre serán el horizonte de nuestra historia, la utopía que guía
nuestros pasos.
Unas últimas palabras sobre los fondos buitre.
José Martí hacía esta constatación: "La verdad, una vez despierta, no
vuelve a dormirse jamás". Paul Singer, a la cabeza de varios fondos
buitre, ganó ciertamente contra el pueblo argentino y contra muchos
otros pueblos de África, Asia y el Caribe. Pero él y sus semejantes
fueron sacados de las sombras, puestos en evidencia. Se creó conciencia.
Bajo las brasas acecha el fuego. Un día, otros llevarán el combate más
lejos."
(Jean Ziegler es sociólogo, miembro del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. El Salto, 01/01/18)
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