15.11.18

Una economía descarbonizada es alcanzable. Llegar a un nivel neto de emisiones nulo en sólo cuatro décadas es técnicamente posible con un costo suficientemente bajo para la economía global... es necesario el uso de hidrógeno, amoníaco y tal vez metanol como portadores de energía en aplicaciones de transporte e industriales y como insumos para la industria química...

"(...) La inversión mundial en fuentes de energía renovables ya supera con creces la destinada a combustibles fósiles; se están abaratando las baterías, y aumentan las ventas de vehículos eléctricos; y hasta en el Estados Unidos del presidente Donald Trump siguen cerrando centrales termoeléctricas a carbón. (...)

Llegar a un nivel neto de emisiones nulo en sólo cuatro décadas será un desafío inmenso. Pero como señala un próximo informe de la Energy Transitions Commission, la buena noticia es que es técnicamente posible lograrlo con un costo suficientemente bajo para la economía global. Además, ya sabemos cuáles son las tecnologías fundamentales para alcanzar el objetivo.

Todos los caminos factibles hacia una economía con baja emisión de carbono y, en algún momento, emisión neta nula de CO2 demandan un enorme aumento del uso de la electricidad. La proporción que representa la electricidad en la demanda final de energía debe crecer desde alrededor de 20% en la actualidad a cerca de 60% a mediados o fines de siglo, y se necesita un aumento extraordinario de la generación mundial de electricidad, de los cerca de 25 000 TWh de hoy a no menos de 100 000 TWh.

Esa electricidad debe proceder de fuentes con baja emisión de carbono. Y aunque la generación nuclear de energía, o la generación con gas compensada con captura de carbono, pueden contribuir, es necesario que la mayor parte de la energía nueva provenga de fuentes renovables (entre 70 y 80% según el IPCC). 

Pero el mundo tiene abundante tierra disponible para permitir una expansión de esa magnitud en el uso de fuentes renovables, y tiempo suficiente para hacer las inversiones necesarias, siempre que actuemos rápido.

Hay otros tres conjuntos de tecnologías que también serán esenciales. En primer lugar, es necesario el uso de hidrógeno, amoníaco y tal vez metanol como portadores de energía en aplicaciones de transporte e industriales y como insumos para la industria química. Tarde o temprano los tres se producirán por síntesis, con uso de electricidad limpia como fuente final de energía.

En segundo lugar, la biomasa es una fuente posible de combustible limpio para la aviación y de materia prima para la producción de plástico. Pero hay que manejar con cuidado la escala total de uso, para evitar perjuicios a los ecosistemas y al suministro de alimentos.

En tercer lugar, hay que reservar algún lugar a la captura de carbono y su almacenamiento o uso en procesos industriales clave como la producción de cemento, donde en la actualidad no existen alternativas viables para la descarbonización.

Por supuesto, la creación de una economía descarbonizada demandará inversión a gran escala en producción y transmisión de energía, nuevas plantas industriales y equipamientos más eficientes. El IPCC calcula que para alcanzar el objetivo de los 1,5 °C se necesitará entre 2015 y 2050 una inversión mundial adicional del orden de los 900 000 millones de dólares al año. 

Puede parecer una cifra asombrosa; pero suponiendo un crecimiento económico del 3% anual, en 2050 el PIB global (que en la actualidad es casi 100 billones de dólares) puede llegar a los 260 billones de dólares. Esto implica que el mundo necesita invertir menos del 0,6% de sus ingresos en las próximas cuatro décadas para evitar un daño potencialmente catastrófico al bienestar humano.

La inversión actual general en China ya supera los 5 billones de dólares al año, de los que una proporción considerable se desperdicia en la construcción de bloques de vivienda que nunca serán ocupados, en ciudades con una población estática o incluso declinante. Una redirección de inversiones permitiría a China crear una economía descarbonizada sin ningún sacrificio de consumo. En cuanto al mundo en su conjunto, reducir a cero la emisión neta apenas repercutirá en los niveles de vida.

Pero aunque una economía descarbonizada es técnicamente factible y no supone grandes costos, no se logrará sin políticas públicas decididas y estrategias empresariales previsoras. Los gobiernos deben instituir precios del carbono y normas de fabricación, y dar apoyo a tecnologías e infraestructuras clave; y las empresas en los sectores productores de energía y en los de mayor consumo de energía deben elaborar estrategias centradas en cómo alcanzar el nivel de emisión cero a mediados de siglo y cómo comenzar la transición ahora mismo.

La alternativa es otra década de avances sólo graduales, que nos dejarán en una senda catastrófica hacia una suba de temperaturas de 3 °C en vida de los niños de hoy."                 ( , Project Syndicate, 24/10/18)

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