25.1.19

Es muy difícil ser de pueblo y no tener un cabreo monumental con la clase política española... El aumento de Vox en las zonas rurales se nutre de ese cabreo. Muchos de los partidarios de Vox, o al menos muchos de los de mi zona en Castilla y León, no comparten la mayoría de las ideas de Vox... Y cuando les aprietas un poco, se escudan en que están más que hartos y que ya es hora de dar una buena lección a los otros partidos... Los partidarios del Brexit más acérrimos se encuentran en las zonas rurales... En Cataluña el nacionalismo más extremo reside en las zonas rurales de Girona... La predilección de Abascal por el mundo rural no es baladí...

"(...) Ser de pueblo no es solo un signo de pertenencia geográfica, sino una actitud de vida. Te marca hasta el punto de que uno sigue siendo de pueblo incluso cuando ya no vive ahí, como le ocurre al presidente de Vox, que ya no vive en Amurrio; y también a mí, que ya no vivo en Olmedo.

 Los de pueblo tenemos envidia a los de ciudad, pero en el fondo también nos creemos un pelín mejores que ellos, porque pensamos que casi todo nos ha costado un poco más de esfuerzo. 

Es muy difícil ser de pueblo y no tener un cabreo monumental con la clase política española. La despoblación y el empobrecimiento han hecho mella en casi todos los pueblos y capitales de provincia (desde 2011, más de un 70% de municipios y capitales de provincia han perdido población), pero ningún partido político ha hecho nada significativo por parar esta tendencia. 

En muchísimas zonas rurales (como en la mía) los políticos de turno se han dedicado a lo fácil: las iniciativas subvencionadas, la promoción de microproyectos de turismo rural que nunca serán productivos por sí mismos, el uso de ayudas europeas para fomentar el clientelismo y la creación de empresas públicas sin objetivo real aparente. 

Y mientras tanto, han dejado de lado lo que realmente importa, que es la creación de riqueza: fomentar la iniciativa privada autóctona o conseguir que vengan empresas de fuera que creen puestos de trabajo para que siga habiendo opciones reales de vida en los pueblos.

Pero es que, además, esos políticos que no han hecho prácticamente nada por generar riqueza en las zonas rurales se han enriquecido ellos mismos. Y la mayoría lo ha hecho sin esconderse: hemos visto cómo alcaldes, diputados provinciales y consejeros regionales de repente cambiaban de coche, empezaban a irse de vacaciones a lugares exóticos y tenían un tren de vida que no cuadraba en absoluto con sus sueldos públicos.

 Es verdad que eso ha ocurrido en toda España, la urbana y la rural, pero en las grandes ciudades solo te enteras de ello cuando te lo cuenta la prensa, mientras que en la España rural y de provincias lo ves en vivo y en directo todos los días.

El aumento de Vox en las zonas rurales se nutre de ese cabreo. Muchos de los partidarios de Vox (o al menos muchos de los de mi zona en Castilla y León)no comparten la mayoría de las ideas de Vox. Aunque dicen que el programa de Vox “no les parece mal”, son incapaces de defender sus políticas concretas porque realmente no representan lo que ellos piensan. 

Y cuando les aprietas un poco, se escudan en que están más que hartos y que ya es hora de dar una buena lección a los otros partidos.

La predilección de Abascal por el mundo rural no es baladí, y entronca con el fuerte arraigo de las opciones populistas de derecha en las zonas rurales de casi todo el mundo occidental. Los partidarios del Brexit más acérrimos se encuentran en las zonas rurales, mientras que la población de Londres aborrece el Brexit. En el mundo rural de Estados Unidos, el índice de aprobación de Trump es del 40%, mientras que en las ciudades (prácticamente con independencia del estado) es del 19%. 

En Alemania, el apoyo al partido de extrema derecha Alternativa para Alemania tiene su epicentro en la Alemania rural del Este. En las ultimas elecciones de Francia, el Frente Nacional tuvo un apoyo mayoritario de las zonas rurales, mientras que París, Burdeos o Lyon apoyaron masivamente a Macron

En Hungría, Orbán es odiado en Budapest, y admirado en el resto del país. Los habitantes de Varsovia se manifiestan a menudo contra el partido Ley y Justicia liderado por Jaroslaw Kaczynski, mientras que cuando los de las zonas rurales (especialmente los de la frontera de Eslovaquia) van a Varsovia a manifestarse, es para hacerlo precisamente a favor de Kaczynski.

 Incluso en Cataluña el nacionalismo más extremo reside en las zonas rurales de Girona en vez de en Barcelona.

Uno de los factores comunes entre todas esas tendencias políticas es que son expertas en canalizar el desencanto y el resentimiento. (...)"                   (Miriam González, El Confidencial, 21/01/19)

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