"(...) Rachak y el policía Hensch
Rachak y Rugovo son dos pueblos del noroeste de Kosovo, al sur de la
capital del distrito de Pec. Con la frontera albanesa muy cerca, en 1998
la región era zona de acción de la guerrilla albanesa UCK, sostenida y
financiada por la OTAN, la CIA y el servicio secreto británico.
Aquel año la UCK cometió tantos desmanes con civiles serbios, gitanos
y albaneses “colaboracionistas” que su jefe local, Ramush Haradinaj,
luego primer ministro de Kosovo, hasta llegó a ser juzgado en La Haya
por crímenes de guerra por un tribunal que era comparsa de la OTAN.
Haradinaj fue absuelto, entre otras cosas porque diez de los nueve
testigos que debían declarar contra él fueron eliminados antes de que
pudieran hacerlo, unos en “accidentes de tráfico”, otros en “peleas de
bar”, otros en atentados. Así hasta nueve. En cualquier caso, a
principios de 1999 el ejército yugoslavo respondió con gran fuerza a
aquella ofensiva de la UCK teledirigida por la OTAN, con una
contraofensiva.
Cerca de Rachak y de Rugovo, varias decenas de guerrilleros albaneses
cayeron en emboscadas ante el ejército. Henning Hensch, un policía
alemán retirado con carnet del SPD, estuvo allí. Era uno de los
seleccionados por el Ministerio de Exteriores para engrosar los equipos
de observadores de la OSCE en Kosovo.
En esa calidad actuó como perito
en Rachak y Rugovo. Vio a los guerrilleros muertos con sus armas,
carnets y emblemas de la UCK cosidos en sus guerreras. En Rugovo, los
yugoslavos juntaron los cadáveres en el pueblo y los observadores de la
OSCE hicieron fotos.
“Esas fotos, convenientemente filtradas de todo rastro de armas y
emblemas de la UCK, hicieron pasar lo que fue un enfrentamiento militar
con grupos armados, por pruebas de una masacre de civiles”, me explicó
Hensch en 2012. “Ambos bandos cometían exactamente los mismos crímenes,
pero había que poner toda la responsabilidad sólo sobre uno de ellos”,
decía el policía jubilado.
El 27 de abril, el entonces ministro socialdemócrata de Defensa
alemán, Rudolf Scharping, presentó en rueda de prensa aquellas fotos en
las que se veía los cadáveres de los guerrilleros amontonados en el
papel de civiles inocentes masacrados. Al día siguiente, el diario Bild publicaba una de ellas en portada con el titular: “Por esto hacemos la guerra”.
“Este era un país opuesto a la guerra y consiguieron que, por primera
vez en más de cincuenta años, se metiera en una”, explicaba por
teléfono Hensch, con sumo pesar. “Antes de esa experiencia, nunca
imaginé que en mi país pudiera pasar algo así, es decir que el gobierno y
la prensa mintieran al unísono y engañaran a la población”.
Para violentar el consenso básico de la sociedad alemana contra el
intervencionismo militar, la OTAN, el gobierno de socialdemócratas y
verdes (1998-2005) y los medios de comunicación, se tuvieron que emplear
a fondo.
El Media Operation Center de la OTAN dirigido por el infame
Jamie Shea, subordinado al secretario general, Javier Solana (a su vez
subordinado al Pentágono), fue una fábrica de mentiras, que los
periodistas retransmitían. Shea, un hombre deshonesto, decía que el
truco era, “mantener a los periodistas lo más ocupados posible,
alimentándoles constantemente con briefings, de tal manera que
no tengan tiempo para buscar información por sí mismos”. Años después,
Shea explicó que, “si hubiéramos perdido a la opinión pública alemana,
la habríamos perdido en toda Europa”.
Fabricar la versión del conflicto
El relato del conjunto de la guerra en los Balcanes se basó en una
fenomenal sarta de mentiras, amnesias y omisiones. La opinión pública
europea fue intoxicada con una eficacia que hasta entonces, en
Occidente, solo se consideraba posible en Estados Unidos.
Como hoy se conoce perfectamente, antes de la intervención de la OTAN
no había en el conflicto de Kosovo la “catástrofe humanitaria” que las
potencias se inventaron para intervenir, sino una violencia que en 1998
partió de la UCK y a la que el ejército yugoslavo respondió con la misma
violencia, explicaron miembros del equipo de la OSCE como el general
alemán retirado Heinz Loquai y la diplomática estadounidense Norma Brown
en un documental de la cadena de televisión alemana ARD emitido en 2012
(“Es began mit einer Lüge” - Comenzó con una mentira).
Los medios alemanes ignoraron tres datos fundamentales:
1) la
tradicional hostilidad de su país hacia Yugoslavia, que diarios como el Frankfurter Allgemeine Zeitung, y Die Welt, así como el semanario Der Spiegel,
consideraban una “creación artificial”.
2) El hecho de que tanto
croatas como bosnios musulmanes, liderados en los noventa por dirigentes
de la misma calaña que Milosevic, habían sido aliados de la Alemania
nazi en la II Guerra Mundial y partícipes, junto con los alemanes, del
genocidio de un millón de serbios desencadenado entonces por los nazis.
Y
3) la naturaleza ilegal de las acciones militares de la OTAN desde el
punto de vista de la ley internacional. El ministro de Exteriores verde
Josef Fischer comparó a “los serbios” con los nazis y al conflicto de
Kosovo con Auschwitz, comparaciones que el general Loquai califica de
monstruosas, “especialmente en boca de un alemán”.
Algunas de las mentiras concretas y puntuales fueron las siguientes.
El catálogo de Scharping
El ministro de Defensa Rudolf Scharping dijo antes de la intervención
que los serbios habían matado a 100.000 albaneses en Kosovo. La
realidad es que se contabilizaron entre 5.000 y 7.000, entre muertos y
desaparecidos, todos los bandos juntos e incluidas las víctimas de
bombas de la OTAN.
Scharping suscribió la leyenda americana del “plan herradura” de
Milosevic: rodear a la población albanesa y deportarla antes del inicio
de los bombardeos. Mencionó la “expulsión de millones” y “400.000
refugiados” albaneses antes del inicio de la operación de la OTAN.
La
realidad fue que para verano de 1999, a las pocas semanas de la
ocupación de Kosovo por la OTAN, 230.000 serbios, montenegrinos, gitanos
y albaneses “colaboracionistas” fueron expulsados de Kosovo mientras en
la región había 46.000 soldados de la OTAN, es decir uno por cada
cuatro expulsados. Una genuina “limpieza étnica” bajo la ocupación
militar de la OTAN.
Pueblos que habían sido destruidos después de iniciada la guerra por
la OTAN se presentaron como destruidos antes, como incentivo para
iniciarla.
Se ocultó que la miseria de los refugiados albaneses y su estampida también era consecuencia de los ataques de la OTAN.
Scharping informó del inexistente “campo de concentración” de
Milosevic en el estadio de Pristina con “varios miles de internados”.
Diez años después, el ministro dijo que sólo eran “sospechas”.
Se informó falsamente de “cinco dirigentes albaneses” ejecutados y de “veinte profesores” albaneses fusilados antes sus alumnos.
Todo ello se hizo para justificar más de 6.000 ataques de la OTAN sin
mandato de la ONU cuyo sentido era demostrar que la OTAN tenía razón de
ser y aprovechar las violencias –agravadas por la intervención de las
potencias– para disolver Yugoslavia, un Estado anómalo en el nuevo orden
europeo posterior al fin de la guerra fría. Ningún político y medio de
comunicación se ha disculpado y la misma constelación actúa, y está bien
preparada y engrasada para actuar, en los conflictos del presente y el
futuro.
Y sin embargo…
Según una encuesta realizada en febrero para la asociación atlantista Atlantikbrücke,
los alemanes siguen rechazando fuertemente las intervenciones militares
de su ejército en el extranjero, iniciadas hace 20 años en Yugoslavia:
solo el 14% las apoyan, contra un 77% que las rechazan.
(P.S. No es esta la única derrota del complejo
político-mediático local. Pese a que desde hace años se les bombardea
con la demonización de la Rusia de Putin, a los alemanes Trump les
parece mucho menos fiable (82%) que el presidente ruso (56%), e incluso
consideran a China como socio menos dudoso (42%) que Estados Unidos
(86%), señala la misma encuesta.
Esta opinión contradice directamente
las últimas resoluciones del Parlamento Europeo a favor de incrementar
las sanciones contra Rusia, país al que ya no puede considerarse “socio
estratégico”, señala la resolución votada este mes por 402 diputados,
contra 163 (y 89 abstenciones). Al mismo tiempo, la Comisión ha
declarado a China “rival sistémico” en una resolución que casi coincidió
con la votación en el Parlamento Europeo.
La UE califica así,
simultáneamente, como casi enemigos a China y Rusia. El
propósito es aislar a esas potencias, pero teniendo en cuenta el estado
de las relaciones con Estados Unidos, así como el proceso de creciente
fragmentación de la UE, es legítimo preguntarse quién es el aislado)." (Rafael Poch, CTXT, 20/03/19)
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