28.3.19

Ya se han reunido los elementos de una nueva crisis financiera internacional: no sabemos cuándo estallará, pero estallará y tendrá un importante impacto en todo el planeta


"Los dos principales factores de la crisis han sido un fuerte aumento de las deudas privadas de las grandes empresas, y una burbuja especulativa sobre los precios de los activos financieros: bolsa de valores, precio de los títulos de la deuda y, en algunos países (Estados Unidos, China…), nuevamente, la burbuja del sector inmobiliario. Estos dos factores están estrechamente interconectados.

Incluso las empresas que disponen de una enorme liquidez, como Apple, se endeudan masivamente porque aprovechan los bajos tipos de interés para prestar a otros el dinero obtenido mediante esos préstamos. Apple y numerosas otras empresas piden préstamos para prestar y no para invertir en la producción. Apple también se endeuda para comprar de nuevo sus propias acciones en la bolsa, lo que se suele llamar adquisición de autocartera.

Las burbujas especulativas mencionadas son el resultado de la política llevada a cabo por los grandes bancos centrales (Reserva Federal de Estados Unidos, BCE, Banco de Inglaterra, desde hace diez años, y el Banco de Japón desde el estallido de la burbuja inmobiliaria en los años 1990) que inyectaron billones de dólares, de euros, de libras esterlinas o de yenes en los bancos privados para mantenerlos a flote. Estas políticas son llamadas Quantitative Easing (QE), expansión cuantitativa o de flexibilización monetaria. 
Los medios financieros, que los bancos centrales distribuyeron profusamente a bancos y empresas capitalistas de otros sectores, no fueron utilizados para la inversión productiva. Sirvieron para adquirir activos financieros: acciones en bolsa, obligaciones de deudas de empresas, títulos públicos soberanos, productos estructurados y derivados. 
Eso produjo una burbuja especulativa en el mercado bursátil, en el mercado obligatorio (es decir de las obligaciones de deudas) y, en algunos lugares, en el sector inmobiliario. Todas las grandes empresas están sobreendeudadas.

Esa política de los bancos centrales demuestran que las decisiones de sus dirigentes están totalmente determinadas por el interés a corto plazo de los grandes bancos privados y de las grandes firmas capitalistas de otros sectores no financieros: impedir las quiebras en cadena y, por consiguiente, pérdidas considerables para sus grandes accionistas.

Además, esa política corresponde a una característica del capitalismo financiero contemporáneo: una parte cada vez menor del nuevo valor creado se reinvierte en la producción. Una parte creciente del nuevo valor se gasta en dividendos para los accionistas, en comprar de nuevo acciones, en inversiones especulativas especialmente en productos estructurados y derivados.

Volvamos sobre la política adoptada por los bancos centrales para combatir la crisis que estalló en 2007/2008. Su intervención no permitió sanear el sistema, por el contrario los elementos de fragilidad se mantuvieron o aumentaron: la ratio entre fondos propios (el capital de la empresa) y los compromisos tomados por la misma sigue siendo baja. 
Efectivamente, el nivel de esa ratio es insuficiente para hacer frente a una pérdida de valor que estaría provocado por una caída de la cotización en bolsa, del mercado obligatorio o de otros activos financieros que posee la empresa, sea esta un banco o una empresa como Apple o General Electric, por dar algunos ejemplos. 
Todas las empresas están fuertemente endeudadas ya que este recurso les cuesta muy poco debido a los tipos de interés muy bajos (0 % en la zona euro, -0,1 % en Japón, 0,75 % en el Reino Unido, 2,5 % en Estados Unidos). Además existe una plétora de capitales a la búsqueda del máximo beneficio financiero listos para comprar títulos dudosos de deudas (junk bonds), emitidos por empresas en mala situación. 
Así que, las empresas como Apple, con una buena reputación de sanidad financiera, se endeudan para comprar continuamente títulos «podridos» de alto rendimiento. Las empresas en mala situación, que emiten esos títulos se mantienen así en una política permanente de endeudamiento: piden préstamos para poder pagar los anteriores. A fines de diciembre de 2018, casi se produjo un gran crack bursátil en Estados Unidos y el efecto contagio fue inmediato. Era otra señal anunciadora de un importante y próximo nuevo crack. (...)

Algunos especialistas consideran que se podría estar en los albores de una nueva crisis del sector inmobiliario, ya que la actividad comienza a ralentizarse, la venta de viviendas disminuyó. La prosecución de las políticas QE en Europa y, por otro lado, el abandono de dichas políticas en Estados Unidos, son factores de crisis.

Los grandes bancos privados llamados sistémicos son extremadamente frágiles y el valor de sus acciones bajó fuertemente en Estados Unidos y en Europa en la segunda mitad de 2018, y su caída prosigue en el primer trimestre de 2019. Estos grandes bancos son sostenidos a duras penas por los bancos centrales de sus propios países. La FED no respeta su compromiso de revender los títulos de deuda privada tóxica (las famosas mortgage backed securities –MBS–). En marzo de 2019, poseía el enorme volumen de 1,6 billones de dólares estadounidenses en MBS, adquirido en 2008/2009 a los grandes bancos privados con el fin de rescatarlos. 
La FED sabe muy bien que si vendiera masivamente esos títulos, como había prometido, los precios caerían estrepitosamente y con ellos el mercado obligatorio de Estados Unidos. También sabe que si aumentara el tipo de interés por encima del 2,5 %, toda una serie de empresas endeudadas se vería confrontada a graves dificultades para reembolsar o refinanciar sus deudas. Sin contar que eso aumentaría también el coste del pago de la deuda pública.

Por su parte, el BCE continúa prestando liquidez a los bancos al 0% de interés y acaba de prometer que no aumentará el tipo de interés antes de 2020. Los bancos italianos y españoles son los que dependen más de este mecanismo (representan el 55 % del monto prestado durante el último TLTRO, según JP Morgan), pero como todos los bancos están interconectados, todos dependen más o menos directamente. 
Agreguemos que los bancos europeos utilizan masivamente el dinero que reciben a tipo de interés cero para comprar títulos de la deuda soberana, preferentemente de su propio Estado, pero también de otros Estados europeos, lo que les procura un rendimiento positivo de títulos considerados seguros ya que son emitidos por los Estados.

El entusiasmo de los bancos y otros actores en los mercados financieros por los títulos de la deuda pública es impresionante: todos los Estados de la zona euro lograron conseguir fuertes sumas de dinero durante los tres primeros meses del año 2019, como hicieron en 2018, en los mercados financieros. 
Con cada anuncio de emisión de títulos, afloran las ofertas de compra. Generalmente, cuando un Estado quiere obtener 1.000 millones de euros, los bancos le proponen 4.000, lo que demuestra hasta qué punto disponen de liquidez (que proviene ampliamente de los bancos centrales a su servicio), o sea hasta qué punto quieren comprar títulos públicos por su remuneración y seguridad. (...)

Pero en el momento en que la crisis tome un cariz catastrófico, los medios de comunicación dominantes y los banqueros acusarán nuevamente a los Estados de hacer demasiados gastos públicos y de emitir demasiada deuda pública.(...)

La necesidad de soluciones radicales

La próxima crisis financiera se enmarca en un contexto más amplio de crisis sistémica del capitalismo global. Esta crisis sistémica es multidimensional: económica, ecológica, social, política, moral, institucional…

Es necesario romper de forma radical con la lógica que guía actualmente a los gobiernos y se deben tomar medidas urgentes. En oposición al sistema actual que ofrece impunidad y aterrizajes felices a los responsables de los desastres, hay que hacer pagar la factura de los rescates bancarios a las y los que son responsables.

Las medidas anunciadas para disciplinar los bancos son cosméticas. La supervisión centralizada de los bancos de la zona euro, la creación del fondo europeo de garantías de depósitos, la prohibición de algunas operaciones (que afectan solamente al 2% de la actividad bancaria total), el techo para los bonos de remuneración, la transparencia de las actividades bancarias e incluso las nuevas reglas de Basilea III solo constituyen recomendaciones, promesas o, en el mejor de los casos, medidas totalmente insuficientes con respecto a los problemas a resolver. 
Por lo tanto, es necesario imponer unas verdaderas reglas muy estrictas y que no puedan eludirse. Esta crisis debería superarse mediante la ejecución de medidas que afecten la propia estructura del mundo financiero y del sistema capitalista.

El oficio de banquero es demasiado serio para dejarlos en manos privadas. Se necesita socializar el sector bancario, lo que implica su expropiación y colocarlo bajo el control ciudadano —de los trabajadores y trabajadoras de los bancos, de los clientes, de las asociaciones y de los representantes de los actores públicos locales— puesto que debe estar sometido a las normas de un servicio público y los ingresos que su actividad genera deben ser utilizados para el bien común. (...)" (Eric Toussaint , CADTM , El Salto, 26/03/19)

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